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De partisanos y melancólicos

8 juny, 2011 - Opinió

José Antonio Pérez – ATTAC Madrid.
Tras los últimos comicios, el mapa político español se ha teñido de azul. Color que por estas latitudes simboliza lo peor del conservadurismo: la dictadura, las camisas del fascio celtíbero. Pero para gustos, colores, dice el refrán. En los países anglosajones se asocia al azul con la tristeza y la melancolía, y de ahí los blues, esa singularidad musical. Si los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía, hay en España en estos momentos razones de sobra para estar melancólicos. Celebremos al menos ese premio con el que acaban de distinguir a Leonard Cohen, que ha sabido elevar la melancolía a categoría poética.
El color azul es una de las seis sensaciones cromáticas básicas de la visión humana normal. O sea, que en sí mismo no contiene virtud ni vicio alguno. Somos los humanos los que, tradición cultural mediante, utilizamos los colores como atributos simbólicos. Azul es, por ejemplo, la muceta que distingue a los doctores en Filosofía. Pero, en el campo político, el azul está asociado con lo peor del conservadurismo celtíbero: la dictadura y las camisas del fascio celtíbero, cuyo añil intenso ha diluido ahora en su emblema azul celeste el Partido Popular, que integra al espectro completo de la derecha española.
También han sido encuadernados en azul los 50 volúmenes del Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia. Un ingente trabajo, que paga el contribuyente, y que ha sido puesto en tela de juicio ante la falsificación de la realidad histórica patente en algunas de sus entradas.
Una de ellas, es la referida al dictador que sumió este país en una negra noche y cuyo nombre no escribo en este cuaderno para no infectarlo. El Diccionario Biográfico Español edulcora la figura de este personaje cuyos restos debieran estar enterrados en una cloaca, de manera que se viene a negar que existiera una dictadura en este país. Los detalles han sido aireados suficientemente en la prensa, así que me evitaré reproducirlos.
Una auténtica tropelía intelectual que el Nobel de literatura Mario Vargas Llosa resume: “Lo que ha ocurrido con la Real Academia de la Historia es una auténtica vergüenza, sobre todo en lo que se refiere a la biografía de […]. No se puede admitir esto a estas alturas. Y aún menos se puede tolerar que esto se pague con dinero público”.
Un puñado de redactores sectarios pueden haber arruinado el trabajo de investigadores serios y decentes. La labor de más de 5.000 biógrafos, tres siglos de espera y 10 años de trabajo ha quedado en entredicho merced a la tendenciosa selección de los encargados de escribir algunas de las voces sensibles de este diccionario. Muchos de estos colaboradores se sienten entre decepcionados y avergonzados por la falta de rigor de la institución que recurrió a ellos y de la que recibieron unas estrictas reglas de estilo destinadas a garantizar la neutralidad de los textos en una obra de consulta pagada con 6,4 millones de euros de dinero público, aportados desde 1999.
Los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía, se suele afirmar, atribuyendo la paternidad de esta idea a Ortega y Gasset, aunque venga de épocas más antiguas. Hay en España en estos momentos razones de sobra para que a la gente con un mínimo sentido del decoro moral nos invada la melancolía: corruptos premiados por los electores en las urnas, sindicatos vencidos por la patronal tras no haber sabido defender nuestro sistema de pensiones públicas. Académicos que falsean la historia, mejor dicho, ese conjunto de relatos que compone la historia universal de la infamia y que algunos pretenden elevar a la categoría de historia universal de la humanidad.
En La sociedad abierta y sus enemigos, sostiene el filósofo Karl Popper que resulta una ofensa contra cualquier concepción decente del género humano tratar la historia del pecado, del robo o del envenenamiento, como la historia de la humanidad:”la historia del poder político no es sino la historia de la delincuencia internacional y del asesinato en masa”. Ésta es la historia, dice Popper, que “se enseña en las escuelas y se exalta a la jerarquía de héroes a algunos de los mayores criminales del género humano”.
Frente a la melancolía producto de tanto esfuerzo inútil, nos queda al menos un consuelo. Y es que, ya que los españoles costeamos el premio que lleva al heredero de la Corona a darse un barniz de postín cultural, en esta ocasión el premio Príncipe de Asturias haya servido para distinguir a Leonard Cohen, el cantor que ha sabido elevar la melancolía a la categoría poética.

A modo de saludo al premiado y consuelo de resistentes, traigo aquí la letra de una de sus canciones:

The Partisan

When they poured across the border

I was cautioned to surrender,

this I could not do;

I took my gun and vanished.

I have changed my name so often,

I’ve lost my wife and children

but I have many friends,

and some of them are with me.

An old woman gave us shelter,

kept us hidden in the garret,

then the soldiers came;

she died without a whisper.

There were three of us this morning

I’m the only one this evening

but I must go on;

the frontiers are my prison.

Oh, the wind, the wind is blowing,

through the graves the wind is blowing,

freedom soon will come;

then we’ll come from the shadows.

Les Allemands e’taient chez moi, (The Germans were at my home)

ils me dirent, “Signe toi,” (They said, “Sign yourself,”)

mais je n’ai pas peur; (But I am not afraid)

j’ai repris mon arme. (I have retaken my weapon.)

J’ai change’ cent fois de nom, (I have changed names a hundred times)

j’ai perdu femme et enfants (I have lost wife and children)

mais j’ai tant d’amis; (But I have so many friends)

j’ai la France entie`re. (I have all of France)

Un vieil homme dans un grenier (An old man, in an attic)

pour la nuit nous a cache’, (Hid us for the night)

les Allemands l’ont pris; (The Germans captured him)

il est mort sans surprise. (He died without surprise.)

Oh, the wind, the wind is blowing,

through the graves the wind is blowing,

freedom soon will come;

then we’ll come from the shadows.

Cohen compuso The Partisan a partir del texto original de La Complainte du partisan, una canción que escribió Emmanuel d’Astier de la Vigerie (apodado “Bernard” en el ejército clandestino) en Londres en 1943 poniendo letra a la música compuesta por Anne Marly. Se emitió por primera vez en la BBC dirigida a la Francia ocupada y fue uno de los discos destruidos por la DCA alemana durante un bombardeo contra la Resistencia francesa. Una magnífica interpretación puede verse en este video, grabado en San Sebastián (1988)
http://www.youtube.com/watch?v=ezCqzt3vAXw&feature=player_embedded
Carnet de paro.

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