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Cuidado, que nos quedamos sin hijos de puta

30 gener, 2011 - Opinió

Isaac Rosa – Comité de Apoyo de ATTAC España
“Mubarak ha sido un aliado en muchas cosas, muy responsable. No diría que es un dictador, pero debe ser más sensible con su pueblo.” -Joe Biden, vicepresidente de Estados Unidos
Los ciudadanos árabes de varios países, esos que siempre se nos muestran incompatibles con la democracia, de natural violento y partidarios del burka, se han hartado de sus gobiernos corruptos y represores y se han echado a la calle. La falta de expectativas, el cambio generacional y la crisis económica han encendido países donde, créanme, es un pelín más difícil manifestarse que aquí.
Pero claro, esa gente a medio civilizar no puede hacerse cargo de sus asuntos, así que ya están las elites locales y los aliados extranjeros maniobrando para que las cosas cambien pero sin pasarse, para encontrar ese equilibrio que contente lo justo a los ciudadanos pero sin alterar las estructuras de poder, y sobre todo sin perder esa “estabilidad” regional que tanto valoramos.
Nos hemos pasado décadas sosteniendo dictaduras en el norte de África y en Oriente para asegurar el control de los recursos energéticos, el equilibrio geoestratégico, la llamada “guerra contra el terrorismo” y la contención del islamismo. Ahí están los 1.300 millones anuales de ayuda militar a Egipto, cuya principal virtud es su buena relación con Israel. Pero se ve que las dictaduras corruptas ya no nos valen, no sirven para contener el descontento, y habrá que inventar otra cosa.
Los Ben Ali, Mubarak y compañía que hoy se tambalean han sido durante años nuestros hijos de puta en la zona, siguiendo la vieja máxima de la realpolitik (ya saben: “es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”). Sabíamos que se enriquecían a costa de la miseria de sus pueblos, que encarcelaban y torturaban, pero eso eran minucias a cambio de la tranquilidad de tener controlados a esos árabes revoltosos, que ya sabemos lo que pasa cuando les dejan votar, acaban eligiendo a gobernantes que no nos dan gas barato, ni nos dejan poner cárceles secretas en su territorio, ni doblan el espinazo con tanta facilidad, y que además apoyan a los palestinos y llevan la contraria a Israel.
Ojalá los tunecinos, los egipcios y el resto de pueblos sometidos puedan decidir su futuro. Pero me temo que no se lo permitiremos.
Artículo publicado en Público

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