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Debilitar el fondo de rescate

4 març, 2011 - Unió Europea

Miguel Otero Iglesias – Comisión Justicia Fiscal Global de ATTAC España
Mientras podemos ver como el mundo árabe está envuelto en una ola revolucionaria, en Alemania también se está produciendo una revolución, pero en este caso no está liderada por elementos progresistas, sino más bien por fuerzas conservadoras. Después de ver como la propuesta sobre un pacto de competitividad de Merkel fue rechazada por la mayoría de los mandatarios europeos en el último consejo europeo, la elite conservadora alemana se ha propuesto utilizar todas las armas a su alcance para bloquear cualquier intento de crear una transfer union, vamos, una unión fiscal por la puerta de atrás en la que los países ricos (principalmente Alemania) ofrecen sistemáticamente fondos a los países pobres, o sea, la periferia.
El mes de marzo va a ser clave en las negociaciones para establecer un mecanismo permanente de rescate para la zona euro que sustituya a partir de 2013 el actual fondo europeo de estabilidad europea (EFSF, en sus singlas en inglés). Para ello el consejo europeo se va a reunir, primero el 11 de marzo y después, en lo que será la cita más importante, el 24 de marzo. Las posiciones están en estos momentos muy distantes. Los países de la periferia, apoyados por el Banco Central Europeo (BCE), proponen que se amplíen sustancialmente los recursos del EFSF y que el futuro mecanismo europeo de estabilidad (ESM, en sus siglas en inglés) tenga la potestad de comprar deuda pública de países en dificultades financieras. Para ello se agarran al principio de solidaridad entre los países de la zona euro. Si un país entra en crisis, lo normal es que los otros arrimen el hombro.
En Alemania, sin embargo, la cosa se ve de manera diferente. Lo de la solidaridad está muy bien en momentos puntuales, pero lo que no puede ser es que los alemanes tengan que estar rescatando constantemente a los países de la periferia. Estos tienen que empezar a producir más y gastar menos. Con esta lógica bajo el brazo Merkel y Sarkozy propusieron el pacto de competitividad. Lo que no se esperaban es semejante rechazo. Merkel esperaba intercambiar solidaridad por austeridad, y la jugada le salió mal. Por si esto no fuera suficiente, días después vio como perdía una de sus cartas más valiosas, el presidente del Bundesbank Axel Webber. En última instancia, Merkel siempre pensó que podía utilizar la carta de Webber en las negociaciones. Como política astuta que es, Merkel sabía que si la periferia demandaba demasiado en relación al ESM, ella podía amenazar con poner a Webber, un halcón consagrado, al frente del BCE. Una posibilidad que solamente con ponerla en la mesa asustaría a la periferia. Si, en cambio, la periferia insistiese en sus demandas y aceptase la candidatura de Webber (algo improbable), Merkel siempre hubiese podido venderle a su electorado que sí, que había cedido en solidaridad, pero a cambio había conseguido estabilidad alemana al frente del BCE.
El posicionamiento de Merkel era ciertamente inteligente, lo malo es que no ha salido como pensaba. Webber es demasiado halcón para ser utilizado como moneda de cambio y ha retirado su candidatura antes de tiempo, dejando a Merkel en una posición de debilidad. Es por eso que actualmente la elite política conservadora alemana se ha levantado en armas para reforzar la posición de Merkel frente a las duras negociaciones de marzo. Los parlamentarios de los tres partidos que forman el actual gobierno de coalición de centro-derecha, y que ostentan la mayoría en el Bundestag, han propuesto una resolución de ley en la que se rechaza explícitamente la compra por parte del ESM de deuda pública de los países miembros. En esta resolución se deja además claro que las deudas de un país no deben convertirse en deuda de todos los países de la zona euro, en una clara alusión a la propuesta de crear eurobonos. La idea por detrás de todos estos cerrojos, que cuentan además con el aval de 189 economistas alemanes que han firmado una carta de apoyo a estas medidas, es que cada país aguante su propia vela. La solidaridad debe ser el último recurso. Antes un país en dificultades tendrá que declarar suspensión de pagos y reestructurar la deuda. Es decir, los acreedores privados van a tener que pagar su parte antes de que el contribuyente alemán venga al rescate. En definitiva, para la clase política conservadora alemana los mercados deben disciplinar a los gobiernos. Es por eso que también se oponen a que el BCE compre deuda pública de los gobiernos.
Pero, ¿realmente saben los parlamentarios alemanes lo que están pidiendo? Si los que deben pagar la deuda de la periferia son los acreedores privados eso significaría grandes pérdidas para la banca alemana. Según datos del Banco Internacional de Compensaciones de Basilea (BIS, en sus siglas en inglés), actualmente los bancos alemanes están en posesión de más de 500.000 millones de euros en deuda griega, irlandesa, portuguesa y española. Vamos a suponer que el hair cut (la quita) para los acreedores es entorno al 20%, o sea 100.000 millones. Esa es una cifra que hundiría muchos bancos y crearía un pánico sin precedentes en Alemania. La pregunta realmente es, ¿a quién prefiere rescatar el gobierno alemán, a la periferia o a sus bancos? La respuesta es difícil. El trabajador alemán odia tener que ayudar a ‘los vagos’ del sur, pero todavía le irrita más tener que salvar a los codiciosos banqueros.
Artículo publicado en Xornal de Galicia

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