Una propuesta sobre el déficit en la caja de las pensiones

12 diciembre 2016 | Categorías: Estatal, Opinió, Serveis Públics | 585 lecturas |

Albino Prada – Comisión JUFFIGLO ATTAC España

Este año las previsiones de la AIReF apuntan a un déficit de la Seguridad Social cercano al dos por ciento al que deben agregarse las disposiciones del Fondo de Reserva. En conjunto más de un tres por ciento del PIB (unos treinta mil millones), cifra claramente insostenible que obligará a tomar nuevas medidas sobre los gastos del sistema.

Analizamos aquí si hay otra vía alternativa para reequilibrar el sistema ampliando y matizando una propuesta que ya se adelantó días pasados en nuestra web (aquí)

Sostendré aquí que de no tomar medidas de reforma por el lado de los ingresos (cotizaciones) a la Seguridad Social se hará inevitable el plantear prolongar la vida laboral de los trabajadores hacia los setenta años y/o, simultáneamente, reducir la pensión inicial y sus posteriores revalorizaciones. Es decir, continuar aplicando las medidas de las últimas reformas.

Son medidas que, a la vista está, no solucionan de raíz el problema financiero y, lo que es peor, dificultan la entrada de la población más joven en el mercado laboral (cuando tenemos la mayor tasa de paro juvenil de Europa) y suponen agravar el riesgo de pobreza de la población que se va jubilando.

Para plantearse una reforma por el lado de los ingresos debemos partir de cual sea la situación actual. Para ello utilizamos datos de la Contabilidad Nacional de España y de las Cuentas de la Seguridad Social del Ministerio de Empleo para el año 2013 que es último en el que todos los datos necesarios para nuestros cálculos y simulaciones están disponibles.

En un primer gráfico presentamos la situación simplificada del sistema español de Seguridad Social en 2013. Tomamos como índice de referencia 100 el volumen de todas las prestaciones económicas (se excluyen los gastos de gestión y otros gastos) que aquel año ascendieron a cerca de 117.000 millones de euros.

Fuente: elaboración propia con datos del INE y Seguridad Social

Respecto a las necesidades de gasto el sistema tenía un déficit de unos treinta y cuatro mil millones ya que el conjunto de las cotizaciones solo recaudaban 87 de cada 100 euros de gasto. En el gráfico aparecen desagregadas en sus dos componentes: las cotizaciones de los trabajadores y de los empleadores. Como se observa la importancia de las segundas es muy superior a las primeras (casi el triple).

Pero es muy importante señalar, para lo que aquí se va a simular, que ambas se calculan como un porcentaje sobre los salarios. Ya sean los percibidos por cada trabajador, ya sea la suma de todos los salarios pagados por la empresa. Con una excepción: los porcentajes no se aplican a partir de un tope salarial (actualmente 3.600 euros mensuales). Las cotizaciones son de hecho en la actualidad un impuesto sobre los salarios. Un impuesto regresivo puesto que no recauda nada más a partir de ese tope salarial.

Ya en el año 2009 un informe del Banco de España sostenía que “la supresión de los topes de cotización convertiría al impuesto en proporcional y eliminaría su actual regresividad, reduciendo las distorsiones que genera sobre el mercado de trabajo”. Recientemente el sindicato Comisiones Obreras planteó esta reforma estimando que con ello se conseguiría una recaudación suplementaria de siete mil quinientos millones.

En un segundo gráfico presentamos nuestra simulación de un cambio de modelo, de entrada con esta supresión de los topes de cotización de los mayores salarios con respecto a los gastos soportados en el año 2013. Como se observa se mantiene constante la carga de cotizaciones de los trabajadores por debajo de dicho tope.

Fuente: elaboración propia con datos del INE y Seguridad Social

El cambio más relevante del modelo, como bien se observa, se produce en las cotizaciones de los empleadores que pasan de un 62,8% de los gastos a un 87,5% (de 73.000 millones a 102.000 millones). ¿Cómo se ha conseguido este importante incremento de ingresos?: haciendo que las cotizaciones empresariales dejen de ser un mero impuesto sobre los salarios abonados y tengan en cuenta el resto del valor añadido por las empresas (los excedentes y otras rentas empresariales para nuestra Contabilidad Nacional).

Se pasaría de gravar solo los salarios (actualmente con una media del 20%) a hacerlo sobre los salarios en menor medida, pero también sobre el resto del valor añadido por la empresa. La parte de los salarios aportaría un 15% -un 5% menos- y el resto del valor añadido un 10%. De esta manera se penalizaría menos el empleo en aquellas actividades que son intensivas en el mismo (un ejemplo, aunque no el más potente, sería en automoción) y no se favorecería un regalo fiscal a aquellas actividades que generan mucho valor añadido con muy poco empleo (por ejemplo el sector eléctrico).

Un tal cambio de modelo favorecería la creación de empleo y haría que, metafóricamente, cotizasen las máquinas. Por ejemplo cada vez que un empleado de un área de peaje es sustituido por un portal automático. O sustituido por un autoservicio en una gasolinera.

El resultado global tendría una poderosa fuerza recaudatoria ya que ahora el conjunto de los ingresos del sistema supera las prestaciones sociales. Pasamos de recaudar 87 de cada 100 euros de gasto a hacerlo por 118 de cada 100. De tener un déficit insostenible a contar con un margen financiero para dotar el Fondo de Reserva.

Para terminar no es menos importante señalar que el cambio de modelo supone un ligero incremento de las aportaciones de las empresas en relación a su valor añadido (de tres puntos porcentuales del actual 12,3% al 15,8%) como recogemos en un tercer gráfico. Pero lo hace de forma asimétrica según lo intensivas que sean en el empleo. Lo que, de paso, beneficia la competitividad exterior de las más intensivas en empleo.

Fuente: elaboración propia con datos del INE y Seguridad Social

Así una actividad que genera poco empleo y mucho VAB (electricidad) pasaría de estar en la actualidad muy alejada de la media y gozando de un auténtico regalo fiscal en este impuesto sobre los salarios (aporta un 3,9% cuando la media de las empresas lo hace en un 12,3%), a estarlo mucho más ajustada a la recaudación media (11,9 respecto a 15,8%).

Y en un sector con mayores tasas de empleo por VAB como el de la automoción la situación se invierte: ahora está aportando mucho más que la media (un 19,5% frente al 12,3%) y en nuestra simulación de cambio de modelo su aportación se habría reducido (del 19,5% al 18,7%) y su diferencial se habría reducido mucho (un 18,7% frente a un 15.8%) respecto al que tiene en la actualidad.

Sería un primer paso para continuar en esta misma dirección: hacer que las empresas aporten a la financiación de nuestra protección social un menor porcentaje sobre su masa salarial y lo hagan cada vez en mayor medida sobre el conjunto de su valor añadido. El empleo, la competitividad y la protección social saldrían ganando.

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