Por qué el impuesto a las grandes fortunas sólo presenta ventajas

Eduardo Garzón EspinosaSaque de esquina

Hace unos días conocimos que Unidas Podemos proponía un nuevo impuesto a las grandes fortunas con motivo de la crisis económica derivada del coronavirus. Esto ha generado un debate sobre si esta medida sería apropiada o no en un momento como este, si recaudaría mucho dinero o no, si provocaría una fuga de capitales o no… Bueno, pues en este vídeo vamos a hincarle el diente a este debate.

Este nuevo impuesto sería del 2% para los patrimonios netos de más de 1 millón de euros, del 2,5% a partir de 10 millones, 3% a partir de 50, y 3,5% a partir de 100. Además, habría que descontar la vivienda habitual hasta los 400.000 euros, y también el ajuar doméstico. Es decir, que si tu patrimonio total es de 1 millón 300.000 mil y tu vivienda habitual está valorada en 400.000, entonces no pagas el impuesto, porque lo que te queda, 900.000, es menos de un millón. También hay que descontar las deudas o hipotecas: si tu vivienda está valorada en 400.000 pero te queda por pagar una hipoteca de 100.000, se tiene en cuenta sólo la diferencia: 300.000. Vamos, para que se entienda, hay que ser muy rico para que este impuesto te llegue a afectar.

De hecho los técnicos de Hacienda calculan que el tributo afectaría sólo a 114.000 personas en España, es decir, sólo al 0,24% de la población, los más ricos. Unidas Podemos estima que la recaudación aumentaría en 11.000 millones de euros, y los técnicos de Hacienda algo menos, 9.800 millones. Es un volumen 10 veces superior a lo que se recauda por el actual impuesto de patrimonio, a pesar de que éste afecta a casi el doble de personas, unos 200.000 contribuyentes. ¿Por qué esta tasa covid recaudaría más a pesar de afectar a menos gente? Fundamentalmente porque no tendría bonificaciones, que es lo que reduce la recaudación del actual impuesto de Patrimonio. Las Comunidades Autónomas pueden bonificar, es decir, perdonar una parte del impuesto o incluso perdonarlo por completo. Por ejemplo, la Comunidad de Madrid perdona el 100% del impuesto, lo que convierte a la región en una especie de paraíso fiscal, en una Suiza dentro de España, y por lo tanto en un agujero negro para la recaudación.

Algunos señalan que esta recaudación sería insuficiente. Pero… ¿insuficiente para qué? Tengamos en cuenta que precisamente esa cantidad cubriría la totalidad del Ingreso Mínimo Vital, que es la ayuda económica que se le va a dar a las familias más necesitadas. No parece ser moco de pavo.

Si alguien se refiere a que es insuficiente para acabar con el déficit público, pues nos ha jodido, eso es evidente pero no es tampoco lo que se busca. Más allá de que la recaudación proviene de muchas otras figuras tributarias, recordemos que no hay ninguna necesidad económica de acabar con el déficit público. Hay que acabar con esa obsesión anticientífica. Los Estados funcionan de forma diferente a las empresas y familias y pueden funcionar perfectamente con déficit público y de hecho es lo que suelen hacer, incluidas las economías más ricas de todas. Pero este tema es para abordarlo en otro vídeo.

Es importante entender que los impuestos no sólo cumplen una función recaudatoria. También tienen una función social y una función económica. La función social es más que evidente: es sencillamente inadmisible que haya multimillonarios a los que les sobra el dinero por todos los lados mientras hay gente que no tiene apenas ningún tipo de ingreso. Detraer recursos de los ultrarricos para apoyar a los más necesitados es un imperativo ético y social.

Pero vamos con la función económica. Por un lado, cuanto más repartida esté la renta y la riqueza, mayor estímulo a la actividad económica habrá, especialmente a través del consumo. Hay estudios sobre esto para aburrir, pero baste señalar que las economías más igualitarias son también de las más ricas, y al revés. Y es que si dejas a una parte importante de la población sin recursos los dejas también sin que puedan consumir los productos que venden las empresas, por lo que estas tienen menos posibilidad de tener ingresos y beneficios. Según la encuesta de acceso a la financiación de empresas del BCE y al estudio del Observatorio Autónomo, el principal problema de empresas y autónomos es que no tienen suficientes clientes. ¿Acaso alguien piensa que unos pocos ricos van a comprar todo lo que venden todas esas empresas y autónomos? Al fin y al cabo los ultrarricos sólo tienen un estómago y su consumo está limitado. Cientos de miles de estómagos, por poco que consuman, consumen mucho más que unos pocos estómagos que consuman mucho.

Por otro lado, poner un impuesto al patrimonio ejerce presión para que éste se haga más productivo y genere más renta. Pensemos por ejemplo en tierras inutilizadas. Si ahora el terrateniente tiene que pagar un impuesto por tener las tierras, tendrá incentivo a ponerlas en funcionamiento, cultivar, producir y generar ingresos con ellas. Lo mismo ocurre con los inmuebles. Si ahora grandes propietarios tienen que pagar impuestos por tener pisos vacíos, se verán empujados a ponerlos en alquiler para obtener unos ingresos con los que pagar el impuesto. Eso tendería a reducir los precios de los alquileres, por cierto. Y lo mismo ocurre con el resto del patrimonio inutilizado. ¡A la economía y a la sociedad no nos sirve de nada que ese patrimonio esté criando malvas! Para eso es mejor que lo utilice el Estado para ayudar a los más necesitados o para invertirlo en la educación o sanidad públicas.

Hay muchos estudios que señalan que los ultrarricos tienen su dinero y su patrimonio inutilizado. Según en estudio de Market Watch, los ultrarricos estadounidenses sólo utilizan el 1% de todo su patrimonio para crear empresas que crean empleo. El resto, el 99% se utiliza para comprar y vender propiedad inmobiliaria, para comprar bonos públicos, y para otras actividades de uso personal o actividad especulativa. Otro estudio, de la empresa Mendelsohn Affluent, señala que en vez de ser el 99% es el 98%. Se entiende por dónde van los tiros.

Por lo tanto, este impuesto penalizaría el capital improductivo, y ejercería presión para que se hiciese productivo. Eso aumentaría la actividad económica, el PIB, e incluso el empleo, al margen de reducir la desigualdad y mejorar la recaudación impositiva. ¡Son todo ventajas!

Algunos ponen el grito en el cielo diciendo que establecer un impuesto así provocaría que los ultrarricos se llevaran su patrimonio a otro país. Pero esto tiene muy poca solidez. Por un lado, hay patrimonio que simplemente no te puedes llevar a ningún sitio: las tierras y los inmuebles. Por otro lado, la única forma de no pagar el impuesto sería mudándose a otro país y residiendo en el mismo al menos 183 días al año. Eso tiene muchísimos costes, no sólo económicos sino también sociales, familiares y culturales. ¿De verdad alguien cree que los ultrarricos se van a mudar a otros países, separándose de sus amigos, de sus familiares, de sus costumbres, etc. sólo para evitar pagar un 3% de su patrimonio neto? No es creíble.

No olvidemos que después de pagar el impuesto seguirían siendo ultrarricos. Que estamos hablando de que paguen como mucho el 3,5% de su patrimonio, cuando en otros países como Estados Unidos se está proponiendo hasta el 8% y cuando en el pasado hubo impuestos extraordinarios al patrimonio del 80% en países como Alemania o Japón.

En definitiva, un impuesto de estas características presenta multitud de ventajas y poquísimos riesgos, por no decir ninguno. Es difícil y carece de sentido no posicionarse a favor del mismo, a no ser que se esté en el 0,24% más rico de la población, claro.

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