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El 4º pilar del bienestar: liberar a las mujeres y salvar las pensiones

3 Febrer, 2020 - Opinió, Treball

Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC España
Cómo incrementar el número de trabajadores y cotizantes a la Seguridad Social
Una constante en las propuestas de intervención de los gobiernos españoles anteriores para resolver lo que ellos llaman el problema de “la falta de sostenibilidad de las pensiones debido en gran parte –según ellos- al envejecimiento de la población” ha sido retrasar la edad de jubilación y recortar las pensiones. Un indicador de cambio esperanzador es que el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, el Sr. José Luis Escrivá, del nuevo gobierno de coalición de izquierdas, no haya acudido a las mismas recetas neoliberales de siempre y, en su lugar, haya aconsejado que se facilite la inmigración, ya que serían necesarias 270.000 personas inmigrantes al año hasta 2050 para garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones, dado que más trabajadores equivalen a más contribuyentes a la Seguridad Social. Es un buen comienzo, pues además de romper con la imagen promovida por las derechas de que los inmigrantes son una carga indeseada, los presenta como lo que son, grandes recursos para el país.
Habría que subrayar que otras medidas también necesarias y urgentes serían aumentar las cotizaciones a la Seguridad Social mediante el aumento de los salarios, pues un elemento sumamente negativo durante el período neoliberal ha sido  el deterioro de estos salarios, hecho que, además de crear problemas graves de falta de demanda doméstica (el motor de la economía), ha significado también un descenso de los ingresos a la Seguridad Social, pues esta variable depende no solo del número de trabajadores cotizantes, sino también del tamaño de la cotización de cada uno de ellos, lo cual está determinado en gran parte por el nivel de los salarios.
El aumento de la integración de la mujer en el mercado de trabajo
Pero hay también otra medida, más común en los países del norte de Europa (tradicionalmente gobernados por gobiernos de coalición de izquierdas) que del sur de Europa, que es facilitar la integración de la mujer en el mercado de trabajo. Precisamente una de las características de estos países nórdicos es la de tener un elevado porcentaje de mujeres trabajando (Suecia 80,2%, Noruega 76,5%, Finlandia 74,5%, Dinamarca 73,9%). En España, en cambio, como en casi el resto de países del sur de Europa, es mucho más bajo (España 61%, Italia 53,1% y Grecia 49,1%). Para hacerse una idea de lo grande que es este déficit cabe resaltar que si España tuviera un porcentaje de mujeres trabajando en el mercado de trabajo como el que tiene Suecia, habría 2,7 millones más de personas trabajando (que es casi el número de parados que hay en España), cuyas cotizaciones se transformarían en ingresos para la Seguridad Social, aportando 16.650 millones de euros adicionales que casi cubrirían su déficit actual (18.286 millones de euros).
La necesidad del 4º pilar del bienestar: ¿qué es este pilar?
Para conseguir esto, los países nórdicos han desarrollado los servicios que ayudan a las mujeres a integrarse en el mercado de trabajo, y que es lo que llamé en su momento el 4º pilar del Estado del Bienestar (término que, por cierto, ha hecho fortuna). En España tenemos un Estado del Bienestar que es como una silla de cuatro patas a la cual le falta una (ver mi artículo “El cuarto pilar del bienestar”, Público, 15.10.09, para explicar cómo surgió). La primera pata es el derecho a la sanidad, la segunda el derecho a la educación y la tercera el derecho a la jubilación. Pero no tenemos la cuarta pata: el derecho de acceso a los servicios de ayuda a las familias (que incluyen, predominantemente, las escuelas de infancia más los servicios domiciliarios de dependencia).
El lector permitirá que me refiera a una situación familiar que ilustra la enorme importancia de tal pata del Estado del Bienestar. Cuando tuve que irme de España por razones políticas en el año 1962, fui a Suecia, donde tuve la gran fortuna de encontrar la persona que ha sido mi esposa desde aquel año, que es sueca. Su madre, de 89 años entonces, también sueca, se rompió el fémur un día (hace unos treinta años), algo común entre los ancianos. La misma semana, mi madre (de 94 años), que vivía en Barcelona, también se rompió el fémur. Ello me permitió comparar cómo Suecia y España trataban a la gente mayor. En Suecia, mi suegra tenía derecho –por el mero hecho de ser ciudadana sueca– a recibir cinco visitas al día de los servicios domiciliarios, gestionados por el ayuntamiento de Estocolmo. Una persona la despertaba por la mañana, la ayudaba en sus cuidados personales y le preparaba el desayuno; otra venía al mediodía, para preparar la comida y dársela; otra acudía por la tarde y la llevaba a pasear con un carrito y le hacía compañía; otra por la noche le hacía la cena; y, finalmente, otra a las dos de la madrugada venía para llevarla al cuarto de baño. Estas cinco visitas al día se producían durante el tiempo que fuera necesario. Y cuando una vez tuve el placer de cenar con el ministro de Sanidad y Asuntos Sociales (ministerio al que yo estaba asesorando), este me dijo: “Vicenç, hacemos esto por tres razones: una es que es un programa muy popular, de manera que cuando las derechas gobiernan (lo cual hacen muy de vez en cuando) -el ministro era socialista- no se atreven ni a tocarlo; segundo, es más económico tener a tu suegra en su casa que en el hospital; y tercero, creamos empleo” (uno de cada cinco adultos en Suecia trabaja en los servicios públicos del Estado del Bienestar, es decir, en sanidad, educación, servicios sociales, escuelas de infancia -mal llamadas guarderías en España-, servicios domiciliarios, vivienda y muchos otros).
La urgente necesidad de eliminar la explotación de la mujer en España y facilitar a la vez la expansión de las pensiones
En Barcelona (España), el municipio no proveía nada semejante. Había unos servicios (con una frecuencia de una visita al día) para personas muy pobres, y a su vez había unos servicios privados (proveídos, en su mayoría, por inmigrantes latinoamericanos, pésimamente pagados), aunque las empresas exigían unos precios prohibitivos por su alto coste, con lo cual solo un sector minoritario de la población se los podía permitir. Esta observación no es una crítica al ayuntamiento de Barcelona (uno de los más progresistas en el sur de Europa), pues un ayuntamiento no puede pagar tales servicios. En Suecia los pagaban el Estado central, la región, el ayuntamiento de Estocolmo, donde vivía, y la persona asistida (parte de la pensión, en el caso de mi suegra).
¿Quién cuidaba de mi madre en España? La respuesta es fácil de adivinar: mi hermana, de mi edad, lo cual muestra que los enormes déficits del Estado del Bienestar en España los cubre la mujer, a un coste elevado, pues esta se cuida de los niños, de los jóvenes (que viven en la casa familiar hasta que tienen 29 años como promedio) y de los ancianos, y además, el 61% compagina estas labores con un trabajo. No es extraño, pues, que las mujeres tengan tres veces más enfermedades debidas al estrés que los hombres. La enorme explotación de la mujer queda reflejada en esta situación.
La necesaria revolución cultural en España
El desarrollo del 4º pilar del bienestar requiere un cambio en la actitud del hombre, que tiene que hacerse corresponsable del trabajo familiar. Ello es imprescindible para facilitar que la mujer pueda integrarse en el mercado de trabajo conciliando su proyecto profesional con su responsabilidad familiar. Y esto no está ocurriendo. Según datos del European Institute for Gender Equality de 2018, la diferencia entre el tiempo que dedica la mujer sueca a las tareas del hogar y el hombre es de 3,6 horas; mientras, en España esa diferencia es de 8,6 horas. Y es ahí donde se necesita la revolución cultural. Las autoridades deben intervenir más intensamente para cambiar los valores machistas que reproducen la enorme explotación de la mujer. Y tal cambio tiene que trabajarse ya en la infancia. Si visitan las escuelas de infancia de Suecia, verán a niñas jugando con camiones y niños jugando con muñecas. Pero tal revolución tiene que darse también en la manera de pensar de los diseñadores de las políticas públicas, que deben darse cuenta de que el futuro de las pensiones depende, en gran medida, de la liberación de la mujer (y del hombre), para que conjuntamente cambien la sociedad para eliminar la explotación de género, que está muy determinada también por la explotación de clase. Ambas, explotación de género y de clase, están muy relacionadas. Y si no se lo creen verán que los partidos políticos que más se oponen a la liberación de la mujer son los mismos partidos que sostienen el enorme poder de las élites económicas y financieras, que tienen excesiva influencia en las instituciones políticas y mediáticas del país. No es por casualidad que Vox, el partido más machista del país, sea el más neoliberal, favoreciendo los intereses de las élites económicas y financieras promotoras del neoliberalismo dominante. Y el PP y C’s le siguen a la zaga.
Qué hay que hacer: las posibilidades con el nuevo gobierno de coalición de izquierdas
Ya se dieron algunos pasos durante el gobierno Zapatero. Asesoré hace años al candidato a la Secretaría General del PSOE y a la presidencia del gobierno, el Sr. Josep Borrell, el dirigente socialista con mayor sensibilidad social, que más tarde se opondría al pacto Zapatero-Rajoy que dio lugar a la reforma del artículo 135 de la Constitución. Le propuse a Borrell –y así lo aceptó– establecer el 4º pilar del bienestar, pero su renuncia en respuesta a la enorme agresividad y manipulaciones que recibió congeló la propuesta hasta que gobernó el PSOE de nuevo, con Zapatero, el cual se centró exclusivamente en el desarrollo de los servicios domiciliarios, que tuvieron una financiación muy limitada debido a las políticas de austeridad promovidas por su equipo económico, eliminando las escuelas de infancia (olvidando que son una institución clave para el desarrollo emotivo, psicológico e intelectual del infante).
El nuevo gobierno está reavivando esta propuesta con una visión más completa. Bajo la dirección de la vicepresidencia segunda, importantes ministerios de cariz social han sido asignados a Unidas Podemos, la cual, con la ayuda y colaboración de un renovado PSOE, podría hacer progresar uno de los sectores del Estado del Bienestar menos desarrollado en España. Será necesario para ello que se movilicen los movimientos sociales –desde el movimiento feminista hasta el movimiento de pensionistas (entre otros)– para presionar en esa dirección y neutralizar las derechas carpetovetónicas, herederas del franquismo, que, por desgracia, no han cambiado; continúan siendo las derechas de siempre. Un gran viento de esperanza se abre paso hoy en España.

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