Cataluña: la solución será democrática o no será

20 diciembre 2018 | Categorías: ATTAC Mallorca, Estatal, Moviments Socials, Portada | 391 lecturas |

En ATTAC-Mallorca, tras años viendo crecer la tensión política y social en Cataluña, consideramos necesario que los colectivos implicados en la lucha social y política tomemos postura clara por la democracia y el diálogo exigiendo a todas las partes el respeto a los principios democráticos y a la ciudadanía que es su depositaria.

Aunque sólo fuera por los lazos que nos unen con Cataluña, en aspectos históricos, culturales y lingüísticos, consideramos que sería obligado realizar un análisis propio, serio y razonado, en torno a la situación actual, así como manifestar nuestra propia postura al margen de propuestas partidistas.

Nuestro análisis se basa en principios internacionalistas y federalistas, que en otro momento deberíamos desarrollar y justificar, y que, junto con los principios democráticos y republicanos de libertad, igualdad y fraternidad, habrá que contrastar con el llamado “estado de las autonomías” y con las aspiraciones actuales de la ciudadanía en vistas a una posible revisión de nuestro marco constitucional.

Sin pretender, por tanto, un análisis exhaustivo, existen para nosotros una serie de principios en los que debería fundamentarse cualquier posición al respecto:

1. Cualquier democracia debería basarse, como premisa indiscutible, en los derechos fundamentales, en la libertad, en la justicia y en la solidaridad. Los derechos reconocidos en la Declaración Universal de DDHH y en la Constitución española deberían poder exigirse en todo lugar y en todo momento. Y en un periodo de progresivo retroceso democrático en España, y en gran parte de Europa, debido a las amenazas constantes del neoliberalismo, de la globalización y, últimamente, de la extrema derecha, reclamar nuestros derechos democráticos resulta imprescindible.

2. ATTAC Mallorca no quiere, y posiblemente no debe, definirse en torno a la independencia o no de Cataluña, pero sí tiene la obligación de reconocer su derecho a decidir democráticamente, como expresión de su libertad, en todo aquello que le concierne de forma directa, como podría hacerlo cualquier otra comunidad del Estado en virtud de su identidad como pueblo y de su voluntad de hacerlo.

3. No se puede resolver con procesos judiciales y con encarcelamientos el debate político ni el ejercicio de un derecho democrático, sea cual sea la opción que se defienda. La izquierda, incluso cualquier demócrata convencido, no puede rechazar el derecho a votar, a consultar al pueblo, a la ciudadanía, partiendo siempre de una información veraz, plural y contrastada; es algo que debería hacerse con mayor frecuencia en todos los ámbitos de la vida pública. La izquierda no puede tener miedo a los referéndums ni a los problemas de convivencia.

4. El catalanismo, el nacionalismo y el independentismo catalán no son maniobras achacables exclusivamente a los políticos catalanes de la derecha oligárquica y liberal, sino una demanda de gran parte de la sociedad catalana aunque políticos de diferente signo se hayan propuesto instrumentalizar esas aspiraciones en beneficio de sus intereses. Afirmar lo contrario significa no conocer la realidad de la sociedad catalana y querer ignorar que el nacionalismo ha sido, desde hace tiempo, un tema transversal dentro de la lucha de clases en Cataluña.

5. La deriva independentista del nacionalismo catalán en los últimos años no es la que ha “roto” la sociedad catalana. La auténtica ruptura social, lo que ha dado fuelle al independentismo como tal, son gestos como el de 2006, cuando el Tribunal Constitucional, a raíz del recurso presentado por el PP, derogó el Estatuto que había sido aprobado en referéndum y ratificado por el Parlamento de Cataluña y por el Parlamento español. En todo caso, la convivencia, o la connivencia, no se pueden imponer y el derecho a la autodeterminación es para nosotros un derecho inalienable por muy difícil que resulte, para algunos, aceptarlo.

6. La reacción del Estado español ante la situación creada en Cataluña sí que está encabezada y abanderada por la derecha más reaccionaria y conservadora (PP y Ciudadanos). Los mecanismos represivos (mordaza, antiterrorismo…), la manipulación del poder judicial (fiscales del PP), el lenguaje constantemente amenazador (artículo 155)… introducidos previamente por el PP y explotados por Cs son mecanismos que, lejos de ayudar a resolver el problema, lo que hacen es avivar el fuego y extenderlo a toda España y a todos los españoles, restringiendo derechos y aprovechando el incendio para justificar la represión de la disidencia (cantantes, humoristas, actores…) en todos los ámbitos, más allá del problema de Cataluña.

7. En este aspecto, la facilidad con la que el poder ejecutivo y legislativo practica la injerencia en la estructura del poder judicial al nombrar jueces y fiscales, y el abuso de poder de los partidos y del gobierno para presionarles, supone una falta de respeto a la división de poderes, principio del que se jactan falsamente nuestros políticos como base del estado de derecho que tan fácilmente invocan. En realidad, esto representa otra clara prueba de una democracia fallida. El hecho de que los tribunales europeos cuestionen las demandas de extradición y las tipificaciones de los delitos correspondientes debería hacernos reflexionar sobre la objetividad de nuestros jueces y, especialmente, sobre el citado abuso de poder de nuestros gobiernos sobre el poder judicial.

8. La defensa a ultranza que se hace de las leyes y de la Constitución, como axioma indiscutible, por encima de una posible voluntad popular expresada democráticamente, demuestra lo alejado que puede estar el concepto de legalidad del de legitimidad. Muy especialmente en el caso español, capaz de reformar la Constitución, absolutamente al margen de la ciudadanía, en su artículo 135 de estabilidad presupuestaria. Es una muestra más de la democracia fallida en la que estamos inmersos y de una perversión de la legalidad al servicio del poder establecido muy superior a la de otros países.

9. La reforma de la Constitución, por una vía democrática real, se convierte en una necesidad que afecta a aspectos muy diferentes. Entre otras consideraciones, hay que tener en cuenta que muchos derechos constitucionales no se han desarrollado (vivienda, alimento, trabajo, paro, pensiones…), mientras otros no reconocidos están emergiendo cada vez con más fuerza, como el de la república como forma de estado.  Las leyes deben ofrecer salidas a los problemas que surgen en la sociedad, incluso a la aspiración de autodeterminación.

10. La información sesgada y manipulada que han propagado, tanto un lado como otro, y que se ha impuesto en los medios de comunicación públicos de ámbito estatal y autonómico en torno a la situación de Cataluña no es más que un ejemplo de la manipulación general a la cual, en cualquier tema, están sometidos los ciudadanos españoles configurando y modelando el pensamiento de las personas. Su objetivo, en el caso que nos ocupa, es criminalizar actitudes y disidencias con la finalidad de crear adictos a determinadas opciones partidistas. En general, la concentración de los medios de comunicación favorece de forma exagerada un determinado punto de vista que en todo el territorio español se manifiesta como “constitucionalista” mientras en Cataluña se muestra “independentista” alimentando así el frentismo y agudizando la fractura social. No obstante, la posibilidad que tiene el ciudadano catalán de acceder a ambos puntos de vista no la tiene el resto de la ciudadanía española que sólo recibe una versión, aunque sólo sea por motivos lingüísticos.

11. Al menospreciar los aspectos emocionales que rodean el movimiento nacionalista no se tienen en cuenta todas las facetas humanas de las personas entre las cuales los sentimientos juegan un papel esencial. En este aspecto, el independentismo catalán ha ido creciendo, entre otros motivos, fruto de la globalización, del intento constante de homogeneizar, de la colonización cultural.  La deshumanización de la política y de la economía al servicio del “homo economicus” en sentido estricto fomenta una política de servidores del capital y aleja del poder al ciudadano, aspectos, ambos, propios del sistema capitalista neoliberal que estamos viviendo.

El catalanismo como sentimiento de pertenencia a una colectividad determinada, es un rasgo de identidad personal y colectiva, con historia, cultura y lengua propias, que constituyen elementos de cohesión social, un valor a reivindicar para una sociedad más justa y solidaria. Nada que ver con las connotaciones de desprecio y rechazo con las que se ha pretendido equiparar y que tienen como objetivo alimentar el frentismo, avivando el independentismo en Cataluña y un anticatalanismo mezclado con el más reaccionario nacionalismo español en el resto del Estado, siempre ambos con la intención de sacar un rédito político que aleja la posibilidad de diálogo.

El hecho de que en el problema catalán haya una componente emocional muy fuerte no quita el derecho a decidir y, contrariamente a las propuestas frentistas, nos obliga a rebajar la tensión y a racionalizar el tema.

12. La diversidad y la diferencia son valores ecológicos y sociales a reivindicar y estos valores se fomentan defendiendo, entre otras cosas, las diferentes lenguas y culturas existentes en el Estado, respetando los diferentes planteamientos respecto a la unidad territorial y denunciando el uso de símbolos nacionales institucionales, desvirtuados y excluyentes, que producen enfrentamiento y rechazo. Los argumentos y proclamas de algunos partidos a la hora de justificar el rechazo a los inmigrantes, la censura informativa, la supuesta traición que supone el diálogo, el boicot a determinados productos locales,… son fruto de una falsa e hipócrita racionalidad que debe combatirse con argumentos científicos y éticos.

Como ciudadanos cada uno de nosotros puede tomar postura frente a la independencia, pero no a cualquier precio. No deberíamos aceptar la violencia física, pero tampoco la institucional. En cambio deberíamos defender el diálogo, tanto si es fácil como si es difícil, como el camino fundamental para la convivencia democrática.

Por todo ello, consideramos que la aspiración a un mayor autogobierno, a ser reconocidos como nación, en una estructura federal o en la independencia, siempre a través de medios democráticos, es una aspiración lícita y aceptarlo es el primer paso para resolver el problema.

Si queremos democracia tenemos que aceptarla con todas sus consecuencias. La democracia no siempre es un camino de rosas.

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