No Dijsselbloem! Nosotros les hemos subsidiado

29 marzo 2017 | Categorías: Opinió, Unió Europea | 526 lecturas |

Juan LabordaVox Pópuli

Me contengo, no quiero lanzar exabruptos, pero debo reconocer que a veces es difícil. Todo ello viene a colación de las declaraciones de un tipo cuyo electorado le acaba de dar un tremendo puntapié en el trasero. Sí, me refiero al “socialdemócrata” Jeroen Dijsselbloem. Sus palabras emanan racismo, complejo de inferioridad -algunos aún tienen pesadillas con el duque de Alba-, y profunda ignorancia. Básicamente son mentira. Lo más lamentable es que nuestros gobiernos, adoptando una posición de sumisión, tanto el de Zapatero como el de Rajoy, hicieron, y continúan haciendo, dejación de responsabilidad; y no defendieron, ni defienden a fecha de hoy, a sus conciudadanos. Ya saben, los patriotas de hojalata.

El Euro ha sido una coartada para proteger y favorecer a unas oligarquías europeas extractivas, incluidas las nuestras. Detrás del euro se ha producido el mayor proceso de acumulación de riqueza en pocas manos de la historia moderna europea. Y la realidad es la contraria a lo que nos quieren hacer creer. Somos nosotros, los europeos del sur, quienes les hemos sacado las castañas del fuego a los alemanes y holandeses, produciéndose un trasvase de renta del sur hacia el centro, especialmente en épocas de crisis.

Por un lado, a través de un tipo de cambio que ni por casualidad tendrían Holanda, y, mucho menos Alemania, si no existiera la Unión Monetaria. Sus monedas se revalorizarían alrededor de un 30% respecto al nivel actual del euro. Pero cuando vienen mal dadas, como en el 2008, somos nosotros quienes debemos de asumir las pérdidas de las apuestas al casino de su banca. Y ahora, cuando de nuevo vengan mal dadas, y, concretamente se aprecie el euro, en un contexto de más inflación y mayores tipos de interés, pasarán olímpicamente de sus efectos sobre nuestra balanza comercial y, sobretodo, sobre la imposibilidad de devolver nuestra deuda externa. Querrán seguir recibiendo lo suyo, cuando ya no es posible. Nos querrán dar de nuevo una patada en el trasero, salvo que de una vez por todas digamos basta, ¡game over!

El euro como coartada

El tipo en cuestión, afirmó, me imagino que bajo el efecto de ciertos efluvios tóxicos, que “en la crisis del euro, los países del Norte han mostrado su solidaridad. Pero quien exige ayuda también tiene obligaciones. No puedo gastarme todo mi dinero en licor y mujeres y a continuación pedir ayuda…”. ¡No, Jeroen Dijsselbloem!, el euro desde sus orígenes está mal diseñado y ha supuesto un trasvase masivo de rentas del sur al centro de Europa, sin ninguna compensación a cambio, salvo unos fondos europeos que sirvieron de coartada para desmantelar nuestro tejido productivo, perder la propiedad de nuestra industria y engordar ciertas cuentas corrientes. Pero además hay dos fechas recientes para no olvidar. 2002, donde hubo un rescate a Alemania por parte del sur de Europa. 2010, cuando se nos obligó a recoger en nuestra Constitución que, por encima de las prioridades y necesidades de los españoles, lo primero de todo es pagar nuestras deudas, aunque fuera responsabilidad de nuestros acreedores el no haber hecho un correcto análisis de riesgos.

La Unión Monetaria Europea (UME) es un sistema defectuoso desde sus orígenes. Se hizo caso omiso de los informes precedentes (Werner, 1970; MacDougall, 1977) donde se avisaba de la necesidad de una instancia fiscal federal y de los peligros de dejar todo en manos de una Banco Central, como una parte no constituyente del gobierno, y de establecer, en este contexto, unos tipos de cambio fijos entre los estados miembros. Y de aquellos barros estos lodos. Pero vayamos por partes.

Alemania jugó con sus socios europeos antes de la creación de la Unión Monetaria (a través de la manipulación del tipo de cambio) y siguió haciéndolo después de la introducción del euro. Una vez establecida la Unión Monetaria, Alemania, al darse cuenta de que ya no podía manipular el tipo de cambio, se esforzó por mejorar su competitividad mediante una devaluación interna controlada. Mientras que atornillaba a los trabajadores alemanes, también colocaba a sus socios en una posición difícil. Alemania violó el Pacto de Estabilidad y Crecimiento en 2003, forzando un cambio de normas, y luego ha estado violando sistemáticamente, desde 2011, los límites de excedente externo, quedando absolutamente impune. Por el contrario no para de exigir austeridad y devaluación salarial al resto de países, empobreciéndolos de manera sistemática, cuando si estuvieran fuera del euro el mecanismo de ajuste menos traumático sería una depreciación de sus divisas.

Ingratitud y cobardía

Pero además, los “ordoliberales” son ingratos. Tal como demostró el economista jefe de Nomura, Richard Koo, en una nota bajo el sugerente título “The entire crisis in Europe started with a big ECB bailout of Germany”, el denominado “problema de competitividad” de los países del sur de Europa fue consecuencia de una política monetaria excesivamente expansiva del BCE, tras el pinchazo de la burbuja tecnológica a principios de los 2000. Ésta tenía como objetivo último estimular la economía con el fin de que Alemania no tuviera que expandir su crecimiento vía política fiscal. Sin embargo el impacto sobre la demanda interna de Alemania fue nulo, al encontrarse en recesión de balances. Por el contrario aceleró e infló hasta límites insospechados las burbujas en la periferia, especialmente la inmobiliaria, lo que impulsó las importaciones alemanas, rescatando al país teutón de los miedos provocados por el estallido de la burbuja tecnológica, de la que apenas se beneficiaron los países europeos del sur. Y de todos esos barros, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, la crisis sistémica, la cobardía de nuestros políticos y el empobrecimiento masivo del españolito medio.

La balanza comercial en los siguientes años

Y, a partir de ahora, ¿qué? Algunos economistas se han preocupado por el déficit comercial de enero de este año. Aunque no es un buen dato, si descontamos el efecto del saldo energético la situación no es tan dramática, ya que el déficit del saldo no energético fue inferior al de enero de 2016. El tipo de cambio efectivo real para la economía española ha ido cayendo en los últimos años, es decir, ha mejorado nuestra competitividad, como consecuencia de la depreciación del euro (olvídense de la devaluación salarial cuyo efecto en nuestro sector exterior es muy limitado) y su impacto en nuestro sector exterior ha sido muy positivo, y ya no digamos en países como Alemania cuyos superávits por cuenta corriente son indecentes.

Pero la situación en los Estados Unidos es la contraria, es decir, si deducimos el saldo energético el deterioro de la balanza comercial estadounidense se acelera hasta alcanzar niveles de 2006-2007, teniendo un impacto muy negativo en la industria yankee. Como corolario el euro se va apreciar sí o sí. Se dará exactamente la situación contraria a la que hemos tenido los últimos años. Se apreciará el Euro en un contexto de más inflación y tipos de interés más altos, de manera que, con unas tasas de expansión de la inversión privada muy bajas, nuestro sector exterior nos generará problemas por todos los lados, tanto en la balanza comercial como en la financiación de nuestra deuda exterior. Entonces, ¿qué nos dirán los “solidarios” alemanes y holandeses? ¡Piensen lo mejor y prepárense para lo peor!

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