Euro y soberanía

14 enero 2019 | Categorías: Internacional, Justícia Fiscal y Financiera Global, Opinió, Unió Europea | 269 lecturas |

Carlos Sánchez Mato – ATTAC Madrid 

¿Qué podemos esperar de la Unión Europea (UE)? ¿Puede reformarse para que lleve una política de colaboración entre los distintos pueblos de Europa? No, de la misma manera que no podemos reformar cada Estado capitalista que la integra para que actúe en ese mismo sentido. La UE es una prolongación de esos estados, fue construida a la medida de las necesidades del capitalismo, y esa realidad se ha ido haciendo más fuerte en las últimas décadas. La experiencia de Grecia ha sido aleccionadora: no van a permitir que ningún país se salga del guion.

Toda la estructura legal de la UE, empezando por el Banco Central Europeo (BCE), pasando por la Comisión Europea, el Consejo de Europa y terminando por el Parlamento Europeo, está hecha a la medida de las necesidades del capitalismo. Igual que la estructura de los Estados miembros está hecha a la medida, en lo fundamental, de las necesidades de sus respetivos capitalismos.

Si en Estados Unidos se está intensificando la explotación de la clase trabajadora, en Europa también se agudizará ese proceso. En China, el proletariado lleva años protagonizando luchas que le ha permitido mejorar sus condiciones laborales, pero éstas siguen siendo de una explotación más intensa que la que sufrimos en Europa. El mercado laboral mundial de mano de obra tiende a igualar a la baja las condiciones laborales.

Eso no significa que se deba renunciar a luchar por derechos y reformas en la UE. Sería tan absurdo como hacerlo dentro de un Estado nacional. Se pueden conseguir conquistas si la izquierda es capaz de movilizar a escala europea (en derechos laborales, sociales, democráticos…). Y se deben de promover, igual que se hace en cada Estado: un salario mínimo digno, reducir la jornada laboral sin disminución salarial, sanidad pública universal… El problema es alimentar las ilusiones de que es posible resolver los problemas de fondo que sufre la clase trabajadora en el seno de la UE, o en el seno de nuestros Estados.

Estamos obligados a dar una alternativa de sociedad, y a hacerlo en el plano europeo, e internacional. Regresar al redil del estado nacional, del que tampoco nunca se salió del todo, no resolverá nada. Una alternativa de izquierdas, mínimamente consecuente, confrontará contra la UE y contra los Estados nacionales, que defienden unos intereses de clase muy concretos: los de la burguesía.

El debate sobre el Euro

¿La solución está en salir del Euro? No es la forma de plantear la cuestión. Tanto seguir en el Euro como salir, será un desastre para la clase trabajadora si la izquierda, si el movimiento obrero, no es capaz de recuperarse y levantar una alternativa.

Un gobierno de izquierdas que pretendiera resolver los problemas sociales tendría que proclamar leyes que garantizaran el empleo, ingresos dignos a todas las personas, alimento, vivienda, acceso a la energía y a la movilidad, sanidad, educación… e, indisolublemente unido a ellas, la nacionalización de los sectores estratégicos, para tener un control efectivo de la economía real. Un programa que chocará desde el primer día con las grandes empresas que mandan en la economía y los Estados, y con las instituciones de la UE, empezando por las principales potencias capitalistas que la integran, Alemania y Francia. Es decir, que chocará con el capitalismo.

Por supuesto que será necesario tomar las riendas de la moneda, pero sería un error garrafal pensar que tener una moneda y un Banco Central propios supone tener el control ¡Ya lo tuvimos! La clave está en tener el dominio real de las fuerzas productivas: la capacidad de alimentar, alojar, mover, suministrar energía, curar, enseñar, construir… Y, además, haría falta un monopolio público del comercio exterior. Y eso es incompatible con que una minoría mantenga el control de la economía. Solo a partir del cambio de las relaciones de propiedad sería posible lograr un control efectivo de la moneda que, sin duda, es muy importante.

Podemos descartar que volver a la moneda nacional, bajo condiciones capitalistas, resuelva los problemas de la clase trabajadora. Sembrar esa ilusión sería engañar a la gente y preparar un desastre y se abonaría el terreno para la derecha más reaccionaria. Nuestra ruptura con la UE sólo tiene sentido como consecuencia de aplicar una política de transformación social. No serviría de nada un planteamiento del tipo: “primero salimos del Euro, luego luchamos para cambiar la sociedad”. Va todo unido: aplicamos una política socialista, y llamamos a construir una nueva Europa. Esa es la única salida, eso nos prepara para afrontar las represalias de la UE y nuestra expulsión del Euro. Por el contrario, las ideas nacionalistas nos llevarían a un callejón sin salida.

Es más, un gobierno de izquierdas tiene que plantear un llamamiento al conjunto de la clase trabajadora y de los pueblos del continente a construir una nueva Europa, socialista y democrática, basada en la cooperación y no en la competencia y la explotación. La economía actual es una realidad internacional, y no es posible una “desconexión” indefinida. Un gobierno de izquierdas afrontaría una situación muy difícil, que sólo podría tener éxito si el conjunto de la clase trabajadora es capaz de tomar las riendas de la economía de forma efectiva, y si el ejemplo se extiende por el resto del planeta, empezando por la propia Europa.

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