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Crisis

13 maig, 2010 - Estatal

Amando García – Consejo Científico de ATTAC España
Es prácticamente imposible tratar de analizar la situación actual en unas pocas líneas. Más allá de las más que justificadas críticas a ciertas entidades supranacionales, mercados financieros y especuladores de todo tipo, algo habrá que decir también sobre la sostenibilidad de algunas economías públicas (¡y también privadas!), que, lo admitamos o no, han estado viviendo estos últimos años muy por encima de sus posibilidades reales.
¿Por qué se habla poco o nada de la absurda multiplicación de administraciones públicas en este país, en ocasiones con competencias solapadas o mal coordinadas?
¿Por qué nadie alude, por ejemplo, al despilfarro que representa la proliferación de canales de televisión públicos en nuestras autonomías (por no aludir a los centenares y centenares de canales locales o privados que existen, muchos de ellos claramente ilegales), cuyos planteamientos en la realidad admiten cualquier calificativo salvo el responder al interés público, por no hablar de su ínfima calidad en la mayoría de los casos?
¿Por qué se sigue discutiendo sobre un cambio de modelo productivo (nada menos!) cuando, al parecer, ni siquiera somos capaces de poner un poco de orden en nuestro maltrecho sistema educativo, que está bajo mínimos en muchos aspectos?
¿Por qué se sigue insistiendo en medidas “absolutamente necesarias”, tales como el retraso en la edad de jubilación, al tiempo que se siguen consintiendo (o incluso alentando) las prejubilaciones en muchos sectores públicos y privados, con el consiguiente coste para nuestros recursos sociales?
¿Por qué se habla ahora (hoy mismo) de congelar las actuales pensiones, que en no pocos casos apenas cubren las necesidades más básicas de los mayores, y nadie parece estar dispuesto a hacer nada ante las noticias aparecidas recientemente en nuestros medios de comunicación sobre las “pensiones” de jubilación de muchos directivos y altos cargos de algunos de nuestros bancos, que son absolutamente insultantes para el resto de los ciudadanos?
¿Cómo compatibilizar ese hecho con las recientes ayudas de dinero público que se han inyectado recientemente a la banca?
En fin, no creo que sea necesario seguir planteando más interrogantes.
Reflexionemos sobre todo esto (y más) y, si es procedente, expresemos nuestro rechazo más inequívoco y contundente a la situación actual, en España y en otros países próximos o lejanos.
Y procuremos explicar lo mejor que sepamos las posibles alternativas a esta situación, que sin duda alguna, responderían mucho mejor a los intereses de la mayoría de los ciudadanos.

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