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Argumentos para que el #11N y #14N recuperemos nuestra sanidad, nuestra SALUD, nuestro futuro

9 novembre, 2012 - Estatal

Àngels Martínez Castells — Consejo Científico de ATTAC España
Los determinantes sociales de la salud se desmoronan. Pese al neolenguaje de los ministros de Rajoy que pretende esconder la dura realidad, el paro en España sigue castigando a hombres y mujeres que buscan un puesto de trabajo. La tasa de paro del 25,7% en octubre llega a ser del doble en los menores de 25 años, robando el futuro a nuestra juventud. Cada día se producen en España más de 500 desahucios de viviendas y locales según los datos del Consejo General del Poder Judicial. Disminuye la cobertura de las prestaciones por desempleo, (de los más de 5,6 millones de personas en paro sólo 1,3 millones cobraban hace unos meses prestación contributiva mientras que otros 1,6 millones reciben algún tipo de subsidio y otros 211.461 están perdiendo lo que recibían por el Plan Prepara. Los salarios siguen perdiendo poder adquisitivo y se degrada la calidad de los contratos mientras se deterioran las condiciones laborales. Buena parte de los 2,6 millones de personas en desempleo que no reciben ningún tipo de ayuda dependen, en muchos casos, de las pensiones de sus mayores que, a su vez, también están siendo amenazadas. El hecho tan humano de enfermar no sólo provoca nuevas mellas en nuestros ingresos, sino que puede llegar a ser causa de despido. Por justificada que sea la baja laboral, se quiere una fuerza de trabajo inmune a las enfermedades y que tampoco tenga responsabilidades de cuidados… Nos quieren fuertes, insensibles, súbditos lobotomizados, para que pueda reinar precariedad laboral y social que quiebra la cohesión social, mientras la pobreza afecta a una de cada cuatro personas residentes en España.
En este curso académico se han matriculado menos estudiantes en las distintas Universidades del país, y según la OCDE, la tasa de jóvenes sin empleo y sin trabajo se acerca con vértigo a la de Israel: un país en guerra permanente contra los palestinos (de hecho, contra el mundo) nos supera por pocas décimas. En España, como en Grecia, como en Portugal, como en Irlanda, la guerra se libra contra la ciudadanía y el arma utilizada es la destrucción de los servicios públicos, el insostenible incremento de las desigualdades, la inseguridad en el mañana. Estábamos avisados de que las crisis generan un incremento de la violencia de género, provocan enfermedades mentales y un incremento en el número de suicidios, y sabíamos –desde la crisis de 1929- que las personas pagarían con su salud el desgarro de esta desigual estafa. En buena lógica, el sistema sanitario y de atención social debía estar especialmente preparado para paliar los peores efectos de la crisis y tratar la psico-somatización de las tensiones. Sin embargo, el gobierno de España, en versión autista frente a tanto desgarro social, asesta un severo golpe a la sanidad con el Real DL 16/2012. En vez de reforzar el sistema público de salud, continúan las privatizaciones de hospitales, se acaba con la atención de urgencias en horario nocturno de comarcas enteras (como si los infartos sólo se produjeran en horario laboral) y se eliminan servicios y especialidades. A las quejas por los recortes de los oncólogos y servicios de ginecología se suman los servicios desbordados (y esquilmados) de salud mental. No sólo se debe enfermar a horas convenidas. Hay que hacerlo, además, de enfermedades muy comunes y poco costosas. Y en las Comunidades de Catalunya y Madrid, se suma a la obligación de pagar de pensionistas y al incremento del IVA , la implantación de la tasa del euro por medicamento que supone poner en cuestión al personal médico, convertir las farmacias en recaudadoras de impuestos, y seguir esquilmando los bolsillos de las personas enfermas, obligándolas a tomar la dura decisión entre poder comer o medicarse.
La sanidad sólo es un componente más de la Salud, tan importante como un trabajo digno, un subsidio de paro asegurado, o una pensión de jubilación que no degrade a las personas mayores, o una alimentación nutritiva, una vivienda en condiciones en un barrio saludable, y participar de un buen sistema educativo. Sin embargo, la sanidad es de una importancia fundamental cuando las circunstancias de la crisis incrementan las desigualdades sociales, y la falta de equidad y la precariedad causan más estragos que muchas enfermedades reconocidas como tales. El servicio de sanidad debe, en situaciones límite como las que vive una parte cada vez más numerosa de nuestra sociedad, poder prevenir, atender y tratar de curar a las personas enfermas y contar con profesionales y recursos suficientes para poder hacer frente con dignidad a las circunstancias tan duras que estamos viviendo: debería recibir una atención privilegiada por parte de quienes nos gobiernan –si fueran sensibles al sufrimiento- porque las tensiones sociales de esta crisis-estafa provocan enfermedad y muerte. Sin embargo, en esta huida suicida de las políticas neoliberales contra la ciudadanía, cuando todos los determinantes de la salud se desmoronan, asestan con alevosía el golpe más duro a la sanidad pública, un determinante especialmente importante de la salud en estos tiempos de insania generalizada.
La versión neoliberal dominante, de visión interesadamente reduccionista, encuentra su coartada en los principios de la “selección natural” y otros extremos inspiradores del fascismo. Por ejemplo, contempla la salud como la suma de la herencia genética y de nuestra “responsabilidad” personal en practicar hábitos saludables. Con ello se inhibe de responsabilidades políticas y “culpabiliza” a las personas por cómo viven (o por el ADN que le han transmitido sus progenitores). La salud no es “pública”, declaró Boi Ruiz, el conseller de salud de Catalunya, y por tanto poco tiene que ver lo que se legisla. Y lo declaró con todo desenfado cuando, por primera vez en muchos años, ha disminuido la esperanza de vida en España. Le desmienten nada menos que la OMS y la Comisión de Determinantes de Salud de la ONU: La salud, por definición, siempre es pública.
Por todos los argumentos anteriores, y muchos más, es importante que los días 11 de noviembre en Barcelona y el 14 de noviembre en toda la península , la gente se levante contra las políticas que atentan contra nuestra salud y nuestras condiciones de trabajo y de vida.
Porque nos roban la sanidad, nos roban la salud y nos roban el futuro, es fundamental que digamos ¡BASTA!
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