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¿Por qué las cuentas públicas no son comparables a las de una empresa o familia?

6 Juny, 2020 - Entitats financeres, Justícia Fiscal y Financiera Global, Opinió

Eduardo Garzón Espinosa – Saque de esquina Es desgraciadamente muy habitual encontrarse con análisis económicos que comparan las cuentas de un Estado o administración pública con las de una familia o una empresa. Por ejemplo, muchos suelen señalar (incluidos muchos economistas, gobernantes e incluso presidentes del gobierno) que si una familia no puede estar gastando […]

Eduardo Garzón EspinosaSaque de esquina

Es desgraciadamente muy habitual encontrarse con análisis económicos que comparan las cuentas de un Estado o administración pública con las de una familia o una empresa. Por ejemplo, muchos suelen señalar (incluidos muchos economistas, gobernantes e incluso presidentes del gobierno) que si una familia no puede estar gastando más de lo que ingresa indefinidamente tampoco lo puede hacer un Estado. Este es un mantra muy repetido y muy utilizado para clamar por la reducción del déficit público, por recortes en el gasto o aumentos de impuestos. ¿¡Cómo va a estar el Estado en números rojos tanto tiempo si eso no lo hace ninguna empresa o familia?! Se trata de una comparación intuitiva, porque a primera vista parece lógico pensar que el funcionamiento de las cuentas de una familia debería ser idéntico o al menos parecido al de las administraciones públicas. Pero esta comparación es absolutamente tramposa y errónea. Aunque afortunadamente también es fácil de entender por qué la intuición falla tanto en este caso, y es lo que veremos en este vídeo.
Lo primero que hay que tener en cuenta es el que el tamaño y potencial del Estado sobre la economía es muy superior al tamaño y potencial de cualquier familia o empresa. Que una empresa o familia quiera ahorrar o gastar mucho no tiene apenas impacto en la economía, pero que lo haga el Estado sí lo tiene.
Por ejemplo, ¿cómo podría una persona normal y corriente -como tú- ahorrar? Pues por un lado podría consumir menos, y por otro lado podría ingresar más dinero (trabajando más o haciendo cualquier otra cosa que genere un ingreso). De esta forma, estarías ahorrando y tus cuentas personales estarían mejorando. Pero como tú eres solamente una persona, poca gente notaría lo que estás haciendo. Si dejas de darte caprichos, pues a lo mejor el restaurante o la tienda de ropa ingresan algo menos, pero no lo van a notar apenas, porque tienen otros muchos clientes. Tú no eres imprescindible para que sus negocios puedan seguir funcionando, eres muy pequeño en comparación con la economía y tu capacidad de influencia es reducida.
Lo mismo pasa con una empresa, aunque evidentemente el impacto que provoca una empresa es mayor que el que provoca una persona, porque mueve más dinero. Pero en cualquier caso, ni siquiera la empresa más grande del mundo afecta apenas a la economía cuando decide gastar o ingresar más o menos.
Pero esto es diferente en el caso del sector público. Si el Estado, por ejemplo, quiere ahorrar, puede hacer lo mismo: gastar menos o ingresar más. Pero la clave del asunto es que el Estado afecta a casi todos los ámbitos de la economía tanto con sus gastos como con sus ingresos. Si gasta menos pagando menos sueldos afectará a millones de personas, y lo mismo si lo hace pagando menos pensiones o menos prestaciones por desempleo, llegará mucho menos dinero a familias y empresas. Si decide ingresar más, aún peor, porque los impuestos afectan a muchísima más gente, a veces a todo el mundo: si aumenta el IVA, el IRPF, o el IBI hará más pobres a los afectados, que son millones.
¿Y todo esto cómo afecta a las cuentas del Estado o de las familias y empresas? Pues que las familias y empresas podrán lograr siempre que quieran o casi siempre sus objetivos de ahorro, y controlar más o menos sus cuentas, pero el Estado no. Si tú quieres ahorrar, probablemente lo puedas conseguir, porque basta con que gastes algo menos o ingreses algo más. Y que lo hagas no afecta a la economía. Pero si el Estado quiere ahorrar una determinada cantidad, puede que no lo consiga, porque al aumentar impuestos o reducir gastos está empobreciendo a la gente, que es precisamente la que tiene que pagar los impuestos de los que se nutre el Estado. Si la gente se ha empobrecido mucho, el Estado no podrá recaudar lo suficiente como para cumplir sus objetivos de ahorro. Es un círculo vicioso: si el Estado ahorra mucho, afectará mucho a la economía, empobreciendo a familias y empresas y entonces estas no podrán pagar los impuestos que el Estado necesita para ahorrar.
¿Un poco confuso todo esto? Veamos un ejemplo que ayudará a entender el asunto: la pesca. Si tú quieres pescar un número determinado de peces, siempre que quieras podrás hacerlo, porque eres sólo una persona y por mucho que pesques no vas a afectar significativamente la cantidad total de peces que hay en el mar. Pero si el Estado se pone a pescar sin ton ni son con todo su potencial, llegará un momento en el que no queden suficientes peces para pescar. Entonces, aunque el Estado quiera pescar una cantidad determinada de peces, no podrá hacerlo! Porque ya no habrá suficientes peces por culpa de haber pescado tanto.
Extrapolando el ejemplo, un Estado no puede ahorrar todo lo que quiera ni controlar cuánto va a ahorrar porque cuando se pone a hacerlo llega un momento en el que la gente se queda sin suficiente capacidad económica para pagar los impuestos que el Estado necesita recaudar para ahorrar lo que desea. Por eso una familia o una empresa sí tienen facilidades para controlar sus cuentas, pero un Estado no. Al igual que la propia acción de pescar de un pescador masivo afecta negativamente a la capacidad de pesca, la propia acción de ahorrar del Estado afecta negativamente a su capacidad de ahorro.
Ahora vamos con el segundo motivo fundamental que explica por qué las cuentas públicas no tienen nada que ver con las privadas, y es el siguiente: el dinero es una institución pública, no privada. El dinero es un invento creado y regulado por el Estado a través de sus bancos centrales. Es verdad que los bancos privados crean también dinero, pero es dinero oficial (en nuestro caso euros) que crean con el permiso y bajo la supervisión y regulación de las autoridades públicas.
Por lo tanto, el Estado tiene la capacidad de crear dinero, lo que le da muchas más facilidades para gastar más de lo que ingresa. Es fácil de entender, si creas el dinero puedes gastar 6 euros aunque solo tuvieses 5 en un principio: creando un euro más. En cambio una familia no puede crear dinero (salvo de forma ilegal, falsificándolo, claro, pero eso tiene consecuencias penales) y por lo tanto para conseguir gastar dinero tienen primero que obtenerlo de otro sitio. En cambio, el Estado puede crearlo y gastarlo sin necesidad de obtenerlo.
Para los despistados y/o mal pensados: que el Estado pueda crear dinero no quiere decir que tenga sentido que cree todo el dinero del mundo sin parar, lo que quiere decir es eso: que puede crear dinero, lo que lo sitúa en un plano muy distinto al de las empresas y familias a la hora de controlar sus cuentas y sus finanzas. Un Estado puede cubrir parte de sus gastos sin ingresos, simplemente creando dinero. En cambio las empresas y familias no pueden.
En este vídeo no voy a abordar las dificultades a las que podría enfrentarse un Estado por crear más dinero de la cuenta. Aquí sólo me limito a señalar la obviedad de que las cuentas públicas no son comparables a las cuentas privadas. Y que, por lo tanto, cualquier comparación que se haga al respecto será tramposa, errónea y falaz. Cuando escuchéis a alguien decir que las cuentas de un Estado son como las de una familia, sed conscientes de que está diciendo una barbaridad y una falsedad. Las cuentas del Estado no tienen nada que ver con las de una empresa o familia.

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