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Carta de Susan George a la Comisión Europea

10 març, 2011 - Crisi sistémica


Susan George – Presidenta de Honor de ATTAC Francia
Estimados señores,
La meta de la Comisión de proveer mecanismos de ordenación para casos de crisis financiera y bancos en quiebra es admirable, pero en mi opinión ignora un aspecto crucial: el verdadero trabajo de la Comisión, de los líderes europeos y de una regulación sensata debería ser en primer lugar el prevenir tales crisis y quiebras.
A día de hoy es algo conocido que la crisis del 2008, que se centró en USA y Gran Bretaña aunque incluyó ampliamente a bancos europeos, se derivó esencialmente de las dos décadas de desregulación que la precedieron. El lobby bancario americano consiguió eliminar al menos una docena de regulaciones bancarias que habían obstaculizado la expansión de la industria financiera, y los europeos harían bien en estudiar cuidadosamente el papel de cada una de esas eliminaciones en la crisis que siguió.
En particular, la abolición en EE.UU. en 1998 de la Ley Glass Steagle, que había separado los bancos comerciales de los bancos de inversiones, y que mantuvo el sistema americano relativamente estable desde 1933, propició el síndrome de “demasiado grande para quebrar”. Los bancos entraron en una vorágine de fusiones y adquisiciones, y eran conscientes de que la importancia sistémica de los conglomerados financieros que surgieron obligarían al Prestador de Ultimo Recurso (el gobierno) a actuar si sus apuestas fallaban.
Todos conocemos las consecuencias: según el informe Haldane/Alessandri (Banco de Inglaterra) 2009 titulado “Banking on the State”, el desembolso total en préstamos, subvenciones, garantías etc., para los EE.UU., UK y otros bancos europeos fue de 14 billones de dólares. La necesidad de cubrir las enormes deudas bancarias ha hundido a varios estados miembros de la UE en sus propias crisis de soberanía.
De esta forma, bajo mi punto de vista, el marco propuesto por la Comisión se queda notoriamente corto para preservar a los ciudadanos y las empresas de la UE de otra crisis.
Los testamentos en vida (living wills) y otras medidas similares están muy bien, pero Europa necesitaría primero una separación rigurosa (del tipo Glass-Steagle) de sus propios bancos, de modo que una mala decisión de un banco de inversiones sea incapaz de infectar los depósitos de los clientes comunes. Transacciones como las llamadas “banca en la sombra” y “fuera de balance” deberían ser prohibidas. Muchos de los mercados de derivados, en particular los que se sustentan en los precios alimentarios, deberían ser ilegalizados. El apalancamiento debería también ser mantenido bajo supervisión: cuando un banco puede tomar prestado 40 Euros o más por cada Euro que tiene en realidad en sus cofres, estamos pidiendo problemas.
En los 50 y 60, cerca de la mitad de la inversión se dirigió al papel – acciones, bonos y otros productos financieros – y la otra mitad fue a la producción de bienes y servicios que creaban empleos e ingresos al gobierno a través de los impuestos. Ahora la proporción es de 80% en “papel” y 20% en la economía real. Muchas transacciones carecen absolutamente de valor económico o social, y simplemente se hacen para generar un beneficio para la persona o empresa que consigue inventar el producto financiero mas complicado.
Necesitamos también una minima tasa sobre las transacciones financieras (1/1000 por ejemplo) que podría destinarse de alguna manera a reparar el sistema social en los estados miembros de la UE y a reducir las emisiones que contribuyen al calentamiento global. Necesitamos también Eurobonos… en fin, la lista es larga.
Pero ahora mismo necesitamos que la Comisión se tome seriamente la probable recurrencia de la crisis financiera, dada la desregulación continuada, y que haga algo al respecto.
Las propuestas que tienen ahora en su mesa están muy lejos de hacerlo.
Atentamente, Susan George
Traducción Ángel Inglada. Attac Madrid

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