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¿A quién le interesa la sanidad pública?

5 abril, 2011 - Sanitat

Joaquín BellónDiario de Mallorca
En estos momentos álgidos de pesadumbre económica está apareciendo una caravana de informes sobre la situación del sistema sanitario público de nuestro país que ofrecen, la mayoría de ellos, soluciones a una supuesta insostenibilidad del mismo. De prolongarse en el tiempo este “problema”, dicen sus sesudos autores -por cierto poco frecuentadores en su mayoría del sistema público, o usuarios del mismo por los circuitos preferentes- nos conducirá a un deterioro manifiesto en la calidad de la asistencia sanitaria pública. Tan agoreras predicciones no pueden estar basadas más que en el interés por controlar un sistema que constituye una pieza esencial en la economía productiva, con un gasto social del 6% del PIB, y que puede producir enormes ganancias a aquellos que cantan las excelencias de lo privado frente a lo público. Asistimos atónitos a la ausencia de un discurso inequívoco y beligerante por parte de la izquierda en general, y del partido en el poder en particular, ante tesis tan agresivas.
Se trasluce de esta caravana de informes una estrategia de lluvia fina, diseñada por los terminales económicos de la derecha neoliberal, para que cale en la sociedad la percepción de la necesaria e inevitable privatización del sistema. Para ello van creando una masa crítica con la complicidad de muchos y prestigiosos socialdemócratas conversos al liberalismo, y hacer así más creíbles sus tesis.
El Consejo Económico y Social de España se nos despacha, guardando las formas institucionales, con un informe titulado Desarrollo, competitividad y cohesión social en el sistema sanitario, en el que marea la perdiz con temas sobados hasta la saciedad para llegar a la “tremenda” conclusión del interés que tiene reflexionar en las mejoras que se pueden abordar a través de la coordinación y la cooperación.
Un análisis casi clónico del anterior nos lo ofrece el Libro Blanco sobre el sistema sanitario español, editado por la delegación española de la Academia Europea de Ciencia y Artes que preside el exbanquero Sánchez Asiaín. En este informe, sin la obligación de guardar la prudencia institucional, ya utilizan el lenguaje directo presentando como un axioma que el sistema está en crisis y que la asistencia sanitaria está necesitada de un deseable y urgente perfeccionamiento. En él ya se habla de copago, de aumento de impuestos indirectos, de liberalización…
A esta kermés de derroche neuronal neoliberal y tacheriano, se añade otro interesado informe favorable a las tesis de los financiadores privados: el Informe Bernat Soria promovido por Abbott, una multinacional de la industria farmacéutica. Al exministro de sanidad e investigador Soria hay que agradecerle que subtitule el trabajo con la mención explícita de su patrocinador, pero también hay que reprocharle, entre otras cosas, que durante su mandato no abordara ninguno de los problemas que se señalan en su homónimo informe.
La traca a esta caravana la pone el informe Diez temas candentes de la sanidad española para 2011- el momento de hacer más con menos-, de la consultora Price Waterhouse Cooper. Sí, aquella que contrató al expresidente Matas y por la que fichó el exministro de Zapatero, Jordi Sevilla, moderador de este informe junto con el otrora también ministro de sanidad con Felipe González, Julián García Vargas. El trío de moderadores invitados por la consultora lo completa la exministra de sanidad con Aznar, Ana Pastor. Apariencia de pluralidad ante todo. Porque en las conclusiones no hay muchas discrepancias: lograr la integración del sistema sanitario privado en el Sistema Nacional de Salud.
Estos informes, financiados directa o indirectamente por la industria farmacéutica y por las empresas de seguros y gestión sanitaria, presentan en común el sesgo en la elección de los expertos que los elaboran, la parcialidad de los datos que ofrecen y la necesidad, como solución salvadora, del aprovechamiento del sector privado. Esto último a pesar de las evidencias de que a mayor privatización, mayor gasto sanitario. Para ejemplo, un botón de muestra: EE UU, el más privatizado de los sistemas occidentales, gasta el 16% de su PIB en sanidad, con unos pésimos indicadores en salud.
Además de exministros, exconsejeros, exaltos cargos del gobierno… -por cierto, habría que recordarles a todos ellos los conceptos de ética y estética al estilo de cómo los muñecos Epi y Blas enseñaban en televisión a nuestro hijos y nietos las diferencias entre arriba, abajo; derecha, izquierda; ¿se acuerdan?–, quienes realmente están interesados en la sanidad pública son aquellos que con un interesado análisis de la realidad en épocas de crisis, manejan a esta corte de analistas con el único objetivo de aumentar su poder económico.

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