Menu

Alta sociedad, clima de fin de reino

12 agost, 2010 - Unió Europea

Serge Halimi – ATTAC Francia
Las revelaciones sobre el financiamiento espurio de la política en Francia, surgidas en plena crisis, escandalizan a la sociedad. Pero, ¿cambiarán algo?
Una ráfaga de revelaciones causa estupefacción en Francia. Dirigentes políticos frecuentarían permanentemente -y como grandes amigos- a hombres y mujeres de negocios. Los segundos financiarían los partidos políticos de los primeros. A cambio obtendrían una importante reducción de sus impuestos. Más sorprendente aun: la baja de la fiscalidad sobre los altos ingresos (cerca de 100.000 millones de euros en diez años) habría beneficiado particularmente… a los que tienen ingresos más elevados, protegidos desde 2006 por un “escudo” concebido con tal objetivo. Finalmente, con la intención de probar por sí mismos los rigores de la nueva ley común, los gobernantes (y sus familias) tendrían más tendencia a reciclarse en los negocios que en el sindicalismo.
Así, el “caso Bettencourt” hizo visible lo que ya lo era (1). ¿Acaso los periodistas de investigación y los profesores de virtud estaban durmiendo en abril pasado, cuando Florence Woerth, que ya se ocupaba -sin que nadie se asombrara- de las finanzas de Liliane Bettencourt, segunda fortuna de Francia, obtenía un cargo de administradora en la firma Hermès? Por entonces Eric Woerth, su marido, reaccionaba: “Soy el ministro de la igualdad entre hombres y mujeres, sería un gran error que intentara frenar la carrera de mi esposa […] paralela a la mía” (2). Nadie sospechaba realmente que buscara contrariar el desarrollo profesional de su mujer, pero nadie se alarmó tampoco del “paralelismo” que trazó entre el itinerario de una administradora de grandes fortunas interesada en la “optimización fiscal” en las islas Seychelles, y el de un ministro de Trabajo que se aprestaba a amputar la jubilación de los obreros. Todo eso ocurrió antes del “caso Bettencourt”. Las relaciones entre dinero y poder eran exactamente lo que son ahora. Pero por entonces, todo iba bien…
El impacto del actual “escándalo” se debe tal vez a algunos detalles asombrosos: un joven y ambicioso secretario de Estado a cargo del Ministerio del Empleo que aprovecha un viaje oficial a Londres para suplicar a administradores de fondos especulativos de la City que financien su grupúsculo llamado “Nouvel Oxygène”; un porcentaje de impuesto a las ganancias de entre el 1 y el 6% anual (3) en el caso de Liliane Bettencourt (el escudo funciona…); una periodista estrella que obtiene una entrevista, en el canal TF1, con la propietaria de L’Oreal aclarando: “La conocía por haber cenado con ella y su esposo en casa de amigos comunes. Además solíamos cruzarnos en alguna exposición”.
Para que este caso tentacular se convierta en el “collar de la Reina” de la oligarquía francesa, sería necesario -como mínimo- que acabe con las “puertas giratorias” entre lo público y lo privado, sin olvidar los “matrimonios” de periodistas que de esa forma pusieron bajo contrato su connivencia con el dinero. En cambio, el tumultuoso clamor del último mes no habrá servido para nada si la esperanza de purificar el actual clima de fin de reino sirve para llevar al Elíseo a un hermano siamés de Nicolas Sarkozy. Como por ejemplo, el director general del Fondo Monetario Internacional (4). Las grandes fortunas celebrarían la victoria de un socialista de negocios, tal como celebraron el triunfo de Sarkozy. Y todo volverá a repetirse.
Notas:
1 Ver el dossier “Política y dinero: el mundo en crisis”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, junio de 2010.
2 AFP, 21-4-10.
3 Según Thomas Piketty, “Liliane Bettencourt paie-t-elle des impôts?”, Libération, 13-7-10.
4 Ver Olivier Toscer, “A gauche, mais proche des milieux d’affaires”, Le Monde diplomatique, París, diciembre de 2003.
Artículo publicado en Le Monde diplomatique. Traducción: Carlos Alberto Zito.

ATTAC Mallorca no s'identifica necessàriament amb els continguts publicats, excepte quan estan signats per la pròpia organizació.