George Soros, el fantasma de la corrupción y el negocio de la antipolítica

19 abril 2016 | Categorías: Internacional, Opinió | 507 lecturas |

Rubén Juste de AncosCTXT

Nos movemos en un momento extremadamente convulso, con múltiples fenómenos que se superponen: una tendencia imparable a la concentración de la renta, un aumento de los conflictos bélicos, el ahogamiento de las clases medias, un estado de recortes indefinido; mientras, en dirección contraria, aumenta el capital y proporción de las clases propietarias y, junto a estas, un poder oscuro, difundido en órganos no elegidos por los ciudadanos, muchos de ellos ni conocidos. Alrededor de ambos procesos, surge con fuerza una nueva concepción de la política, del Estado, impulsada por el fantasma de la corrupción entre políticos, que erosiona cada vez más las democracias. Una concepción en la cual muchos están interesados.

La concentración de poder hace de nuestra época un momento único en la historia. Según el estudio de Pappi y Thurner (2009) sobre las reuniones interministeriales de la Unión Europea, son los encuentros de cuadros intermedios de burócratas –y no de ministros– los que se deciden un mayor número de medidas que afectan a los países miembros. La opacidad rodea estas reuniones, ya que no existe información pública de las mismas. Algo parecido a lo que sucede con las citas del Eurogrupo, denunciadas por Varoufakis por la falta de transparencia y de normas que lo regulen. No obstante, lo relevante de las citas interministeriales de cuadros burócratas de ministerios como el de Economía recae en la mayor interconexión de estos con los grupos de presión empresariales, ya sea por número de reuniones o de puertas giratorias.

Paralelamente al ascenso de esta forma de organización política, se está radicalizando la concentración de capital, como subraya el economista Thomas Piketty: “La desigualdad de la riqueza mundial a principios del año 2010 parece ser comparable en magnitud a la observada en Europa en el periodo de 1900-1910. Una milésima parte superior parece ser dueña de casi el 20 por ciento del total de la riqueza mundial”. Unos ingredientes para un cóctel de explosión social evidente, y un momento propicio para buscar culpables.

Warren Baffet lo tiene claro: “Estamos en una guerra de clases, pero es mi clase, la clase rica, la que está haciendo la guerra, y la estamos ganando”. Buffet es propietario del mayor fondo de inversión individual, Hathaway Berkshire, accionista en las principales empresas norteamericanas, y recientemente propietario de la aseguradora española VidaCaixa.

No obstante, para el conjunto de los mortales, buscar causas y culpables a nuestra vulnerabilidad se hace cada vez más complicado. Para enfrentarnos a este miedo (el “no ser nada”), es cada vez más común acudir a teorías conspirativas sobre el poder (iluminati, reptilianos, masones) o al nihilismo más radical (teorías espirituales, ecoindividualismo). En ello, mucho tiene responsabilidad la caída de dos de las grandes certezas del siglo XX: el marxismo y el cristianismo. Estas eran dos cosmovisiones que permitían entender la riqueza y la pobreza de una manera global, sin perderse en particularismos. Eran las dos grandes teorías del siglo XX: la primera permitía entender el momento actual por la tendencia a la concentración y centralización del capital, mientras el cristianismo reforzaba la posición del pobre, y situaba al rico dentro de una tendencia individual al pecado, a la avaricia (“Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aunque alguien posea abundantes riquezas, éstas no le garantizan la vida”, Lucas, 12, 21). Ambas, además, permitían afrontar el problema, ya fuera con resignación cristiana o por la toma del poder de las clases subalternas.

A la amalgama de conspiranoias y huidas individuales, se extiende cada vez con más fuerza una idea del poder, de la desigualdad, cuyos efectos pueden ser contradictorios: es la antipolítica. Una cosmovisión muy propia de los años veinte del siglo XX, asociado a un concepto, la corrupción, un término vacío que puede ser completado con múltiples significantes. De hecho reto al lector a que haga un ejercicio, y nombre una serie de palabras asociadas al término “corrupción”. Seguramente les salga: políticos, Estado, partidos, impunidad. Y muy probable no salga en ningún caso: grandes bancos, concentración de capital, monopolios, clases propietarias o grandes empresas. Y sin embargo, en los años cuarenta y cincuenta, después de la II Guerra Mundial, eran términos de uso común en Gran Bretaña, o en EEEUU. No tenemos más que leer los discursos de Dwight D. Eisenhower, Franklin D. Roosevelt o Clement Atlee, así como las políticas antimonopolistas aplicadas por los mismos.

En España, el culpable de la situación actual de prolongada recesión tiende a situarse en un campo similar: los partidos y su relación con el enriquecimiento, especialmente el Partido Popular, pero también Podemos y su enriquecimiento con Irán, o Íñigo y su beca en la Universidad de Málaga. Es decir, los problemas se gestan en la política y quedan encerrados allí. Entre las consecuencias de extender esta noción de una política corrupta, está aquella que subrayó Manuel Vázquez Montalbán: “Instalar la conciencia social española en la fatalidad de que la corrupción ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma, abre una caja de pandora de la que puede salir el fascismo o el cinismo”.

Por otra parte, un estado de corrupción tiene unos beneficiados, que quedan muy lejos de los focos mediáticos. Actores que participan como jueces y parte dentro de la lucha contra la corrupción, y tras el cual se benefician de la retirada de los afectados, políticos miembros de todos los partidos. Entre ellos, destacan fundaciones y empresas interesadas en un Estado débil. En España, el papel más evidente es el de Manos Limpias, un sindicato de funcionarios, muy cuestionado por el origen opaco de sus fondos. Este sindicato está presente como acusación en decenas de casos como Bárcenas, Neymar, Miguel Blesa, el pequeño Nicolás, las pitadas en la final de la Copa del Rey, Interligare, la financiación de Podemos, Pujol, Gowex, el marido de Manuela Carmena o el mediático caso Noos. Su interés va más allá de la justicia, ya que han avalado una candidatura política: el partido ultra Plataforma X la Libertad. En la actualidad está siendo investigada por la Audiencia Nacional formar parte de un entramado de extorsión junto a Ausbanc.

Soros y la OSF

Globalmente, hay varias fundaciones que cumplen el papel de Manos Limpias. Una de las más populares es la Open Society Foundation (OSF), un entramado de fundaciones presidida por el multimillonario George Soros, que financia entre otros del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), coordinador en la investigación de los papeles de Panamá, o a la Fundación Ciudadana Civio en España, colaboradora de eldiario.es, y que publica las páginas Quienmanda.org o el boenuestrodecadadia.org. La labor de Civio va dirigida a “que exista una transparencia real y un libre acceso a los datos públicos por parte de cualquier ciudadano u organización”.  Tanto en la publicidad que emite  Civio, como en la que exhibe el Consorcio (ICJ), se da especial relevancia a la transparencia en la política. En el caso de la ICJ, se destaca esta importancia titulando los papeles filtrados como “políticos, criminales, y una industria pícara que esconde su dinero“. En los papeles de Panamá aparecen 140 políticos de 50 países. Entre ellos, por la relevancia del dinero defraudado, destacan los gobiernos de China, Rusia o Venezuela, Brasil, Irán, Siria, Arabia Saudí.

Junto a estos proyectos, el millonario Soros también tiene intereses económicos en España, ausentes en la información que publica Civio. Ya tiene en su propiedad la inmobiliaria Hispania (es el primer accionista, con el 16,9%), beneficiada junto a Goldman Sachs con la venta de 2.935 pisos del IVIMA, operación hoy investigada por el Juzgado 48 de Madrid. Esta inmobiliaria ha cuadriplicado su beneficio en 2016, hasta los 73,4 millones de euros.

El inversor húngaro también ha entrado en el accionariado de FCC, y hubiera sido dueño de esta y de la inmobiliaria Realia si no se hubiera adelantado Carlos Slim. Durante los últimos dos años ha adquirido importantes paquetes de acciones en Bankia (1%), Iberdrola, Santander, Liberbank o Endesa (1,5%). En total, tiene invertidos 1.000 millones en España. En 2014, el fondo de inversión Quantum Endowment de Soros fue declarado el más rentable de la historia, con un beneficio de 29.050 millones de euros, y el más rentable en un año, con 4.000 millones de euros de beneficios en 2013.

Su fundación, la Open Society, es muy activa en diversos campos. Desde procesos políticos, como el cambio de gobierno en Ucrania en 2014, donde la Renaissance Foundation de Soros estuvo, según su director, “en el corazón de la revuelta por una sociedad abierta en Ucrania”. Otro de los campos es el de promoción de medios de comunicación independientes: por un lado, elaborando informes sobre la libertad de prensa en diferentes países, y por otro financiando diversos proyectos, como sucede con el Consocio Internacional de Periodismo de Investigación y otros.

Con este objetivo, promueve foros y genera vínculos entre medios. A uno de los últimos asistió El Confidencial a primeros de abril, como parte de los medios de comunicación involucrados en la filtración de los Papeles de Panamá. Un encuentro celebrado en Ankara y organizado por la OSF sobre libertad de expresión y medios independientes. El director de El Confidencial narraba la labor de OSF de Soros financiando medios, en los cuales valora “la capacidad de dicho medio para impactar en la sociedad, es decir, de influenciar para cambiar el mundo”.

Negocios y fundación

Muchas veces sus negocios y la propia fundación se mezclan. Como parte de su labor de supervisión y creación de informes sobre libertad de prensa, en 2005, la fundación elaboraba un informe titulado “Abuso de Publicidad Oficial y Otras Restricciones a la Libertad de Expresión en Argentina”. Este informe ha sido seguido por otros que denunciaban el control del gobierno sobre los medios. Mientras tanto, los negocios de Soros son abundantes en Argentina: desde 1997 tiene 400.000 hectáreas de tierras, siendo desde entonces el mayor terrateniente del país. Tiene también el 3,5% de la petrolera YPF y la empresa agrolimentaria Adecco Agro, que posee el 25% de la producción del país. Soros y su fondo Quantum también tienen intereses en la deuda argentina, lo que les llevó en 2014 a acudir a la justicia británica para poder cobrar un vencimiento de los bonos por cerca de 257 millones de dólares, bloqueados por la disputa entre el gobierno de Kirchner y los fondos buitres. En total, los fondos tienen bonos argentinos por un valor de 1.600 millones de dólares.

Su labor también abarca el pensamiento y la generación de conocimiento. En el campo científico, ha fundado Universidad Central Europea, unas de las más ricas de Europa, con 840 millones de dólares de presupuesto. La universidad está especializada en el campo de ciencias sociales, en especial, en relaciones internacionales, periodismo y economía.

El inversor húngaro que sobrevivió al Holocausto es una de las voces del campo económico que más ha intervenido en el drama de los refugiados, con una postura muy similar a la que ha articulado la Unión Europea. Así, en una entrevista a la revista alemana Wirtschaftswoche, aseguraba que era necesario “un gobierno efectivo sobre los flujos de solicitantes de asilo a fin de que se lleven a cabo de una manera segura, ordenada y a un ritmo que refleje la capacidad de Europa para absorberlos. Para ser completo, el plan tiene que extenderse más allá de las fronteras de Europa”. De este modo, decía, “es menos perjudicial y mucho menos costoso para los futuros solicitantes de asilo permanecer o estar cerca de su ubicación actual”.

La fundación de Soros ha manejado un monto de 13.000 millones de dólares desde su nacimiento en 1979. El objetivo de su fundación, según su página web, es “construir una vibrante y tolerante sociedad, con gobiernos vigilados y abiertos a la participación de la gente”.

Estos datos no tratan de desvirtuar los aspectos positivos de la revelación de datos que han supuesto los Panamá Papers. Pero sí apuntan a la necesidad de ser especialmente cuidadosos, dado el momento de especial fragilidad de nuestras democracias. Vivimos una época de conflictos de intereses cada vez más grandes, donde los poderes económicos condicionan la información y la agenda al mismo tiempo que extienden sus intereses en perjuicio de unos Estados cada vez más débiles. Como advertía Vázquez Montalbán en 1990 a propósito de las filtraciones del caso Banesto: “En una democracia sana, estos asuntos no deberían salir como consecuencia de disputas entre banqueros”.

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