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¿Cuánto vamos a pagar por el déficit tarifario?

11 juliol, 2010 - Serveis Públics

Ladislao Martínez López – Attac Madrid
El Gobierno publicitó hace aproximadamente un año el llamado “bono social” para los usuarios de la electricidad. Lo cierto es que el citado bono era sólo una más de las diversas medidas contempladas en el Real Decreto Ley (RDL) 6/2009 y permitía que se beneficien de él, ciertos usuarios vulnerables como familias con todos sus miembros en paro, pensionistas con bajos ingresos, familias numerosas y consumidores con poca potencia contratada (hasta 3 kW). Paradójicamente su trascendencia hasta hoy es más bien irrelevante.
Por contra, las contrapartidas que obtuvieron las compañías eléctricas fueron espectaculares, pese a que poco se ha hablado al respecto. Muy en primer lugar les aseguró que pudieran sacar de sus balances hasta 10.000 millones de Euros del déficit acumulado durantes los últimos años y que no pudieron convertir en títulos que colocar en el sector financiero por las difíciles condiciones del momento. Al carecer, hasta ese momento, del aval del Estado varias subastas de títulos con cargo a este déficit habían quedado desiertas por falta de bancos interesados y porque los precios que ofrecían resultaban desmesurados. Con ello se alivió sobremanera la difícil situación financiera de las eléctricas. Porque el déficit lo saldan (anticipan) las compañías productoras que tienen derecho a recuperarlo en años posteriores. Las compañías reflejan el déficit en sus cuentas de resultados como si fuera un préstamo a la tarifa eléctrica. Pero cada vez les costaba más obtener créditos para cubrir este hueco y el precio a pagar era cada vez mayor. Una vez que el Gobierno avaló las emisiones renunció a un arma de intervención frente a un sector en el que ni existe planificación ni compañías públicas… y se cargó con un problema.
En el citado RDL se establece (no por casualidad en el artículo 1.1) que no existirá déficit de tarifa a partir de 2013 y que este déficit deberá reducirse en los próximos años de forma escalonada. En 2009, debería haber sido menor de 3.500 millones de Euros, en 2010 no podrá pasar de 3.000 millones y luego descenderá de forma continua hasta su desaparición. Pero los problemas no han tardado en aparecer. La bajada de la demanda de electricidad en 2009 y los errores en las previsiones de producción han representado un severo varapalo para las expectativas del Gobierno y de las compañías eléctricas tradicionales. Todas las alarmas saltaron cuando la Comisión Nacional de la Energía (CNE) publicó las cifras oficiales del déficit de tarifa del año 2009: 4.615 millones de euros. Más de 1.000 millones por encima de lo establecido para ese año. El mal dato hace muy difícil cumplir lo previsto para 2010, máxime cuando se tendrá que producir aproximadamente el 10 % de la electricidad con carbón nacional en el segundo semestre, lo que representa un significativo sobrecoste para el sistema.
Pero aparecen nuevos problemas no previstos como consecuencia indirecta de la llamada crisis fiscal. La idea de que el Estado avalara la titulación del déficit tarifario era abaratarlo. Los futuros tenedores de títulos en principio deberían estar dispuestos a cobrar menos dinero por estos activos si contaban con la seguridad que ofrecía el Estado. Pero ¿qué ocurrirá como consecuencia de la crisis de la deuda soberana?. Es muy posible que los títulos que no se colocaron en los dos últimos años por entender que la rentabilidad que pedían los bancos era excesiva y que podrían colocarse ahora a un precio significativamente menor, deban venderse efectivamente a un precio mayor. Como hablamos de 10.000 millones de euros un 1% de sobrecoste representa la friolera de 100 millones/año. Todavía no se realizado la colocación en títulos de estos activos pese a que ha trascurrido un año del RDL. Por supuesto que quién pagará este sobreprecio serán los consumidores, sobre todo domésticos de electricidad.
Y ya que hemos de pagarlo conviene saber además tres cosas. La primera es que las anualidades del déficit de tarifa representan ya 1.500 millones de euros al año, algo de lo que se habla muy poco.
La segunda es que desde los años 90, en que la electricidad era considerada un servicio público y los precios de la misma eran determinados administrativamente para todos los usuarios, el sector eléctrico ha funcionado como un mecanismo de reasignación de rentas. Los pequeños usuarios siempre hemos pagado por la electricidad mucho más de lo que valía, permitiendo que los grandes sectores industriales pagaran por ella mucho menos. Especialmente significativo es el caso de la tarifa G-4, de la que se beneficiaron los sectores industriales muy intensivos en el consumo de electricidad y que ha sido siempre muy inferior que la que pagamos, por ejemplo, los usuarios domésticos. En la actualidad hay mucha cháchara sobre la transparencia en la asignación de costes, la aditividad de los mismos y la no discriminación. Pero la transferencia de rentas permanece inalterada. Seguimos pagando más unos para que otros se beneficien. Esto tiene además sus paradojas perversas. Por ejemplo, en lo que va de año (finales de mayo) la demanda de electricidad ha crecido casi un 5 %. Es decir a un ritmo de casi un boom económico. Cierto efecto ha tenido en este comportamiento el que se haya tratado de un invierno más frío de lo habitual, pero descontado este efecto la demanda aún ha crecido a un ritmo trepidante del 3,5 % anual. Los responsables de esta subida son los sectores muy intensivos en consumo eléctrico (siderurgia, metalurgia no férrea,….) que producen fundamentalmente para los mercados internacionales que ya se encuentran en crecimiento. Si en el mismo periodo de 2009 redujeron drásticamente su producción por la crisis, hoy son los responsables de la “sorprendente subida” de la demanda de electricidad. La paradoja es que como ellos pagan por la electricidad menos de lo que realmente cuesta cuanto más se incrementa su demanda más crece el déficit que deberemos pagar mañana los usuarios domésticos. El problema es que el Ministro de Industria se muestra insensible a esta transferencia opaca de rentas y no para de insistir en que los precios de la electricidad del sector industrial español son superiores a la media comunitaria.
La tercera y más importante es que el precio excesivo de la electricidad (y por tanto en los parejos y desmesurados beneficios del sector) influye mucho más el deficiente funcionamiento del mercado marginalista que las primas a las energías renovables. Cada vez más expertos se atreven a hablar de ello. Por aclararlo en un año hidráulico medio las centrales nucleares y los grandes embalses pueden producir unos 80 terawatioshora (TWH) de una producción total de 260-270 TWH. Esta energía que tiene unos costes relativamente bajos: tanto las centrales hidráulicas como las nucleares ya están amortizadas y los costes de combustible son menores de los de las centrales de gas que suelen fijar el precio marginal… pero cobran por ella lo mismo que estas últimas. Por ello sus márgenes de beneficio son ingentes…y simultáneos al crecimiento del déficit.

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