Nord Stream 2: EEUU rivaliza con Rusia y la Unión Europea

16 enero 2020 | Categorías: EE.UU., Internacional, Opinió, Unió Europea | 113 lecturas |

Juan Hernandez ViguerasLa Europa opaca de las finanzas

La firma por  el presidente Donald Trump de un proyecto de ley de defensa masiva el pasado 20 de diciembre, convirtió en ley las sanciones de Estados Unidos contra el gasoducto Nord Stream 2 entre Rusia y Alemania. Berlín y Bruselas han denunciado estas sanciones contra las empresas que llevan a cabo la construcción del segundo gasoducto ruso de gas natural hasta Alemania bajo el Mar Báltico, acusando al presidente Trump de imponer  ‘una intervención severa en los asuntos internos alemanes y europeos’.

Esta decisión de EEUU frente a Rusia y Alemania (Europa)  tiene un gran alcance político internacional y hasta geopolítico. Para intentar comprenderla hay que explicar las dimensiones colosales de este proyecto técnico y económico así como su alcance continental. Ya en marzo de  2018, la DW, la televisión alemana, anunciaba en un documental en español que en Europa había comenzado la final por el poder y la energía, e informaba que en los siguientes meses se decidiría en Bruselas y Berlín, en Moscú y Washington, si un consorcio empresarial europeo liderado por la compañía estatal rusa Gazprom iba a construir otro gasoducto por el fondo del Báltico.  Gazprom, propiedad mayoritaria del gobierno ruso, posee el 51 por ciento de las empresas del Nord Stream 1, con su gasoducto ya operativo, y todo Nord Stream 2 AG, el nuevo gasoducto que estará operativo próximamente.

Pero en estos tiempos las cuestiones de energía siempre se relacionan directamente con el poder y la geopolítica. Y en este caso, dada la presión de los intereses de EEUU y el giro en su política exterior respecto a Europa, se esperaba que se dejaría sentir fuertemente. Más aun teniendo en cuenta que desde su origen el proyecto Nord Stream 2 era sumamente controvertido, con partidarios y detractores que únicamente concuerdan en una cosa: que este proyecto  marcará la política energética europea de las próximas décadas y también modificará la geopolítica.

Porque es sabido que Europa es muy deficitaria  en materia de energía, y apenas dispone de gas natural. El importante campo de gas natural holandés de Groningen, está llegando al final de su vida útil, que se espera para 2022, al igual que los campos del Mar del Norte; y la energía nuclear sabemos que plantea problemas. Y junto con Rusia, los otros dos países desde los que Europa importa gas natural disponen de reservas muy inferiores a las rusas. Y la necesidad de Europa de gas natural aumentará lo suficiente como para garantizar que el gas ruso también continúe viajando a través de tuberías ucranianas. Sin embargo, desde su origen la Administración Trump mostró su firme oposición al Nord Stream 2 dada su clara voluntad de reservar el mercado europeo para las exportaciones de su propio gas natural, más caro que el ruso. Al comenzar 2020, esta oposición se ha traducido ya en sanciones económicas para las empresas que contribuyen al proyecto Nord Stream 2, que obligará a duras negociaciones, según prevén los analistas más informados. Porque hay una razón objetiva para añadir y es que el gas por oleoducto es mucho más limpio y menos dañino para el medio ambiente que la traída del gas licuado en buques metaneros gigantes desde EEUU, aparte de que el fracking es supercontaminante; y por eso quedó prohibido en la UE.

La era del gas y el problema económico político

El déficit energético de Europa es indiscutible; se ha evidenciado popularmente en la Europa central particularmente tras las oleadas de frio de algunos de los últimos años, que han traído una mayor demanda de gas natural. Y ciertamente el rápido crecimiento del consumo y producción de gas natural se debe a su mejor aprovechamiento  en la producción de electricidad; y más ecológico que la energía fósil. Este  aumento del consumo y producción de gas natural permite afirmar a los expertos que estamos inmersos en la era de este hidrocarburo, etapa intermedia entre la etapa del petróleo y la de las energías renovables. Al construir numerosas centrales de ciclos combinados de gas, las compañías eléctricas europeas dependen cada vez más del gas importado, en particular de Rusia.

En realidad el suministro de gas natural  a Europa procede básicamente de tres países Rusia, Noruega y Argelia, que es el proveedor de España. El procedimiento técnico de generación de gas natural licuado (GNL en español / LNG en siglas inglesas) le convierte a -161 º en 600 veces menos voluminoso que en su estado gaseoso, haciendo posible su transporte en grandes buques metaneros desde su origen hasta almacenamientos terminales para su distribución por tierra; o mediante gasoductos, que se financian gracias a los contratos de suministro y distribución de GNL a largo plazo asegurando precios de venta a los consumidores finales. Sin duda, el problema económico y político que se genera es la dependencia energética con respecto a las importaciones, dada la carencia europea de este tipo de energía, y simultáneamente plantea la necesidad de diversificar los proveedores mientras dure esta era del gas natural. De ahí, las rivalidades geopolíticas entre Europa, Rusia y los EEUU; y los casos de Ucrania, Polonia y demás países del Este europeo  que  han perdido importancia como proveedores y han  reducido sus ingresos por peajes del paso del gas ruso.

Los expertos resaltan la importancia del gas natural como fuente de energía hoy por hoy. Las energías renovables como la eólica y la solar son importantes, pero el gas natural llena los vacíos cuando el sol no brilla o no sopla el viento. Quemar gas natural también produce menos emisiones de dióxido de carbono que el carbón, aunque este sea más barato. De ahí que un abundante y seguro suministro de gas natural sea la mejor manera de promover más competencia y a precios de gas más baratos, subrayándose la reducción de costes que habrá de generar el nuevo gasoducto del Mar Báltico, mientras las innovaciones  tecnológicas no amplíen las fuentes de energía.

Nord Stream 2, un proyecto colosal

La infraestructura, construida bajo el mar Báltico, se espera que duplique los envíos de gas natural ruso a Alemania. El nuevo gasoducto costará más de 10.000 millones de euros y conectará la ciudad rusa de Víborg  con la de Lubmin alemana, duplicando el volumen de suministro de Nord Stream 1 Este corredor de transporte pronto podrá permitir que la mayor parte de las exportaciones de gas natural de Rusia fluya a la UE. El gas natural proveniente de Rusia que transitará por el nuevo gasoducto Nord Stream-2 conviene más a Europa por su precio que el gas licuado que quiere venderle EEUU, aunque desde el inicio hubo dos bandos: unos a favor mientras que otros se oponían por el temor de acentuar la dependencia energética de Moscú.

La ejecución del proyecto la lleva a cabo Nord Stream 2 AG, que es una compañía creada para su  construcción y operación del gaseoducto así  denominado; con sede en Zug (Suiza) y  propiedad de la empresa estatal rusa, Gazprom S.A. que es el mayor proveedor de gas natural del mundo y representa aproximadamente el 15 por ciento de la producción mundial de gas, con una tremenda experiencia como compañía global de energía dedicada a la exploración geológica, producción, transporte, almacenamiento, procesamiento y venta de gas, condensado de gas y petróleo, ventas de gas como combustible para vehículos, así como la generación y comercialización de calor y energía eléctrica. Esta empresa estatal rusa posee las mayores reservas de gas natural del mundo; y representa el 11 y el 66 por ciento de la producción de gas global y nacional correspondientemente; con  el sistema de suministro  de gas natural más grande del mundo con una longitud total de 171.200 kilómetros; del cual vende más de la mitad de su gas a los consumidores rusos y exporta gas a más de 30 países. El gasoducto  Nord Stream 2 duplicará el rendimiento de la ruta rusa directa de suministro de gas a través del Mar Báltico.

Para el proyecto referido, la compañía suiza Nord Stream 2 AG tiene acuerdos de financiación con cinco grandes empresas europeas como accionistas e inversoras que tienen una gran experiencia en el negocio de extraer gas natural, construir redes de transporte y llevar el gas de manera confiable y segura a los mercados donde se requiere.  Si bien Gazprom posee el gasoducto, la mitad de la financiación del coste de capital de unos  8.000 millones de euros proviene de cinco empresas europeas: Uniper y Wintershall de Alemania, OMV de Austria, Engie de Francia y Royal Dutch Shell.

El debate político europeo

Ciertamente, los gasoductos desencadenaron en Europa un debate político, cuyas razones resultan complejas y abarcan desde la necesidad del suministro energético de Europa a la complejidad del mercado global del gas natural pasando por la geopolítica, las relaciones entre tres bloques de poder internacional como son la UE, Rusia y EEUU; y el problema candente de Ucrania acosada por Rusia tras la ocupación por la fuerza de Crimea en 2014, una región de población mayoritariamente rusófila.

Polonia ha manifestado su rechazo al Nord Stream por boca del ex primer ministro de Polonia y actual eurodiputado, Jerzy Buzek, así como por parte deRadoslaw Sikorski, el ex ministro de defensa polaco, que comparó esta colosal obra del gasoducto con el infame Pacto de Ribbentrop-Molotov de 1939 que alió a  Hitler con Stalin, los nazis con los soviéticos. Los polacos, eslovacos y países bálticos han mostrado su oposición al gasoducto por el Mar  Báltico porque temen que esa vía preferente entre rusos y alemanes para el suministro del gas ruso, les acarre la pérdida de cientos de millones de ingresos por los  peajes del tránsito del gas desde Rusia. Ucrania se sentiría abandonada a merced de los intereses rusos, si Occidente dejara de necesitarla como un corredor energético. En la UE, los opositores al gasoducto del Báltico intentaron postergar su construcción y boicotearla con trucos legales. Por el contrario, los representantes del gobierno en Berlín y Moscú alegan que se trata de un proyecto del sector privado, que garantizará la seguridad del suministro y un precio módico del gas natural.

Respecto al problema de Ucrania, la canciller alemana Ángela Merkel ha defendido el proyecto del oleoducto por el Mar Báltico. En febrero 2019, en la Conferencia de Seguridad de Munich, se burló de las preocupaciones estadounidenses, afirmando que “una molécula rusa de gas sigue siendo una molécula rusa de gas, independientemente de si proviene de Ucrania o de debajo del Mar Báltico“. A lo que Norbert Röttgen, ministro alemán de Medioambiente apostillaba que su comentario “tiene una lógica física pero no lógica política“, ya que “mientras Rusia necesite a Ucrania como país de tránsito, tendrá influencia“. Desde Nord Stream se argumentaba que la vulnerabilidad de Ucrania es exagerada, y que la necesidad europea de gas natural aumentará lo suficiente como para garantizar que el gas ruso también continúe viajando a través de tuberías ucranianas.

Otro argumento en favor del proyecto Nord Stream 2 es la interdependencia o complementariedad entre Rusia y Europa. Partidarios del proyecto argumentan que Rusia ha sido durante mucho tiempo un proveedor confiable para Europa, que necesita la moneda fuerte y los ingresos, y que la dependencia es mutua. Las exportaciones a Europa representan la mayor parte de las ganancias de Gazprom, y son vitales para el Estado ruso. La producción de petróleo y gas representa el 40 por ciento del presupuesto de Rusia. Eso es parte de la crítica tácita del proyecto, como es su importancia para una Rusia que aún depende en gran medida de las exportaciones de energía para financiar a su gobierno (y sus ejércitos). Al aumentar las exportaciones de energía, argumentan los críticos, los gasoductos esencialmente ayudarán a estabilizar el régimen ruso.

Por lo tanto, el juego de la política y la geopolítica es una parte tan importante de la historia de Nord Stream como cualesquiera argumentos sobre economía, el cambio climático o la diversificación de los suministros de energía en Europa.Kristine Berzina, investigadora principal del German Marshall Fund en Bruselas declaraba a The New York Times que “Nord Stream es políticamente sensible porque fractura a Europa estratégicamente entre los intereses de Alemania y los intereses de todos los demás. Eso genera mucha desconfianza y tensiones con Polonia y Ucrania“.

Para EEUU los gasoductos desde Rusia cruzan líneas políticas

Ese era el título de un reportaje en The New York Times (7/10/2019) Pipelines From Russia Cross Political Lines, desde la perspectiva del otro lado del Atlántico, subrayando que Estados Unidos apuesta por la venta de su propio gas licuado en el mercado europeo; y de ahí la amenaza de sanciones, hoy confirmadas. Desde EEUU, la Administración Trump y los críticos dicen que el proyecto Nord Stream 2 hará  que Alemania será demasiado dependiente del gas natural ruso y castigaría económicamente a Ucrania, afirmando Trump  que “realmente convierte a Alemania en un rehén de Rusia”, añadiendo el senador Ted Cruz, republicano de Texas, que el gasoducto del Báltico  alentaría el “aventurerismo militar” ruso. Retórica política que esconde intereses económicos.

Asimismo, Gordon Sondland, el embajador estadounidense en la UE y multimillonario amigo personal de Trump, afirmaba que “la independencia energética para Europa siempre ha sido una gran preocupación de los Estados Unidos“. Y el Nord Stream 2, “pone demasiado control en manos rusas, y los rusos tienen un historial de uso de ese control en formas nefastas en el pasado”. Pero, al igual que Trump, Sondland también está promoviendo exportaciones a Europa de gas natural licuado estadounidense.

Los críticos, incluidos los de EEUU, que desearían vender a Europa más gas natural licuado, aseguran que no les preocupa simplemente que Alemania se vuelva demasiado dependiente del gas ruso a medida que se aleja de la energía nuclear y el carbón. También temen que la intención más grande de Rusia sea privar a Ucrania de una parte importante de los ingresos. Rusia está librando una especie de guerra en la parte oriental de Ucrania después de anexionarse Crimea en 2014.

Hay quienes piensan que “cuando ya se ha colocado tanta tubería, no está claro cuál sería el objetivo de las sanciones. Porque el proyecto está tan avanzado que gran parte de la decisión sobre las sanciones para detenerlo parecería  muy tardía“. Algo así vino a decir Norbert Röttgen, presidente del comité de relaciones exteriores del Parlamento alemán, que se había opuesto al Nord Stream 2. Peor aún, considera este ex ministro  alemán que las sanciones estadounidenses “significarían una escalada profunda con respecto a Alemania y otros países europeos, y se acercaría a una guerra comercial“. Las sanciones “serían un duro golpe para los transatlánticos“, que ya están a la defensiva. Y subrayaba que “Rusia está creando una brecha entre Alemania y sus vecinos orientales, entre Alemania y la UE, y entre Alemania y Estados Unidos“.

Alemania y la UE condenan las sanciones contra Nord Stream 2

Lo cierto es que el Senado y la Cámara de Representantes aprobaron un proyecto de ley de defensa masiva, que el presidente Donald Trump firmaba el pasado viernes 20 de diciembre, formalizando  las sanciones de Estados Unidos contra el gasoducto Nord Stream 2 entre Rusia y Alemania. El proceso en curso  de la imputación política del Presidente (impeachment) por la mayoría demócrata del Congreso frente a los republicanos, no fue obstáculo para que ambos partidos se pusieran de acuerdo sobre las sanciones contra Rusia y Alemania y, por ende, contra la Unión Europea.

Berlín y Bruselas han apresurado a  denunciar estas sanciones  contra las empresas que llevan a cabo la construcción del segundo gasoducto ruso de gas natural a Alemania bajo el Mar Báltico, acusando al presidente Trump de imponer  ‘una intervención severa en los asuntos internos alemanes y europeos’.

El ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Heiko Maas, manifestaba el rechazó las sanciones planeadas por Estados Unidos contra las compañías que trabajan en el gasoducto, lo que supone “la intervención externa y las sanciones con efectos extraterritoriales como cuestión de principios”, instando a Washington a no entrometerse en la política energética de Europa. “La política energética europea se decide en Europa, no en Estados Unidos”, afirmó el jefe de la Diplomacia de Alemania. Y la Cámara de Comercio Germano-Rusa indicó la semana pasada que el oleoducto es esencial para la seguridad energética de Europa y pidió sanciones de represalia. Es evidente que esta decisión de EEUU contra los intereses de Rusia pero también contra los intereses de Europa  tendrá un gran alcance político internacional y geopolítico.

Las sanciones se dirigen a las empresas involucradas en la construcción de un proyecto energético que supone casi 11.000 millones de dólares (9.930 millones de euros), que transportará el gas ruso hasta Alemania. El gobierno de Trump ahora tiene 60 días para identificar a las empresas y las personas que prestan servicios para la tubería. Las sanciones permiten a Washington revocar las visas estadounidenses y bloquear la propiedad de estas personas. Los afectados por las sanciones tendrían 30 días para cerrar sus operaciones.

Por lo pronto, una de esas compañías, Allseas de Suiza, que está colocando los enormes tubos, anunció pocas horas después de que las sanciones se convirtieran en ley que había “suspendido sus actividades de canalización del Nord Stream 2“. Ciertamente, se dice que los fuertes intereses de esta compañía en territorio estadounidense le han obligado a esa decisión temporal, que al parecer no será obstáculo para la terminación de la ejecución del gasoducto. El sábado siguiente, el grupo empresarial tras el nuevo oleoducto manifestó que el objetivo seguía siendo completar el proyecto rápidamente en un esfuerzo por minimizar el daño de las sanciones estadounidenses. “Completar el proyecto es esencial para la seguridad del suministro europeo. Nosotros, junto con las empresas que lo apoyan, seguiremos trabajando para terminar la tubería lo antes posible ”, se decía en un comunicado de Nord Stream 2.

Como es público y notorio, Estados Unidos mantiene sobre Rusia una política de restricciones, bajo una amplia variedad de pretextos —entre ellos la crisis de Ucrania, la interferencia en las elecciones de EEUU, el caso Skripal, etc. Moscú en muchas ocasiones ha respondido basándose en el principio de reciprocidad. Ante el régimen de sanciones estadounidenses, el Gobierno del país euroasiático, presidido por Vladimir Putin, ya ha impulsado su estrategia de desarrollo económico, tratando de afianzar sus lazos y su cooperación con sus aliados como China e Irán y a terminar y mantener el nuevo gasoducto Nord Stream 2.

Los analistas europeos más informados ya han razonado que no hay otra salida que la terminación de esta colosal obra y la negociación entre los tres bloques de poder para ajustar sus respectivos intereses económicos y políticos.

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