Venezuela: los argumentos de la democracia

10 mayo 2017 | Categorías: Amèrica Llatina, Internacional, Opinió | 308 lecturas |

Marcos Roitman Rosenmann – Consejo Científico de ATTAC España

Hannah Arendt retrató la mentira política como la negación de la verdad factual, acompañada de imaginación. El uso de la publicidad y una elaborada estrategia de propaganda masiva en la esfera sicológica se encargarían de crear estados de ánimo, emociones y sentimientos acordes con el relato fraudulento, en el que es posible dar órdenes con la seguridad de que serán obedecidas sin rechistar.

Una construcción meticulosa para torcer los hechos, fortalecer argumentos torticeros, justificar guerras, crímenes y alterar los valores democráticos se alienta como objetivo de la mentira política. Arendt respondía a las críticas recibidas por sus crónicas contra el general nazi S.S. Adolf Eichman, sentado en el banquillo por Israel en 1961. A su juicio, Eichman declaró ser víctima de un engaño, dijo no odiar a judíos, minorías étnicas, comunistas, homosexuales, etcétera. Simplemente argumentó cumplir órdenes. Arendt se preguntó cuánto de verdad tenía dicha afirmación, y fue clara. Personas normales, del montón, con falta de pensamiento, irreflexivas, pueden transformarse en criminales o ser objeto de manipulación. Bajo la fórmula genérica de banalización del mal, Eichman se trasformó, a los ojos de Arendt, en un títere.

En Venezuela la mentira política se ha construido para desestabilizar y desconocer las instituciones democráticas emergentes tras la Constitución de 1999, única aprobada por referendo. Durante más de una década, entre un golpe de Estado fallido, el sabotaje y la sedición se reditan los argumentos del anticomunismo, el odio a las clases populares y trabajadoras, teñidas de un discurso ramplón en defensa de la propiedad privada, la libertad de expresión, prensa, reunión y asociación, supuestamente amenazadas por un gobierno totalitario. Durante más de una década la oposición ha llamado al magnicidio, insultando, descalificando, mintiendo, articulando y promoviendo la violencia callejera.

La oposición, víctima de su propio engaño, cree en su mentira, la vive y la recrea a escala internacional. Nunca antes la banalización del mal había sido tan evidente, convirtiendo a hombres y mujeres comunes en asesinos de la democracia. Primero mintiendo sobre el triunfo de Hugo Chávez, luego tildando la Constitución de totalitaria, orquestando un golpe de Estado, retirándose de las elecciones, boicoteando el Poder Judicial, el Ejecutivo y el poder electoral. Sin embargo, esos hechos se niegan. Nuevamente parafraseando a Arendt, Polonia invadió Alemania y provocó la Segunda Guerra Mundial. Hitler y la Alemania nazi, sólo se defendieron.

En Venezuela todos los días vemos en los medios de comunicación verdades factuales, interpretadas en sentido contrario. Hombres y mujeres, dirigentes de la oposición, parlamentarios, estudiantes y sindicalistas de oposición se manifiestan en protestas, dizque pacíficas y no violentas, en las que se arrojan cocteles molotov, incendian coches, lanzan piedras, ponen barricadas, asaltan locales, se increpa al gobierno constitucional y democrático, se llama a la desobediencia civil y se desconoce el orden legítimo. Por consiguiente, lanzar objetos, desestabilizar, romper el diálogo, no aceptar negociar, ejercer la violencia y provocar terror y pánico se transforma en una acción democrática. Un sinsentido, apoyado en desconocer la verdad de facto.

Ahora, cuando el gobierno llama a una asamblea constituyente para dirimir el conflicto, recomponer la vida ciudadana, la oposición vuelve a mentir, a desconocer la verdad factual. Basten unos ejemplos. María Corina, la misma que iracundamente califica la constituyente de golpe de Estado encubierto, declaraba no hace mucho: La constituyente es la vía para que el pueblo logre el cambio de régimen, nuevas instituciones y la reconciliación del país. Igualmente, Leopoldo López, adalid de la democracia y férreo opositor a la propuesta, sentenciaba: La constituyente nos permite elegir un nuevo CNE, fiscal, contralor, defensor del pueblo, Asamblea Nacional y Presidente de la República. Por otro lado, Freddy Guevara, dirigente de Voluntad Popular, diputado en la Asamblea Nacional, unos de los instigadores de las protestas callejeras, espetaba: Habrá que hacer una constituyente para poder cambiar a todos los poderes públicos. Ya no hay otra. Y el inefable Henrique Capriles, del partido Primero Justicia, ex candidato a presidente por la MUD, llegó a decir que el pueblo debía salir a la calle a pedir una asamblea constituyente.

¿Por qué ahora no y antes sí? Ocurre que la oposición se ha quedado sin argumentos, ha perdido el norte. No quiere una salida democrática, no acepta una constituyente, en la cual, presa de sus mentiras, quede al descubierto y sufra una derrota política. ¿Qué miedo tiene si se considera portavoz de la mayoría social? Si está segura de ganar, ¿qué la retiene?

Siguen manipulando al señalar que se trata de un golpe de Estado y que los constituyentes no son elegidos. Mienten y lo saben. El proceso constituyente está definido en la Constitución, no hay engaño posible. La asamblea sigue en funciones, no se disuelve. En este sentido, el Ejecutivo ha puesto sobre la mesa nueve puntos sobre los cuales se articule la constituyente 1) una constituyente para la paz. 2) Por un nuevo sistema económico pospetrolero, y un nuevo modelo económico. 3) Profundizar el Estado del bienestar, dar rango constitucional a las misiones. 4) Potenciar el funcionamiento del sistema de justicia y protección del pueblo. Guerra contra la impunidad, mejora del sistema penitenciario, lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. 5) Impulsar nuevas formas de democracia participativa y protagónica. 6) Política exterior soberana 7) Identidad cultural, hacia una nueva venezolanidad y diversidad cultural. 8) Garantías de derechos sociales, culturales, educativos y tecnológicos de la juventud. 9) Garantizar y preservar la vida.

La oposición, la MUD y sus aliados internacionales se han decantado por el asesinato y la mentira. No tienen proyecto para Venezuela. Sólo les mueve el odio, el profundo desprecio hacia las instituciones democráticas y al pueblo venezolano. Si realmente les preocupara la vida de sus conciudadanos no tendrían las manos manchadas de sangre, lucharían por direccionar la constituyente hacia sus objetivos para ganar en las urnas. ¿Qué enunciados representan un obstáculo para la oposición y un problema para el futuro democrático de Venezuela? La oposición no tiene respuesta, prefiere seguir en la escalada de la violencia y la sedición.

Publicado en La Jornada

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