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"Banksterismo", pidamos lo imposible

17 agost, 2012 - Entitats financeres

Francisco Morote Costa – Attac Canarias
Recientemente un bufete de abogados neoyorkinos, el Labaton Sucharow, reveló, tras un sondeo a 500 altos ejecutivos de Wall Street y de la bolsa de valores londinense, que el 30% de ellos admitía que los elevados salarios y los bonos les empujaban a violar los códigos éticos de la profesión; el 24% de los sondeados reconocía que con la finalidad de ganar no dudarían en adoptar métodos deshonestos y en recurrir a prácticas ilegales, y un 16% admitía, también, que no vacilaría en cometer un delito bursatil para obtener beneficios, siempre que sus actuaciones no terminaran enfrentándoles a la justicia.
30%, 24%, 16%, ¿unas pocas manzanas podridas en el cesto financiero?
Seguramente muchas más de lo que refleja estas cifras. Algo huele a podrido y no precisamente en Dinamarca.
¿Dónde están las pruebas?
Últimamente se acumulan por doquier. Tomemos un par de casos.
El HSBC, el mayor banco británico, no tuvo el menor  reparo, durante ocho años, en blanquear más de 15.000 millones de dólares de organizaciones vinculadas al tráfico de drogas y al terrorismo, según ha puesto de relieve una investigación dirigida por el senador estadounidense Carl Levin.
¿Cuál ha sido la respuesta de la corrupta entidad bancaria británica al resultado de la investigación del político norteamericano?
El 17 de julio pasado el HSBC emitió un comunicado en el que señalaba que, ” Hubo ocasiones en que el banco no pudo cumplir con los estándares que esperan los reguladores y los clientes. Reconocemos estos errores, respondemos por nuestras acciones y nos comprometemos a solucionar lo que no funcionó bien.”
Eso es todo. Para los directivos del primer banco británico blanquear más de 15.000 millones de dólares de dinero procedente de narcotraficantes y de terroristas fue, simplemente un ” error”, con lo que también cabe sospechar que para ellos “solucionar lo que no funcionó bien” signifique evitar que la próxima vez les vuelvan a pillar.
En fin, preguntémonos, ¿qué precio debería pagar por esta fechoría el máximo responsable del corrupto HSBC, el honorable señor Stephen Green? ¿La cárcel, no? Pues no, este honesto caballero ha sido premiado con la cartera ministerial de Inversión y Comercio en el Gobierno de coalición del primer ministro británico David Cameron. Sin comentarios.
Pero aún es más escandaloso si cabe, como muestra de la deshonestidad reinante en el mundo financiero, el segundo caso. Esta vez no se trata de la acción aislada de una entidad bancaria, una sola manzana podrida, se trata de la confabulación, durante años, de al menos una docena de bancos británicos, estadounidenses, alemanes, franceses y suizos, la casi totalidad del cesto, para manipular en su provecho la llamada tasa LIBOR, tasa fijada por la Asociación de Banqueros Británicos y que constituye el principal punto de referencia a corto plazo de los tipos de interés a nivel internacional.
Pues bien esta manipulación de la tasa reportó multimillonarias ganancias ilegítimas a los bancos, a la vez que se convirtió, en palabras del economista Marco Antonio Moreno, en ” la mayor estafa financiera de la historia para millones de consumidores”.
¿Qué ocurrirá ahora?
Si el Departamento de Justicia de Estados Unidos sigue adelante con la causa criminal emprendida contra los bancos responsables de la manipulación de la tasa LIBOR, estos podrían tener que pagar cientos de miles de millones de dolares en concepto de indemnizaciones y multas.
Bonito panorama el de la industria bancaria internacional. No tiene nada de extraño que se aplique el término banksterismo para caracterizar su ” irreprochable” trayectoria profesional.
Concluyendo, ¿qué hacer frente a estos banksters, las entidades bancarias corruptas y los paraísos fiscales, destino y complemento final de tanta corrupción y delito?
No hay la menor duda, encarcelar a los banksters, nacionalizar la industria bancaria internacional y clausurar los paraísos fiscales.
Una vez más seamos realistas, pidamos lo imposible hasta hacer que deje de serlo.
 

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