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	<title>ATTAC Mallorca &#187; EE.UU.</title>
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	<description>Justícia Econòmica Global</description>
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		<title>Y la viga en el propio</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Jan 2012 09:00:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[EE.UU.]]></category>
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		<description><![CDATA[Juan Gelman – Página/12 El Departamento de Estado registra cuidadosamente las violaciones a los derechos civiles y a las libertades públicas en el mundo entero. Cada año publica un informe en el que figuran las que se perpetran en todos los países del planeta, menos en EE.UU., desde luego. Se encontrarían semejanzas si lo hiciera. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Juan Gelman</strong> –<em> Página/12</em></p>
<p>El Departamento de Estado registra cuidadosamente las violaciones a los derechos civiles y a las libertades públicas en el mundo entero. Cada año publica un informe en el que figuran las que se perpetran en todos los países del planeta, menos en EE.UU., desde luego. Se encontrarían semejanzas si lo hiciera.<br />
El presidente Obama cerró el 2011 estampando su firma al pie de la Ley de autorización de la defensa nacional (NDAA, por sus siglas en inglés), que faculta a la Casa Blanca a detener en instalaciones militares sin cargos ni proceso y por tiempo indeterminado a todo sospechado de terrorismo, aunque sea estadounidense. “Aprobé esta ley – dijo – pese a que tengo serias reservas respecto de algunas disposiciones&#8230; y quiero aclarar que mi gobierno no autorizará la detención militar indefinida sin proceso de ciudadanos estadounidenses. Creo que ello quebrantaría nuestros valores y tradiciones más importantes como Nación.” (www.washingtonpost.com, 31/12/11)<br />
Lástima que había insistido ante el Congreso para que esa providencia fuera incluida. Washington critica que en países como Cuba, China y Camboya no se respeten, como no se respetan, las garantías legales de los imputados. De Guantánamo a la fecha, en EE.UU. tampoco.<br />
Como su antecesor W. Bush, Obama se arroga el derecho de pasar a mejor vida a cualquier presunto terrorista o instigador del terrorismo. El año pasado autorizó la ejecución extrajudicial del clérigo radical Anwar al Aulaqi, nacido en Nuevo México y asesinado en Yemen por un avión no tripulado. El Departamento de Justicia expidió un memorándum secreto que daba luz verde al acto, del que se encargó la CIA (www.washingtonpost.com, 30/9/11). Más: el mes pasado, funcionarios de la Casa Blanca afirmaron que el presidente tiene la facultad de dar esta clase de órdenes (AP, 1º/12/11).<br />
Nigeria, Irán y Siria practican estos métodos que el Departamento de Estado enjuicia con razón, son los mismos de las dictaduras militares de América latina y de Israel también, pero sería vano esperar que haya alguna referencia a EE.UU. en sus informes. Es que nadie tiene por qué meterse en lo de uno, especialmente uno.<br />
El ocupante de la Casa Blanca decide si un acusado será juzgado por un tribunal civil o una Corte militar, medida impuesta por W. Bush que Obama observa. Pero Washington denunció a Egipto por mantener dos sistemas judiciales separados, el militar y el civil, para procesar a ciertos imputados, civiles incluidos. Obama amplió el poder discrecional de vigilancia de la ciudadanía que la Ley Patriótica concedió a W. Bush: la NDAA obliga a empresas y organizaciones a proporcionar información sobre las finanzas y contactos de un ciudadano; el uso de las llamadas “comunicaciones de seguridad nacional” permite que, sin causa probable alguna, las instituciones proporcionen datos personales, teléfonos, direcciones electrónicas y otros de cualquier persona, actos que la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense prohíbe. Pakistán y Arabia Saudita se distinguen por un ejercicio similar.<br />
La Casa Blanca suele ordenar la detención de presuntos terroristas con base en documentación calificada de secreta y que no presenta en los tribunales federales porque su divulgación “atenta contra la seguridad nacional”. Esto facilita que muchos casos ni se traten en la Justicia civil y ningún acusado puede probar que no es un terrorista. Hay manga ancha para torturar a los detenidos: con W. Bush se extendió el uso del “submarino”, que levantó protestas en EE.UU., pero Obama declaró en el 2009 que no permitiría que el personal de la CIA fuera investigado o juzgado por métodos que violan el derecho internacional (www.wahingtonpost.com, 17/4/09). Del mismo modo, Irán y Siria se han negado a aceptar investigaciones independientes de denuncias de torturas formuladas contra sus gobiernos.<br />
El aparato interno de seguridad ha crecido en EE.UU. de manera inmensurable. Una investigación del Washington Post determinó que 1271 organismos del gobierno y 1931 empresas privadas se dedican a espiar a la población y se desconoce con exactitud el monto de los fondos multimillonarios destinados a estas actividades. Un ejemplo: los grupos de tareas contra el terrorismo del FBI pasaron de 35 en el 2002 a 106 en el 2010, constituyendo una suerte de Estado secreto dentro del Estado (www.washingtonpost.com, 19/7/10). Es evidente que el viejo concepto del general Eisenhower sobre el complejo militar-industrial ha quedado atrás.<br />
El senador republicano Lindsey Graham sostiene, como no pocos de sus colegas, que tales medidas son la debida respuesta al terrorismo: “La libertad de expresión es una gran idea, pero estamos en guerra”, dijo (www.csnews.com, 3/4/11). Claro que, para la Casa Blanca, el terrorismo nunca se acabará y tampoco esta clase de guerra. Al menos, hasta que EE.UU. termine de invadir países para asegurarse el dominio mundial.</p>

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		<title>El acuerdo secreto de Tim Geithner con los dirigentes de la Unión Europea</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Jan 2012 12:00:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[EE.UU.]]></category>
		<category><![CDATA[Unió Europea]]></category>
		<category><![CDATA[banca]]></category>
		<category><![CDATA[Unión Europea]]></category>

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		<description><![CDATA[Michael Hudson &#8211; Sin Permiso Los mercados de valores estadounidenses y extranjeros siguen zigzagueando salvajemente a la espera de despejar la incertidumbre sobre la supervivencia del euro y ante unas sufridas poblaciones que arrostran las consecuencias de las políticas de austeridad neoliberal impuestas a Irlanda, Grecia, España, Italia, etc. Voy a contarles la historia que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Michael Hudson &#8211; </strong><em>Sin Permiso</em></p>
<p>Los mercados de valores estadounidenses y extranjeros siguen zigzagueando salvajemente a la espera de despejar la incertidumbre sobre la supervivencia del euro y ante unas sufridas poblaciones que arrostran las consecuencias de las políticas de austeridad neoliberal impuestas a Irlanda, Grecia, España, Italia, etc. Voy a contarles la historia que me fue confiada por responsables económicos europeos en relación con los últimos episodios caóticos en Grecia y en otras economías europeas deudoras y presupuestariamente deficitarias. (Faltan los detalles, puesto que las negociaciones se han desarrollado en el más absoluto de los secretos: lo que sigue es, pues, una reconstrucción.)</p>
<p>En otoño de 2011, resultaba evidente que Grecia no podría saldar su deuda pública. La UE sacó la conclusión de que había que depreciar esa deuda en un 50%. La alternativa a eso era la quiebra sobre el total de la deuda. Así que, básicamente, la solución para Grecia venía a reproducir lo que había ocurrido con la deuda latinoamericana en los 80, cuando los gobiernos substituyeron la deuda existente y los préstamos bancarios por bonos Brady, así llamados por el secretario del Tesoro de Reagan, Nicolas F. Brady. Esos bonos tenían un principal más bajo, pero al menos se consideraba seguro su cobro. Y en efecto, se hicieron los pagos.</p>
<p>Esa quita griega del 50% parecía radical, pero los bancos europeos ya habían cubierto sus apuestas y subscrito seguros de impagos: los bancos norteamericanos se hacían cargo de buena parte de esos seguros.</p>
<p>En diciembre de 2011, un cuarto de siglo después de Brady, el secretario del tesoro de Obama, el señor Geithner, viajó a Europa para reunirse con los dirigentes europeos y exigirles que Grecia depreciara su deuda sobre la base de quitas voluntarias por parte de bancos y acreedores. Explicó que los bancos norteamericanos habían apostado a que Grecia no quebraría, y que, por lo mismo, su situación patrimonial neta era tan precaria que, si tenían que pagar por su mala apuesta, irían a la quiebra.</p>
<p>Según me contaron los banqueros alemanes la situación, Geithner amenazó con cargarse a los bancos y a las economías europeas, si no se allanaban a pagar el pato y cargar ellos con las pérdidas: los bancos estadounidenses no tenían que pagar por los seguros colateralizados de impagos (CDOs) y por otras apuestas en las que habían vertido miles de millones de dólares.</p>
<p>Los europeos estallaron de indignación. Pero Geither terminó por ofrecerles un trato. De acuerdo: la Casa Blanca permitirá la quiebra de Grecia. Pero los EEUU necesitan tiempo.</p>
<p>Convino en abrir una línea de crédito de la Reserva Federal al Banco Central Europeo (BCE). La Fed suministraría dinero para prestar a los bancos en el interin cuando las finanzas de los gobiernos europeos desfallecieran. Se daría tiempo a los bancos para que pudieran deshacer sus garantías de quiebra. Al final, el BCE sería el acreedor. El BCE –y presumiblemente, la Fed— cargarían con los costes, “a expensas del contribuyente”. Los bancos estadounidenses (y probablemente también los europeos) evitarían así cargar con unas pérdidas que se llevarían por delante su situación patrimonial neta.</p>
<p>¿Cuáles son realmente los detalles de este acuerdo? Lo que sabemos es que los bancos estadounidenses están retirando la renovación de sus líneas de crédito a los bancos y a otros prestatarios europeos a medida que van expirando. El BCE actúa para cubrir la brecha. A eso se le llama “suministro de liquidez”, pero más parece un suministro de solvencia en una situación de insolvencia básica. Después de todo, una deuda que no puede devolverse, nunca se devuelve.</p>
<p>La idea de Geithner es que lo que una vez funcionó, puede volver a funcionar. Cuando la Reserva Federal o el Tesoro cargan con una pérdida bancaria, lo que hacen, simplemente, es imprimir deuda pública o abrir un depósito para los bancos en el banco de la Reserva Federal. La opinión pública no ve eso de manera tan perspicua como cuando le arrebatan directamente el dinero. Y el gobierno se limita a decir que se trata de “salvar al sistema financiero”, sin mencionar el coste del asunto “a expensas del contribuyente” (¡no a expensas de los bancos!).</p>
<p>Es un regalo.</p>
<p><em>Artículo publicado en Sin Permiso</em></p>
<p>&nbsp;</p>

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		<title>Nadie entiende la deuda</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jan 2012 06:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[EE.UU.]]></category>
		<category><![CDATA[deuda]]></category>

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		<description><![CDATA[Paul Krugman – El País En 2011, como en 2010, Estados Unidos experimentaba una recuperación técnica, pero seguía sufriendo un desempleo desastrosamente alto. Y a lo largo de la mayor parte de 2011, como en 2010, casi todas las conversaciones en Washington giraban en torno a otra cosa: el problema supuestamente urgente de reducir el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Paul Krugman</strong> –<em> El País</em></p>
<p>En 2011, como en 2010, Estados Unidos experimentaba una recuperación técnica, pero seguía sufriendo un desempleo desastrosamente alto. Y a lo largo de la mayor parte de 2011, como en 2010, casi todas las conversaciones en Washington giraban en torno a otra cosa: el problema supuestamente urgente de reducir el déficit público.</p>
<p>Este enfoque inapropiado dice mucho sobre nuestra cultura política, en concreto sobre lo desconectado que está el Congreso del sufrimiento de los estadounidenses de a pie. Pero también revela algo más: cuando la gente en Washington habla de déficits y deuda, la inmensa mayoría no tiene ni idea de lo que está hablando, y la gente que más habla es la que menos entiende.</p>
<p>Lo más evidente es quizá que los &#8220;expertos&#8221; económicos en los que confía gran parte del Congreso han estado totalmente equivocados una y otra vez sobre los efectos a corto plazo de los déficits públicos. La gente que obtiene sus análisis económicos de instituciones como la Fundación Heritage lleva esperando desde que el presidente Obama asumió el cargo a que el déficit público disparase los tipos de interés. El día menos pensado.</p>
<p>Y mientras ha estado esperando, esos tipos han descendido hasta mínimos históricos. Se podría pensar que esto llevaría a los políticos a cuestionar su elección de expertos (es decir, se podría pensar eso si no supiéramos nada sobre la política posmoderna no basada en hechos).</p>
<p>Pero Washington no se confunde solo en lo que respecta al corto plazo; también está confundido acerca del largo plazo. Porque aunque la deuda pueda ser un problema, la forma en que nuestros políticos y lumbreras piensan en la deuda es incorrecta y exagera el tamaño del problema.</p>
<p>Los que se preocupan por el déficit retratan un futuro en el que nos vemos empobrecidos por la necesidad de devolver el dinero que hemos tomado prestado. Ven a EE UU como una familia que pidió una hipoteca demasiado alta y que se ve en apuros para pagar las cuotas mensuales. Sin embargo, esta es una analogía realmente mala por lo menos en dos sentidos.</p>
<p>En primer lugar, las familias tienen que devolver su deuda. Los Gobiernos, no; todo lo que tienen que hacer es asegurarse de que la deuda aumenta más lentamente que su base imponible. La deuda de la II Guerra Mundial nunca se devolvió; sencillamente, se fue volviendo cada vez más irrelevante, a medida que la economía estadounidense crecía, y con ella, la renta sometida a tributación.</p>
<p>En segundo lugar, y esto es lo que nadie parece entender, una familia excesivamente endeudada debe dinero a otra persona; la deuda estadounidense es, en gran medida, dinero que nos debemos a nosotros mismos.</p>
<p>Esto era claramente cierto en el caso de la deuda en que incurrimos para ganar la Segunda Guerra Mundial. Los contribuyentes asumieron la responsabilidad de una deuda que era significativamente más elevada, como porcentaje del PIB, que la deuda actual; pero los titulares de esa deuda también eran los contribuyentes, como la gente que compraba bonos de ahorro. De modo que la deuda no hizo más pobre a los Estados Unidos de la posguerra. En concreto, la deuda no impidió que la generación de la posguerra experimentara el mayor aumento de la renta y el nivel de vida en la historia de nuestra nación.</p>
<p>Pero esta vez es diferente, ¿no? No tanto como creen.</p>
<p>Es verdad que ahora los extranjeros poseen grandes intereses en EE UU, entre ellos una buena cantidad de deuda pública. Pero cada dólar de participaciones extranjeras en Estados Unidos se ve igualado por 89 céntimos de participaciones estadounidenses en el extranjero. Y como los extranjeros tienden a hacer sus inversiones en Estados Unidos en activos seguros y de baja rentabilidad, EE UU gana en la práctica más por sus activos en el extranjero de lo que paga a los inversores extranjeros. Si se han hecho la idea de que es un país profundamente endeudado con los chinos, les han informado mal. Y tampoco estamos avanzando rápidamente en esa dirección.</p>
<p>Claro que el hecho de que la deuda federal no implique ni mucho menos que el futuro de Estados Unidos esté hipotecado no quiere decir que la deuda no sea perjudicial. Para pagar los intereses hay que recaudar impuestos, y no hay que ser un ideólogo de derechas para reconocer que los impuestos suponen algún coste para la economía, aunque solo sea porque apartan los recursos de las actividades productivas y los desvían hacia la elusión y la evasión de impuestos. Pero estos costes son mucho menos trágicos de lo que la analogía de la familia excesivamente endeudada podría dar a entender.</p>
<p>Y esa es la razón por la que los países con Gobiernos estables y responsables -o sea, Gobiernos que están dispuestos a elevar moderadamente los impuestos cuando la situación lo exige- han sido por regla general capaces de vivir con niveles de deuda mucho más elevados de lo que la opinión convencional nos induciría a pensar. Gran Bretaña, en concreto, ha tenido una deuda superior al 100% del PIB durante 81 de los últimos 170 años. Cuando Keynes escribía sobre la necesidad de gastar para salir de una depresión, Gran Bretaña estaba más endeudada que cualquier país desarrollado hoy en día, con la excepción de Japón.</p>
<p>Naturalmente, EE UU, con su movimiento conservador furibundamente antiimpuestos, podría no tener un Gobierno que sea responsable en ese sentido. Pero en ese caso, la culpa no es de la deuda, sino nuestra.</p>
<p>De modo que, sí, la deuda es importante. Pero en estos momentos hay cosas más importantes. Necesitamos más, no menos, gasto público para sacarnos de la trampa del desempleo. Y la terca y desinformada obsesión con la deuda se interpone en el camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de 2008. Traducción de News Clips</em></p>
<p><em>Fuente: New York Times Service 2012</em></p>
<p>&nbsp;</p>

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		<title>¿A quién le importan las primarias de Iowa o las elecciones en EE.UU.?</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Jan 2012 12:00:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[EE.UU.]]></category>

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		<description><![CDATA[Atilio Borón &#8211; Rebelión En los últimos días aparecieron dos magníficas notas que dan cuenta de lo que en trabajos anteriores habíamos calificado como la “descomposición moral” del imperio. En una de ellas, Juan G. Tokatlian (El País, 2 de Enero de 2012) habla del acelerado e irreversible avance de la “poslegalidad”, vocablo apto para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Atilio Borón</strong> &#8211; <em>Rebelión</em></p>
<p>En los últimos días aparecieron dos magníficas notas que dan cuenta de lo que en trabajos anteriores habíamos calificado como la “descomposición moral” del imperio. En una de ellas, Juan G. Tokatlian (<em>El País</em>, 2 de Enero de 2012) habla del acelerado e irreversible avance de la “poslegalidad”, vocablo apto para referirse a la descarada apelación a metodologías y formas de acción completamente reñidas con la propia legalidad estadounidense por parte de la Casa Blanca y, por supuesto, de la Carta de las Naciones Unidas que se firmara en Junio de 1945 en San Francisco y todo el tan espeso como inoperante andamiaje de la legalidad internacional. Arrasando con estas molestas limitaciones el indigno Nobel de la Paz que se sienta en la Oficina Oval de la Casa Blanca ordena crímenes y asesinatos de ciudadanos extranjeros y estadounidenses, envía aviones no tripulados –“<em>drones</em>”- para masacrar poblaciones indefensas sin pagar costo alguno ante una opinión pública estupidizada por la industria cultural del capitalismo mientras que, paso a paso, va cercenando las libertades públicas establecidas por la Constitución de los Estados Unidos pero que desde Ronald Reagan para aquí se ha venido convirtiendo en letra muerta. En esta misma línea Juan Gelman publicó también en la edición del mismo día pero en <em>Página/12</em> una nota en donde demuestra que el “progre” Barack Obama ya superó el triste récord de su infausto predecesor en materia de atropellos a los estándares de la justicia y derechos humanos. Pese a sus encendidas promesas de campaña no cerró Guantánamo; retiró parte de las tropas estacionadas en Irak (si bien dejando un buen número de “asesores” cuyas funciones efectivas poco tienen que ver con ese nombre) pero siguió guerreando en Afganistán y extendió las hostilidades a Pakistán. Además, tras las raídas bambalinas de la OTAN Washington fue el actor principal, según lo reconoció el<em> New York Times</em>, de la masacre y los crímenes perpetrados para “liberar” a Libia. Si G. W. Bush pergeñó el rescate de los bancos su sucesor profundizó esa política; si aquél había escrito el borrador del Tratado EEUU-Colombia que autoriza la utilización de bases militares (por ahora 7, pero se puede aumentar esa cifra con una simple solicitud del Departamento de Estado) en ese país sudamericano, fue Obama quien ratificó el acuerdo poniendo su firma al lado de un personaje siniestro como Álvaro Uribe. Y en materia económica las políticas de rescate de los delincuentes de cuello blanco y elegantes trajes Armani que pululan en<em> Wall Street</em> -rescate hecho a costa de los deudores hipotecarios estadounidenses- prosiguieron su curso triturando las ilusiones del<em> American dream</em>: ya son dos millones de familias arrojadas a la calle, y se espera que las víctimas de esta gigantesca estafa sean unos cinco millones en los próximos dos o tres años.</p>
<p>Teniendo en cuenta estos antecedentes, ¿a quién puede importar la primaria republicana de Iowa? ¿Cuáles son las razones por las que la prensa mundial otorga tamaña trascendencia a un <em>show</em> mediático como ese, despojado de toda sustancia democrática? Basta leer las declaraciones de los candidatos republicanos, a cual más retrógrado y reaccionario, exaltando los valores tradicionales y patrioteros de la derecha estadounidense, para comprobar la profundidad abismal de la crisis política de ese país. Va de suyo que las opiniones de los candidatos demócratas, comenzando por el propio presidente, no modifican en lo más mínimo este diagnóstico. Tal vez lo empeoren. El disparate de los candidatos republicanos, exhaustos luego del ejercicio democrático llevado a cabo en Iowa, llegó tan lejos como para que varios de ellos -especialmente Michele Bachmann, la (frustrada) esperanza del Tea Party que cosechó un número irrisorio de votos- fulminaran con sus críticas a Obama por… ¡sus políticas “socialistas”! Se nota que esas gentes, aspirantes todos ellos a heredar el trono imperial de la Casa Blanca, no tienen la menor idea de lo que están hablando. En su majestuosa mediocridad no se dan cuenta de que si hay algo que impidió (¿o sería más preciso decir “postergó”?) el hundimiento del capitalismo estadounidense fueron las políticas del tandem Bush-Obama que efectivamente pusieron en práctica un socialismo muy del agrado de la burguesía: socializaron las pérdidas de los grandes oligopolios financieros e industriales y las redistribuyeron meticulosamente al conjunto de la población. Mientras tanto, los principales CEO de esas corporaciones afectadas por el “socialismo” de Bush-Obama seguían ganando, una vez pagados los impuestos, más de diez millones de dólares anuales como recompensa por sus brillantes negocios.</p>
<p>Reflexiones estas, en suma, acerca de la total intrascendencia de estas primarias -y las que seguirán en las semanas siguientes, incluyendo un par de ridículos “súper martes” que ya provocan la estudiada excitación de la prensa estadounidense y sus voceros de la periferia- que pueden extenderse sin forzar ningún razonamiento a las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Porque, como dicen algunos de los (pocos) politólogos críticos que hay en ese país, ¿a qué viene tanta cháchara con elecciones en las cuales nada se elige y con presidentes que nada presiden toda vez que el “gobierno permanente” que realmente detenta las riendas del poder en sus manos: el complejo militar-industrial y sus aliados, no ha sido elegido por nadie, no debe rendir cuentas ante nadie, ni mucho menos podrá ser removido por el sufragio popular? No importa lo que el pueblo elija, ni el mandato que otorgue al candidato elegido, porque los que verdaderamente mandan lo hacen en virtud de realidades mucho más proteicas –los millonarios negocios y negociados hechos bajo la complaciente mirada del gobierno y de una dirigencia que depende de los donativos de los oligopolios para financiar sus ambiciones políticas- que las débiles señales producidas por el proceso electoral. Además, a diferencia del “populacho” desinformado e impotente que en proporciones cada vez menores acude a las urnas, la clase dominante imperial sabe lo que es bueno para Estados Unidos y lo que hay que hacer en cada momento. Parafraseando aquella vieja fórmula de mediados del siglo pasado que decía que “lo que es bueno para la General Motors es bueno para Estados Unidos” sus personeros hoy saben que “lo que es bueno para el complejo militar-industrial es bueno para Estados Unidos”, por lo menos para una dirigencia que piensa exclusivamente en acrecentar los beneficios y perpetuar los privilegios de ese uno por ciento contra el cual se levantaron los indignados de Ocupemos Wall Street. A esa clase dominante del imperio el veredicto de las urnas, sea en las primarias republicanas o demócratas, o en las elecciones generales, le tiene absolutamente sin cuidado. Su inserción en las articulaciones decisivas del aparato estatal estadounidense no está sujeto a escrutinio o control público alguno, y su dominio sobre la clase política y los grandes medios de comunicación la colocan a salvo de cualquier contingencia surgida en el terreno electoral. Lo único que le preocupa en relación con las primarias y las elecciones es seguir alimentando la ilusión popular de que el país es una democracia, evitando que la masa de la población llegue a pensar que el régimen político imperante no es una democracia sino una abyecta plutocracia. Sabe que de persistir esa creencia su dominio será poco menos que inexpugnable. El problema es que la ilimitada voracidad de esa burguesía y la súper-explotación a la que somete al propio pueblo estadounidense más pronto que tarde podría romper el hechizo y dar inicio a un proceso de movilización y radicalización de imprevisibles consecuencias. Por eso hay que presentar al anodino ejercicio que tuvo lugar el pasado martes en Iowa como si fuera una vibrante prueba de la salud democrática de Estados Unidos. Una mentira, no piadosa, sino maléfica hasta el tuétano.</p>
<p><em>Fuente: Página/12</em></p>

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		<title>El desempate de Obama</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Jan 2012 09:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Juan Gelman – Página/12 Barack Obama acaba de superar a W. Bush: no cerró Guantánamo, inaugurado por su antecesor; amplió a Pakistán las guerras en Irak y Afganistán y su política económica y social no cambió la dirección que le imprimiera W. Pero pocos días después de cumplirse, el 15 de diciembre, el 220º aniversario [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Juan Gelman</strong> – <em>Página/12</em></p>
<p>Barack Obama acaba de superar a W. Bush: no cerró Guantánamo, inaugurado por su antecesor; amplió a Pakistán las guerras en Irak y Afganistán y su política económica y social no cambió la dirección que le imprimiera W. Pero pocos días después de cumplirse, el 15 de diciembre, el 220º aniversario de la Carta de Derechos que los Padres Fundadores de EE.UU. erigieron en modelo democrático, Obama promulgó una ley que recorta las libertades civiles más, pero mucho más que la Patriot Act de su predecesor. La National Defense Authorization Act (NDAA), aprobada por el Congreso, faculta a las fuerzas armadas a encarcelar por tiempo indeterminado, sin cargos ni proceso y en prisiones militares, a todo estadounidense sospechado de terrorista, aunque viva en el extranjero. Adiós al derecho de defensa y a un juicio civil, adiós a la presunción de inocencia del acusado hasta que su culpabilidad se pruebe.</p>
<p>Son conocidas las torturas y humillaciones propinadas a los presos en Guantánamo y aún padecen, los que quedan, exactamente la misma situación. Este hecho despertó protestas débiles en EE.UU., finalmente se trataba de extranjeros. La amenaza de que los estadounidenses mismos se vean sometidos a semejante trato provocó las reacciones más inesperadas, aun antes de que Obama diera su plácet al engendro. El New York Times publicó una columna de opinión de los generales (R) Charles C. Krulak y Joseph P. Hoar, del cuerpo de marines, nada avara en adjetivos (www.nytimes.com, 12–12–11).</p>
<p>(La NDAA) “es equivocada e innecesaria: el presidente ya cuenta con el poder y la flexibilidad que requiere una lucha efectiva contra el terrorismo&#8230; las leyes en vigor facultan a los militares a detener a los capturados en el campo de batalla, pero esta disposición extendería el campo de batalla a EE.UU.”. Agregan que la disposición no sólo viola el espíritu de la legislación que limita el uso de las fuerzas armadas en cuestiones de seguridad interna, “sino también nuestra confianza en el personal de servicio, que se alistó pensando que nunca se le pediría que volviera sus armas contra nuestros compatriotas”. Subrayan que la medida “reduce, si no elimina, el papel de las cortes federales en los casos de terrorismo&#8230; desde el 11/9, las inciertas e inexpertas comisiones militares condenaron solamente a seis acusados de terrorismo, mientras que los tribunales civiles sentenciaron a más de 400”. Una consideración muy práctica.</p>
<p>Forbes distrajo un poco de su permanente atención a los multimillonarios para titular así una de sus columnas: “La NDAA es la amenaza más grande a las libertades civiles que los estadounidenses enfrentan” (www.for bes.com, 5-12-11). “Y qué hay de la inocencia hasta que la culpabilidad se pruebe. Y qué hay de un gobierno con límites. Estamos afrontando el acabóse. O mantenemos las libertades intrínsecas de nuestra república constitucional o rompemos ese proyecto entero en nombre de la seguridad librando sin término esa infructuosa, cara y en última instancia contraproducente Guerra contra el Terror.”</p>
<p>Al parecer, juicios tan duros hicieron vacilar a la Casa Blanca y varios asesores sugirieron la posibilidad de que la ley fuera vetada. Pero Obama, citando vagos cambios introducidos en el texto, pegó la vuelta en U y descartó el veto incurriendo en lo que un editorial del New York Times calificó de “una rendición política completa, que refuerza la impresión de una presidencia que se mueve a tropezones” (www.nytimes.com, 15-12-11). A saber si fue realmente así.</p>
<p>El patrón de la Casa Blanca agitó el fantasma del veto “pero no porque tuviera alguna objeción a la sustancia de la ley –señaló el Christian Science Monitor –. En realidad el presidente, que es un ex profesor de derecho constitucional, quería retener la facultad de aplicar sus disposiciones, es decir, el encarcelamiento militar por tiempo indeterminado, a los ciudadanos estadounidenses que, en virtud de la Constitución, tienen derecho a un juicio expeditivo y público y a la protección jurídica debida. El Congreso capituló” (www.csmonitor.com, 28–12-11). No fue Obama el que izó bandera blanca.</p>
<p>El profesor de derecho Jonathan Turley, de la Universidad George Washington, trazó el historial de las violaciones de los derecho civiles y humanos cometidas por el gobierno Obama, desde el permiso para usar ese tormento llamado “submarino” hasta el bloqueo de la investigación y procesamiento de torturadores del ejército y la CIA (www.latimes.com, 29–11-11). “Con el tiempo, la elección de Barack Obama podrá considerarse como uno de los sucesos más devastadores en nuestra historia de las libertades civiles”, concluye Turley.</p>
<p>La Carta de Derechos, primera enmienda de la Constitución de EE.UU., aprobada en 1791, garantiza, entre otras, la libertad de expresión y de reunión, el derecho, entre otros, a no ser sometido a torturas y a un juicio rápido con un jurado imparcial. Pareciera que el ex profesor de derecho constitucional olvidó todo lo que sabía.</p>

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		<title>Estados Unidos contra el mundo</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Dec 2011 12:00:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[EE.UU.]]></category>

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		<description><![CDATA[Immanuel Wallerstein – La Jornada Hubo un tiempo en que Estados Unidos tenía muchos amigos, o por lo menos seguidores relativamente obedientes. En los días que corren, parece que no tiene sino adversarios, de todas las coloraciones políticas. Es más, no parece estarle yendo muy bien en los encuentros con sus adversarios. Tomemos lo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Immanuel Wallerstein</strong> – <em>La Jornada</em></p>
<p>Hubo un tiempo en que Estados Unidos tenía muchos amigos, o por lo menos seguidores relativamente obedientes. En los días que corren, parece que no tiene sino adversarios, de todas las coloraciones políticas. Es más, no parece estarle yendo muy bien en los encuentros con sus adversarios. Tomemos lo que ha estado ocurriendo en noviembre y la primera mitad de diciembre de 2011. Ha tenido confrontaciones con China, Pakistán, Arabia Saudita, Israel, Irán, Alemania y América Latina. No puede uno decir que haya llevado la mejor parte en estas controversias.</p>
<p>El mundo interpretó la presencia y los anuncios del presidente Barack Obama en Australia como un abierto desafío a China, pues le dijo al Parlamento australiano que Estados Unidos estaba decidido a destinar los recursos necesarios para mantener nuestra fuerte presencia militar en esta región. Para este fin, Estados Unidos está enviando a 250 marines a una base aérea australiana en Darwin (y posiblemente aumente este número en el futuro a 2 mil 500 elementos).</p>
<p>Ésta es sólo una de tantas jugadas de despliegue militar semejante en la región. Así, conforme Estados Unidos se retira (o se ve forzado a retirarse) de Medio Oriente –por razones políticas y financieras– muestra sus músculos en la región Asia-Pacífico. ¿Es esto realmente creíble, en un momento en que hay una renuencia creciente del público estadounidense para involucrarse en el exterior y hay exigencias urgentes de que reduzca sus gastos, incluidos los gastos militares? Hasta ahora, la respuesta de China ha sido, virtualmente, no responder, como diciendo que el tiempo está del lado de China, aun en cuanto a sus relaciones con Estados Unidos, o tal vez, especialmente para sus relaciones con Estados Unidos.</p>
<p>Luego está Pakistán. Estados Unidos ha arrojado el guante. Pakistán debe cesar de proteger a sus movimientos islamitas. Debe dejar de socavar al gobierno de Karzai en Afganistán. Debe cesar de amenazar a India con acciones militares en Cachemira. ¿O qué? Ése es el problema. Aparentemente, según documentos filtrados, Estados Unidos pensaba que el último amigo que le quedaba en Pakistán, el actual presidente Asif Alí Zardari, podía correr al líder del ejército, el general Ashfaq Parvez Kayani. En respuesta, el general Kayani hizo arreglos para que el presidente Zardari fuera a Dubai a un tratamiento médico. El golpe potencial, con respaldo de Estados Unidos, falló. Y si Estados Unidos intentara tomar represalias cortando la asistencia financiera, siempre está China para tomar su lugar.</p>
<p>En Medio Oriente, lo que más quiere el presidente Obama es que nada grave ocurra entre Israel y los palestinos, por lo menos hasta ser reelegido. Esto no satisface las necesidades de Arabia Saudita o del primer ministro Netanyahu de Israel. Así que ambos continúan agitando el caldero, desde el punto de vista estadounidense. Y Estados Unidos quedó en la posición de pedirles, no de exigirles o controlarlos.</p>
<p>Luego está Irán, supuestamente la principal preocupación inmediata de Estados Unidos (como lo es para Arabia Saudita e Israel). Así que Estados Unidos ha estado utilizando sus más supersecretos aviones no tripulados (los <em>drones</em>) para espiar a Irán. No hay nada sorprendente en esto, excepto que parece que de algún modo uno de estos <em>drones</em> aterrizó en Irán. Digo aterrizó porque el punto clave es por qué y cómo fue que lo hizo. La CIA, de la cual es este <em>drone</em>, ha intentado, de un modo poco convincente, sugerir que hubo alguna falla mecánica que explica la cuestión. Los iraníes han sugerido que lo bajaron mediante una ciberacción. Estados Unidos dice imposible –pero Debka, la voz por Internet de los halcones israelíes, dicen que es cierto. Yo en esto pienso que es probable. Además, ahora que los iraníes tienen el <em>drone</em>, trabajan en descifrar todos sus secretos técnicos. ¿Quién sabe? Pueden publicar los secretos para que todo el mundo los conozca. Y luego, ¿qué tan supersecretos serán los <em>drones</em>?</p>
<p>Ah, sí, Alemania. Como todo mundo sabe, hay una crisis en la zona del euro. Y la canciller Merkel ha estado trabajando muy duro para hacer que los países de la zona del euro acepten una solución que le funcionará a ella, tanto en lo político, al interior de Alemania, como en lo económico al interior de Europa. Ella ha estado presionando en favor de un nuevo tratado europeo que impondría sanciones automáticas a los países de la zona del euro que violen las condiciones de este tratado. Estados Unidos consideró que éste era el enfoque erróneo. La posición estadounidense fue que ésta era una acción de mediano plazo que no resolvía la situación en el corto plazo. Obama envió a su secretario del Tesoro, Timothy Geithner, a Europa para insistir en sus sugerencias alternativas. No importan los detalles, ni quién es más sabio. Lo importante es señalar que Geithner fue ignorado por completo y que los alemanes siguen en la suya.</p>
<p>Finalmente, los países latinoamericanos y del Caribe se reunieron en Venezuela para fundar una nueva organización, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Todos los países del continente firmaron, excepto los dos que no fueron invitados (Estados Unidos y Canadá). La Celac está diseñada para remplazar a la Organización de Estados Americanos (la OEA), que incluía a Estados Unidos y Canadá, y que suspendió a Cuba. Tomará un tiempo para que la OEA desaparezca y que sólo la Celac se mantenga. No obstante, esto no exactamente lo están celebrando en Washington.</p>
<p><em>Traducción: Ramón Vera Herrera</em></p>
<p><em> </em></p>

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		<title>La noticia desconocida en España: la nacionalización de la General Motors en EEUU</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Dec 2011 12:00:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[EE.UU.]]></category>
		<category><![CDATA[economía]]></category>
		<category><![CDATA[nacionalización]]></category>

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		<description><![CDATA[Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC España Uno de los pilares del pensamiento neoliberal ha sido la creencia de que el sector privado es más eficiente que el sector público. De ahí deriva su postura de que hay que privatizar las empresas públicas. Este dogma aparece también en otra versión, cuando se subraya que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Vicenç Navarro</strong> – Consejo Científico de ATTAC España</p>
<p>Uno  de los pilares del pensamiento neoliberal ha sido la creencia de que el  sector privado es más eficiente que el sector público. De ahí deriva su  postura de que hay que privatizar las empresas públicas. Este dogma  aparece también en otra versión, cuando se subraya que la mejor manera  de actuar frente al fracaso de una empresa privada es dejar que se  colapse permitiendo que las fuerzas del mercado actúen con plena  libertad. Solo en caso de que el tamaño de tal empresa sea excesivamente  grande (como ocurrió con la mayoría de empresas financieras de Wall  Street) y su colapso pudiera causar una crisis a toda la economía, está  justificado darle el dinero que necesite, pero sin intervenir a través  de una gestión por la vía pública de tal empresa. La palabra  nacionalización está prohibida en la narrativa neoliberal.</p>
<p>De ahí  que el partido neoliberal norteamericano, es decir, el Partido  Republicano, semejante al Partido Popular en España, se opusiera por  todos los medios a que el Estado federal nacionalizara a la General  Motors y a la Chrysler, las dos empresas automovilísticas más poderosas  de EEUU (junto con la Ford) cuando éstas se declararon en bancarrota. El  gobierno federal las quería nacionalizar para evitar el enorme impacto  negativo que el cierre de tales empresas hubiera significado para  grandes regiones industriales de EEUU.</p>
<p>Los republicanos  inmediatamente auguraron un desastre económico, resultado –según ellos-  de una supuesta captación del gobierno federal por parte de los  sindicatos del automóvil (UAW) que, al imponer una “medida socialista”  (así definieron la intervención), crearía un enorme agujero en las  cuentas del Estado. Es interesante contrastar esta resistencia del  Partido Republicano a nacionalizar General Motors y Chrysler, con el  apoyo y respaldo de tal partido a la ayuda federal a Wall Street que fue  muchas veces superior a las cantidades utilizadas en la nacionalización  de las empresas automovilísticas.</p>
<p>Afortunadamente, los resultados  de esta nacionalización están ya disponibles para el público. E.J.  Dionea acaba de publicar un artículo en el The Washington Post en el que  indica que la General Motors, que había perdido 4.300 millones de  dólares en el momento álgido de la crisis, había declarado este año  2.500 millones de beneficios. En realidad, la General Motors ha pagado  ya al gobierno federal el préstamo que recibió cuando se declaró en  bancarrota. Y lo que es más importante, ello se ha corregido sin que la  General Motors tuviera que forzar despidos masivos. El único despido  forzoso que hizo el gobierno federal fue el del equipo directivo de la  General Motors (y de Chrysler), nombrando a un nuevo equipo. En cuanto  al resto de empleados, se pactaron los cambios que debían realizarse con  el sindicato del automóvil, United Autoworkers of America.</p>
<p>Este  sindicato desea ahora que la altamente exitosa GM, no se venda al sector  privado, convirtiéndose en su lugar en una cooperativa tipo Mondragón.  El sindicato UAW ha pedido a la cooperativa Mondragón del país vasco que  les aconseje sobre cómo convertir una de las empresas más importantes  de la manufactura del mundo en una cooperativa. En realidad, la  solidaridad expresada por los trabajadores de la nacionalizada General  Motors con la nueva empresa y con sus compañeros trabajadores, explica  que aceptaran reducciones salariales y reducción de horas de trabajo en  lugar de eliminación de puestos de trabajo. Éstas son las bases del  cooperativismo, que requiere una cultura de solidaridad para su éxito.  La mejor prueba de ello es la cooperativa vasca Mondragón, punto de  referencia internacional del cooperativismo, que explica la petición de  asesoría por parte del sindicato UAW, uno de los sindicatos más  progresistas existentes en EEUU</p>
<p>La administración Obama, sin  embargo, presionada por algunos de sus economistas neoliberales (de los  cuales hay muchos en el Departamento de Economía del gobierno federal),  está favoreciendo la venta de la GM a las empresas privadas, con el  apoyo y aplauso del Partido Republicano. El sindicato UAW, tal como he  señalado, se opone, y está proponiendo la vía cooperativa. De lo que se  decida, dependerá mucho el futuro industrial de EEUU.</p>
<p>Por otra  parte, el éxito de la nacionalización de GM ha reavivado las voces de  aquéllos centros de reflexión económica, tales como el Center for  Economic and Policy Research, de Washington, que habían sugerido al  gobierno Obama que nacionalizara sectores de la Banca o que creara una  banca pública. Toda la evidencia acumulada parece concluir que no  estaríamos hoy en medio del caos financiero en el que estamos si se  hubieran tomado tales medidas.<br />
<em><br />
<a href="http://www.vnavarro.org/">www.vnavarro.org</a></em></p>

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		<title>Ocupemos el futuro</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Nov 2011 08:00:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[EE.UU.]]></category>
		<category><![CDATA[cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[ciudadanía]]></category>
		<category><![CDATA[protestas]]></category>

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		<description><![CDATA[Noam Chomsky – La Jornada Pronunciar una conferencia Howard Zinn es una experiencia agridulce para mí. Lamento que él no esté aquí para tomar parte y revigorizar a un movimiento que hubiera sido el sueño de su vida. En efecto, él puso buena parte de sus fundamentos. Si los lazos y las asociaciones que se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Noam Chomsky</strong> – <em>La Jornada</em></p>
<p>Pronunciar una conferencia Howard Zinn es una experiencia agridulce para mí. Lamento que él no esté aquí para tomar parte y revigorizar a un movimiento que hubiera sido el sueño de su vida. En efecto, él puso buena parte de sus fundamentos.</p>
<p>Si los lazos y las asociaciones que se están estableciendo en estos notables eventos pueden sostenerse durante el largo y difícil periodo que les espera –la victoria nunca llega pronto–, las protestas de Ocupemos podrían representar un momento significativo en la historia estadounidense.</p>
<p>Nunca había visto nada como el movimiento Ocupemos, ni en tamaño ni en carácter; ni aquí ni en ninguna otra parte del mundo. Las avanzadas de Ocupemos están tratando de crear comunidades cooperativas que bien podrían ser la base para las organizaciones permanentes que se necesitarán para superar las barreras por venir y la reacción en contra que ya se está produciendo.</p>
<p>Que el movimiento Ocupemos no tenga precedentes es algo que parece apropiado, pues ésta es una era sin precedentes, no sólo en estos momentos sino desde los años 70.</p>
<p>Los años 70 fueron una época decisiva para Estados Unidos. Desde que se inició el país, éste ha tenido una sociedad en desarrollo, no siempre en el mejor sentido, pero con un avance general hacia la industrialización y la riqueza.</p>
<p>Aun en los periodos más sombríos, la expectativa era que el progreso habría de continuar. Apenas tengo la edad necesaria para recordar la gran depresión. Para mediados de los años 30, aunque la situación objetivamente era mucho más dura que hoy, el espíritu era bastante diferente.</p>
<p>Se estaba organizando un movimiento obrero militante –con el Congreso de Organizaciones Industriales (CIO) y otros– y los trabajadores organizaban huelgas con plantones, a un paso de tomar las fábricas y manejarlas ellos mismos.</p>
<p>Debido a las presiones populares se aprobó la legislación del nuevo trato (<em>New Deal</em>). La sensación que prevalecía era que saldríamos de esos tiempos difíciles.</p>
<p>Ahora hay una sensación de desesperanza y a veces de desesperación. Esto es algo bastante nuevo en nuestra historia. En los años 30, los trabajadores podían prever que los empleos regresarían. Ahora, los trabajadores de manufactura, con un desempleo prácticamente al mismo nivel que durante la gran depresión, saben que, de persistir las políticas actuales, esos empleos habrán desaparecido para siempre.</p>
<p>Ese cambio en la perspectiva estadounidense ha evolucionado desde los años 70. En un cambio de dirección, varios siglos de industrialización se convirtieron en desindustrialización. Claro, la manufactura siguió, pero en el extranjero; algo muy lucrativo para las empresas pero nocivo para la fuerza de trabajo.</p>
<p>La economía se centró en las finanzas. Las instituciones financieras se expandieron enormemente. Se aceleró el círculo vicioso entre finanzas y política. La riqueza se concentraba cada vez más en el sector financiero. Los políticos, enfrentados a los altos costos de las campañas, se hundieron más profundamente en los bolsillos de quienes los apoyaban con dinero.</p>
<p>Y, a su vez, los políticos los favorecieron con políticas favorables para Wall Street: desregulación, cambios fiscales, relajamiento de las reglas de administración corporativa, lo cual intensificó el círculo vicioso. El colapso era inevitable. En 2008, el gobierno una vez más salió al rescate de empresas de Wall Street que supuestamente eran demasiado grandes para quebrar, con dirigentes demasiado grandes para ser encarcelados.</p>
<p>Ahora, para la décima parte del uno por ciento de la población que más se benefició de todos estos años de codicia y engaños, todo está muy bien.</p>
<p>En 2005, Citigroup –que, por cierto, ha sido objeto en repetidas ocasiones de rescates del gobierno– vio al lujo como una oportunidad de crecimiento. El banco distribuyó un folleto para inversionistas que los invitaba a poner su dinero en algo llamado el índice de la plutonomía, que identificaba las acciones de las compañías que atienden al mercado de lujo.</p>
<p>El mundo está dividido en dos bloques: la plutonomía y el resto, resumió Citigroup. Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá son las plutonomías clave: las economías impulsadas por el lujo.</p>
<p>En cuanto a los no ricos, a veces se les llama el precariado: el proletariado que lleva una existencia precaria en la periferia de la sociedad. Esa periferia, sin embargo, se ha convertido en una proporción sustancial de la población de Estados Unidos y otros países.</p>
<p>Así, tenemos la plutonomía y el precariado: el uno por ciento y el 99 por ciento, como lo ve el movimiento Ocupemos. No son cifras literales pero sí es la imagen exacta.</p>
<p>El cambio histórico en la confianza popular en el futuro es un reflejo de tendencias que podrían ser irreversibles. Las protestas de Ocupemos son la primera reacción popular importante que podrían cambiar esa dinámica.</p>
<p>Me he ceñido a los asuntos internos. Pero hay dos peligrosos acontecimientos en la arena internacional que opacan todo lo demás.</p>
<p>Por primera vez en la historia hay amenazas reales a la sobrevivencia de la especie humana. Desde 1945 hemos tenido armas nucleares y parece un milagro que hayamos sobrevivido. Pero las políticas del gobierno de Barack Obama y sus aliados están fomentando la escalada.</p>
<p>La otra amenaza, claro, es la catástrofe ambiental. Por fin, prácticamente todos los países del mundo están tomando medidas para hacer algo al respecto. Pero Estados Unidos está avanzando hacia atrás.</p>
<p>Un sistema de propaganda, reconocido abiertamente por la comunidad empresarial, declara que el cambio climático es un engaño de los sectores liberales. ¿Por qué habríamos de ponerles atención a estos científicos?</p>
<p>Si continúa esta intransigencia en el país más rico y poderoso del mundo, no podremos evitar la catástrofe.</p>
<p>Debe hacerse algo, de una manera disciplinada y sostenida. Y pronto. No será fácil avanzar. Es inevitable que haya dificultades y fracasos. Pero a menos que el proceso que está ocurriendo aquí y en otras partes del país y de todo el mundo continúe creciendo y se convierta en una fuerza importante de la sociedad y la política, serán exiguas las posibilidades de un futuro decente.</p>
<p>No se pueden lanzar iniciativas significativas sin una base popular amplia y activa. Es necesario salir por todo el país y hacerle entender a la gente de qué se trata el movimiento Ocupemos; qué puede hacer cada quien y qué consecuencias tendría no hacer nada.</p>
<p>Organizar una base así implica educación y activismo. Educar a la gente no significa decirle en qué creer; significa aprender de ella y con ella.</p>
<p>Karl Marx dijo: La tarea no es solamente entender el mundo sino transformarlo. Una variante que conviene tener en cuenta es que si queremos cambiar al mundo más nos vale entenderlo. Eso no significa escuchar una plática o leer un libro, si bien eso a veces ayuda. Se aprende al participar. Se aprende de los demás. Se aprende de la gente a la que se quiere organizar. Todos tenemos que alcanzar conocimientos y experiencias para formular e implementar ideas.</p>
<p>El aspecto más digno de entusiasmo del movimiento Ocupemos es la construcción de vínculos que se está dando por todas partes. Si pueden mantenerse y expandirse, el movimiento Ocupemos podrá dedicarse a campañas destinadas a poner a la sociedad en una trayectoria más humana.</p>
<p><em><strong>Nota</strong>: Este artículo está adaptado de una plática de Noam Chomsky en el campamento Ocupemos Boston (Occupy Boston), en la plaza Dewey, el 22 de octubre. Habló ahí como parte de la Serie de Conferencias en Memoria de Howard Zinn, celebrada por la Universidad Libre de Ocupemos Boston. Zinn fue historiador, activista y autor de A People’s History of the United States.)</em></p>

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		<title>Paul Krugman: El pánico de los plutócratas</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Oct 2011 11:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[EE.UU.]]></category>
		<category><![CDATA[Moviments Socials]]></category>
		<category><![CDATA[crisis sistémica]]></category>
		<category><![CDATA[revueltas sociales]]></category>

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		<description><![CDATA[Paul Krugman – El Nuevo Herald Falta por ver si las protestas del movimiento Ocupa Wall Street cambiarán el rumbo de Estados Unidos. No obstante, ya provocaron una reacción asombrosamente histérica de Wall Street, los superricos en general, y políticos y expertos que sirven a los intereses del uno por ciento más rico de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Paul Krugman</strong> – <em>El Nuevo Herald</em></p>
<p>Falta por ver si las protestas del movimiento Ocupa Wall Street cambiarán el rumbo de Estados Unidos. No obstante, ya provocaron una reacción asombrosamente histérica de Wall Street, los superricos en general, y políticos y expertos que sirven a los intereses del uno por ciento más rico de la población.</p>
<p>Hay que considerar primero cómo los políticos republicanos han descrito las manifestaciones de tamaño modesto, aunque en aumento, que han implicado algunas confrontaciones con la policía –en las cuales parece haber habido una reacción desmesurada de los agentes–, pero nada que se pudiera llamar un disturbio. Y, de hecho, hasta el momento no ha habido nada que se pueda equiparar con el comportamiento de las multitudes del Tea Party en el verano de 2009.</p>
<p>No obstante, Eric Cantor, el líder de la mayoría en la Cámara de Representantes, habló de “turbas” y “enfrentamiento de estadounidenses contra estadounidenses”. Los candidatos presidenciales del Partido Republicano hicieron declaraciones contundentes, como Mitt Romney, que acusó a los manifestantes de hacer “lucha de clases”, mientras Herman Cain los llama “antiestadounidenses”. No obstante, mi favorito es el senador Rand Paul, a quien, por alguna razón, le preocupa que los manifestantes empiecen a confiscar iPads porque creen que los ricos no merecen tenerlas.</p>
<p>Michael Bloomberg, el alcalde de Nueva York y titán del sector financiero, fue un poco más moderado, pero, con todo, acusó a los manifestantes de tratar de “quitarle el empleo a la gente que trabaja en esta ciudad”, una declaración que no tiene nada que ver con los objetivos reales del movimiento.</p>
<p>Hay que darse cuenta de que todo esto es parte de un síndrome más general, en el que los estadounidenses acaudalados que se benefician enormemente de un sistema amañado a su favor reaccionan con histeria ante cualquiera que señale cuán amañado está el sistema.</p>
<p>El año pasado, varios magnates del sector financiero enloquecieron por críticas muy ligeras del presidente Barack Obama. Denunciaron que Obama es casi un socialista por refrendar la norma Volcker, por la cual simplemente se prohibiría que bancos respaldados con garantías federales participen en especulaciones riesgosas. Y en cuanto a la reacción a propuestas para cerrar el hueco que permite que algunos de ellos paguen impuestos extraordinariamente bajos, bueno, Stephen Schwarzman, el presidente del Grupo Blackstone, la comparó con la invasión de Polonia por las fuerzas de Hitler.</p>
<p>Y también está la campaña de difamación contra Elizabeth Warren, la reformista financiera que hoy aspira a ser senadora por Massachusetts. No hace mucho, se difundió extensamente en YouTube un video de Warren argumentando en forma elocuente y realista a favor de los impuestos para los ricos.</p>
<p>Nada de lo que dijo era radical. No pasó de ser una observación sobre la famosa máxima de Oliver Wendell: “Los impuestos son lo que pagamos por vivir en una sociedad civilizada”.</p>
<p>Sin embargo, al escuchar a los confiables defensores de los acaudalados, se pensaría que Warren es la reencarnación de León Trotski. George Will declaró que ella tiene “una agenda colectivista”, que cree que “el individualismo es una quimera”. Y Rush Limbaugh la llamó “un parásito que odia a su huésped. Dispuesta a destruir al huésped succionándole la vida”.</p>
<p>¿Qué está pasando aquí? La respuesta, sin duda, es que los Maestros del Universo de Wall Street se dan cuenta, muy en el fondo, de lo moralmente indefendible que es su posición. No son John Galt; ni siquiera Steve Jobs. Son gente que se enriqueció vendiendo complejos planes financieros que, lejos de producir beneficios claros para el pueblo estadounidense, ayudaron a empujarnos a una crisis cuyos efectos retardados siguen arruinando la vida de decenas de millones de sus conciudadanos.</p>
<p>No obstante, no han pagado ningún precio. Los contribuyentes rescataron a sus instituciones con pocas condiciones. Siguen beneficiándose de las garantías federales explícitas e implícitas; básicamente, aún están en un curioso juego de cara o cruz, en el que si sale cara, ellos ganan, y si sale cruz, pierde el pueblo. Y se benefician con los huecos fiscales que en muchos casos permiten que gente con ingresos multimillonarios pague menos contribuciones que las familias de clase media.</p>
<p>Este trato especial no puede soportar un escrutinio detallado. Cualquiera que señale lo obvio, sin importar cuán tranquila y moderadamente lo haga, debe ser satanizado, de allí la frenética difamación contra Elizabeth Warren.</p>
<p>Entonces, ¿quién realmente está siendo antiestadounidense aquí? No los manifestantes, que sólo tratan de hacer escuchar su voz. No, los verdaderos extremistas en todo esto son los oligarcas de Estados Unidos que quieren suprimir cualquier crítica contra las fuentes de su riqueza.</p>
<p><em>Fuente: © 2011 New York Times News Service</em></p>
<p><em>Read more: <a href="http://http://www.elnuevoherald.com/2011/10/13/1043888/paul-krugman-el-panico-de-los.html#ixzz1b9vC1EVT" target="_blank">http://www.elnuevoherald.com/2011/10/13/1043888/paul-krugman-el-panico-de-los.html#ixzz1b9vC1EVT</a></em></p>

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		<title>Las consecuencias mundiales de la decadencia de Estados Unidos</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Aug 2011 14:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
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<p><strong>Immanuel Wallerstein </strong>– <em>La Jornada</em></p>
<p>Hace 10 años, cuando algunas personas y yo hablábamos de la decadencia de Estados Unidos en el sistema-mundo, a lo sumo nos topábamos con sonrisas de condescendencia ante nuestra ingenuidad. ¿No era Estados Unidos la única superpotencia, involucrada en cada uno de los rincones más remotos de la Tierra, haciendo lo que quisiera casi todo el tiempo? Ésta era una visión compartida a todo lo ancho del espectro político.</p>
<p>Hoy, la visión de que Estados Unidos está en decadencia, en seria decadencia, es una banalidad. Todo el mundo lo dice, excepto algunos políticos estadounidenses que temen ser culpados por las malas noticias de la decadencia si la discuten. El hecho es que prácticamente todo el mundo cree hoy en la realidad de esa decadencia. Sin embargo, algo que está menos discutido es cuáles han sido y serán las consecuencias en el mundo de esta decadencia. La decadencia tiene raíces económicas que siguen su curso. Pero la pérdida del cuasi monopolio del poder geopolítico que Estados Unidos ejerció alguna vez tiene consecuencias políticas importantes en todas partes.</p>
<p>Empecemos con una anécdota contada en la sección de Negocios del New York Times el 7 de agosto. Alguien que gestiona inversiones en Atlanta apretó el botón de pánico en nombre de dos acaudalados clientes que le dijeron que vendiera todas sus acciones y que invirtiera el dinero en un fondo común de inversión más o menos blindado. El gestor dijo que, en los 22 años que llevaba en el negocio, nunca había recibido una petición como ésa. Era algo sin precedentes. El periódico le llamó a esto el equivalente “Wall Street” de la opción nuclear. Iba en contra del consagrado consejo tradicional de asumir un enfoque firme y constante conforme se avanza ante los vaivenes del mercado.</p>
<p>Standard &amp; Poor’s ha reducido su calificación crediticia de Estados Unidos de AAA a AA+, también algo sin precedentes. Pero esto fue una acción bastante leve. La agencia equivalente en China, Dagong, ya le había reducido la credibilidad crediticia a Estados Unidos en noviembre pasado a A+, y ahora se le redujo a A-. El economista peruano Oscar Ugarteche ha declarado que Estados Unidos es una república bananera. Dice que Estados Unidos ha optado por la política del avestruz para no espantar a las expectativas (de crecimiento).</p>
<p>Y en Lima, la semana pasada, los ministros de finanzas de los estados sudamericanos, reunidos, han discutido urgentemente cómo aislarse de la mejor manera ante los efectos de la decadencia económica de Estados Unidos. El problema para todo el mundo es que es muy difícil aislarse de los efectos de la decadencia estadounidense. Pese a la severidad de su decadencia económica y política, Estados Unidos continúa siendo un gigante en el escenario mundial, y cualquier cosa que pase ahí sigue provocando grandes olas en todas partes.</p>
<p>Con toda certeza, el impacto más fuerte de la decadencia estadounidense ocurre y seguirá ocurriendo al interior de Estados Unidos. Los políticos y los periodistas hablan abiertamente de la disfuncionalidad de la situación política estadounidense. ¿Pero qué otra cosa puede ser sino disfuncional? El hecho más elemental es que los ciudadanos estadounidenses están aturdidos por el mero hecho de la decadencia. No es sólo que los ciudadanos estadounidenses sufran ellos mismos, materialmente, por la decadencia, y que estén profundamente asustados de que sufrirán más conforme el tiempo avance. Es que habían creído a nivel muy profundo que Estados Unidos es la nación elegida, designada por Dios o la historia para ser el país modelo en el mundo. El presidente Barack Obama sigue tratando de tranquilizarlos diciendo que Estados Unidos es un país triple A.</p>
<p>El problema para Obama y para todos los políticos es que muy pocas personas siguen creyendo eso. El golpe al orgullo nacional y a la imagen propia es formidable, y es también muy repentina. El país está tomando muy mal este golpe. La población busca chivos expiatorios y ataca muy a lo loco, y no con demasiada inteligencia, a los supuestos culpables. La última esperanza parece ser que alguien sea culpable, y como tal el remedio sea cambiar a las personas con autoridad.</p>
<p>En general, las autoridades federales son vistas como las que hay que culpar: el presidente, el Congreso, ambos partidos principales. La tendencia es muy fuerte hacia tener más armas a nivel individual y a ejercer un recorte del involucramiento militar fuera de Estados Unidos. Culpabilizar de todo a la gente de Washington conduce a una volatilidad política y a luchas intestinas locales cada vez más violentas. Estados Unidos es hoy, diría yo, una de la entidades políticas menos estables en el sistema-mundo.</p>
<p>Esto hace de Estados Unidos no sólo un país cuyas luchas políticas son disfuncionales, sino uno que es incapaz de consolidar mucho poder real en la escena mundial. Entonces, hay una caída importante en la fe en el país, y en su presidente, por parte de los aliados tradicionales de Estados Unidos fuera y por la base política del presidente en casa. Los periódicos están llenos de análisis de los errores políticos de Obama. ¿Quién puede argumentar con esto? Con suma facilidad, yo podría enlistar docenas de decisiones que Obama hizo, y que desde mi punto de vista fueron equivocadas, cobardes o algunas veces directamente inmorales. Pero me pregunto si, de haber tomado las mucho mejores decisiones que su base supone que debió tomar, habría habido mucha diferencia en el resultado. La decadencia de Estados Unidos no es el resultado de decisiones pobres por parte de su presidente, sino de las realidades estructurales en el sistema-mundo. Obama puede ser el individuo más poderoso del mundo todavía, pero ningún presidente estadounidense es tan poderoso hoy como los presidentes de antaño.</p>
<p>Hemos entrado en una era de agudas, constantes y rápidas fluctuaciones –en las tasas de cambio de las divisas, en las tasas de empleo, en las alianzas geopolíticas, en las definiciones ideológicas de la situación. El grado y rapidez de estas fluctuaciones conduce a la imposibilidad de contar con predicciones de corto plazo. Y sin alguna estabilidad razonable en las predicciones de corto plazo (tres años más o menos) la economía-mundo se paraliza. Todo el mundo tendrá que ser más proteccionista e introspectivo. Y los estándares de vida bajarán. No es un cuadro bonito. Y aunque hay muchos, muchos aspectos positivos para muchos países a causa de la decadencia estadounidense, no hay certeza de que en el loco bamboleo del barco mundial, otros países puedan de hecho beneficiarse como esperan de esta nueva situación.</p>
<p>Es tiempo de un análisis de largo plazo mucho más sobrio, de juicios morales mucho más claros acerca de lo que el análisis revela, y de acciones políticas mucho más efectivas en el esfuerzo, en los próximos 20 o 30 años, para crear un mejor sistema-mundo que en el que estamos atorados ahora.</p>
<p><em>Traducción: Ramón Vera Herrera</em></p>
<p><em>Fuente: ©Immanuel Wallerstein</em></p>
<p><em> </em></p>

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