El modelo turístico ahoga Baleares

2 agosto 2016 | Categorías: Estatal, Opinió, Portada | 785 lecturas |

Pablo RivasDiagonal

El monocultivo turístico-inmobiliario continúa afianzándose mientras se superan nuevos récords de afluencia de viajeros.

Crucero atracado en el puerto de Palma. / SHEMSU HOR
Crucero atracado en el puerto de Palma. / SHEMSU HOR

 

Un ‘paraíso’ turístico de lujo, con capacidad para 4.000 personas, puerto deportivo y casino incluidos. Era el proyecto del grupo financiero catalán Patrimonial Mediterránea para la práctica totalidad de Sa Dragonera, un islote en la costa oeste de Mallorca. Corría el año 1977, el tsunami turístico urbanizador estaba en su apogeo y las administraciones dieron luz verde a las obras. Sin embargo, nadie contaba con que un grupo de activistas ocuparía la isla, en lo que fue la primera gran acción directa en defensa del territorio balear, y desataría una tormenta de indignación que establecería las bases para que, veinte años después, el islote fuese declarado parque nacional.

Sa Dragonera se salvó. También su hermana algo mayor, Cabrera, además de otros islotes del archipiélago balear. El resto, las cuatro islas mayores, no. “Las Baleares son un hotel, y tenemos colgado el cartel de overbooking”, simplifica el doctor en geografía y profesor de la Universitat de les Illes Balears (UIB) Ivan Murray, autor deCapitalismo y turismo en España, del “milagro económico” a la “gran crisis”. Joan Lluís Ferrer, periodista y autor de Ibiza: la destrucción del paraíso, va más allá: “Estamos iniciando la fase final del colapso, y éste se agrava de tal forma que podría quedar un lugar inhabitable en cuestión de 5 o 10 años”.

Lejos de la búsqueda de un modelo que no dependa del capital turístico y que continúa fomentando la sobreexplotación del archipiélago, Balears va camino de registrar un nuevo récord de afluencia de turistas: en 2016 podría llegar a 14 millones.

“La crisis era una oportunidad para repensar el modelo, pero se ha hecho un refuerzo del mismo”

La sobrecarga de las infraestructuras y de las capacidades naturales de las islas, tras más de medio siglo de construcción y desarrollo turístico, ha provocado la aparición de una serie de problemáticas que, lejos de solucionarse, continúan agravándose. Tal como expone la portavoz del Grup Balear d’Ornitologia i Defensa de la Naturalesa (GOB), Margalida Ramis, a pesar de la alarma, hoy se sigue celebrando la consecución de nuevos récords “e incluso se está pensando en favorecer nuevos crecimientos que se escudan en cuestiones de turismo sostenible”.

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Ivan Murray.

 

Este grupo ecologista, máximo exponente de la resistencia al modelo de crecimiento turístico continuo en la región, apunta como principales amenazas para la biodiversidad y el modelo de vida de la población local la desestacionalización, que aumenta cada vez más la temporada; la disminución de las barreras a la construcción y a la explotación del negocio vacacional y la ampliación de plazas turísticas. “La crisis era una oportunidad para repensar el modelo, pero lo que ha hecho es un refuerzo del mismo con toda una serie de cambios legislativos para bajar las barreras de protección que se habían conseguido durante décadas y poder así embestir el territorio con grandes proyectos”.

“En los años de la crisis se ha construido toda una serie de infraestructuras invisibles, cambios normativos, que permiten adecuar el suelo para un futuro boom que no tendrá ningún tipo de restricción a no ser que se ponga las pilas el Gobierno actual”, resalta Murray.

Los cambios a los que se refiere fueron realizados durante la anterior legislatura, liderada por el popular José Ramón Bauzá y capitaneados, en gran parte, por un empresario agrario y constructor que entre 2011 y 2015 gestionó la macroconselleria de Agricultura, Medio Ambiente y Territorio: Gabriel Company. “Lanzó una macroley agraria y otra paralela de fomento del urbanismo sostenible para levantar las restricciones de edificación en suelo rústico y promover su conversión en espacio turístico. Los espacios de clara vocación agrícola se ponían a disposición del capital turístico”, explica el profesor.

Ramis añade que “se permiten nuevas infraestructuras con la excusa de que son actividades complementarias a la actividad agraria”.

Agencia de Turismo balear e Ivan Murray.
Agencia de Turismo balear e Ivan Murray.

 

La nueva ley turística, unida a otras como la ley del suelo, va en la misma dirección, con toda una serie de disposiciones que flexibilizan el marco legal y fomentan la inversión turística, lo que provoca que proyectos como el resort de lujo que Hyatt Hotels Corporation ha anunciado recientemente en Canyamel, en Mallorca, reciban el beneplácito de las instituciones “saltándose todos los impedimentos a la inversión que supuestamente implican las evaluaciones de impacto ambiental”, según remarca Murray. La conclusión la destaca Ferrer tajante: “Ahora mismo los planteamientos urbanísticos siguen permitiendo crecimiento urbanístico en la costa. Esto es así”.

Poderes fácticos

El poder de los lobbies hotelero e inmobiliario sigue en auge. A ejemplos como el de Company se le suman otros como el del exministro Abel Matutes en Ibiza y su imperio turístico. Los tentáculos de grupos como Melià, Riu o Barceló llegan del Caribe a Indonesia, pasando por Sri Lanka o Cabo Verde. “Estos grupos han marcado las políticas públicas de Balears, sobre todo desde la democracia”, apunta Murray, “junto a los grandes touroperadores”.

La ecotasa de 2002 es un ejemplo de su capacidad de incidencia política. “Lo que pasó es que, sencillamente, no fue adelante porque los hoteleros no quisieron”, afirma Ferrer. El impuesto, de vocación ecológica y de 1 euro por noche para los turistas, fue suprimido en 2003 tras dos veranos de aplicación.

Ahora, el nuevo Govern ha aprobado una nueva ecotasa –esta vez Impuesto de Turismo Sostenible– que no ha dejado satisfechos ni a hoteleros, muy críticos, ni a ecologistas. “Es una segunda versión muy light de lo que debería haber sido, que es un impuesto con vocación ecológica y finalista que se destinase a mitigar el impacto de la actividad turística sobre el patrimonio natural y cultural de la islas. Se ha hecho un impuesto que revierte sobre el sector hotelero”, denuncia la portavoz del GOB.

Menorca no es Ibiza

A pesar de que las cuatro islas caminan hacia el mismo modelo, las diferencias son notables. Las Pitiüses –Ibiza y Formentera– son el máximo ejemplo de sobresaturación. Ibiza recibió 2,7 millones de turistas en 2014, veinte veces su población, y Formentera, con 11.500 habitantes, acoge a 1,2 millones de viajeros al año.

Embarcaciones de recreo fondeadas en el Parque Natural de Ses Salines, en Formentera. / Guillem Romaní
Embarcaciones de recreo fondeadas en el Parque Natural de Ses Salines, en Formentera. / Guillem Romaní

 

“El máximo exponente del colapso es Ibiza. Formentera tiene matices, porque no hay esa planificación de macrourbanizaciones”, declara Ferrer. “La tragedia de Formentera es la urbanización difusa, casa a casa, porque en una isla tan pequeña cuatro o cinco casas equivalen a una urbanización”. Ni siquiera el gobierno progresista de la isla –de Gent x Formentera– ha paralizado la construcción, permitiendo obras en Áreas Naturales de Especial Interés.

La isla de Ibiza recibió  2,7 millones de turistas en el año 2014, veinte veces su población

Para el profesor de la UIB, las cuatro islas comparten las mismas lógicas y avanzan hacia el mismo modelo, con diferentes ritmos, siendo el menorquín el más lento. Es una visión que comparte Ramis: “En Ibiza, el GEN-GOB [principal grupo ecologista] acude constantemente a los tribunales porque allí las políticas de protección nunca tienen prioridad. Y luego está Mallorca, en un término medio, avanzando hacia Ibiza cuando debería ir hacia Menorca”.

El desarrollo turístico de esta última comenzó más tarde que en las anteriores, con una economía históricamente diversificada con gran importancia de los sectores secundario, agrario y ganadero. “Menorca es hacia donde deberíamos ir, pero avanzamos todos hacia Ibiza, incluida Menorca”, sentencia la ecologista.

La zona de Magaluf, en Mallorca. / Eric Borda
La zona de Magaluf, en Mallorca. / Eric Borda

 

Por ello, desde el GOB abogan por una respuesta que implique no sólo la política turística, sino toda una transformación social de los modelos económico, agrario, fiscal, medioambiental y de vivienda, empezando por la limitación y el decrecimiento del número de plazas turísticas. “La ley agraria debe ser agraria, no urbanística,tiene que haber una política de recuperación de las industrias de siempre, de promoción del producto local, de hacer competentes los negocios e industrias de aquí frente al mercado internacional y globalizado”.

Ferrer y Murray, en la misma dirección, utilizan la misma frase cuando se les pregunta sobre cómo revertir la situación: “Hay que parar”. Mientras que el primero ve fundamental el crecimiento cero como primer paso, el segundo aporta como algo tangible y sin necesidad de inversiones la alteración de las reglas del juego por parte de las instituciones, “unas reglas que hoy permiten lanzar más leña al fuego”.

Además, el profesor remarca que un impuesto como la ecotasa “debería alimentar un fondo para una transición socioeconómica del archipiélago”, mientras la sociedad “se va empoderando”. Y es que la fuerte contestación de los grupos ecologistas ligados a la tierra ha sido, para él, fundamental en el freno al desarrollo turístico-inmobiliario. “Si lo miras en perspectiva, éste se ha ido conteniendo, aunque no se ha conseguido cambiar las lógicas y, en el momento de la crisis, los movimientos han bajado la guardia, lo que fue utilizado muy astutamente por las élites”.

Está por ver si otro verano de atascos en el paraíso y playas atestadas contribuyen a unas Balears del futuro distintas. El nuevo gobierno del PSOE, apoyado por Podemos y MÉS, deberá cambiar todo un ordenamiento legislativo si quiere revertir la tendencia. Sin embargo, no todo se juega en la política local. Como apunta Ferrer, “el modelo productivo ya no depende de lo que quieran las autoridades y los residentes de Balears, sino de Europa y lo que allí se firme”. Y recuerda la directiva Bolkestein y la política económica de libertad de establecimiento y libre circulación de servicios en la UE. “Estamos sufriendo las consecuencias generalizadas de todo eso y si aquí se implantan las grandes superficies de forma generalizada es debido a ello. No quiero imaginar qué pasará si sale adelante algo como el TTIP. Será la culminación del desmadre total en el que las grandes corporaciones harán, literalmente, lo que quieran”.

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