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Decíamos ayer y teníamos razón

14 gener, 2013 - Crisi sistémica, Opinió

J.F. López AguilarEl Huffington Post
Sorteando la esquina del fin de año y del año nuevo, nos reencontramos donde “decíamos ayer”, sólo que cada día con mayor carga de razón. Cualquier lector atento de la realidad habrá percibido, sobreviviendo el paréntesis festivo de las fiestas navideñas y disponiéndose a encarar la cuesta del nuevo año, el cambio del viento dominante en la evaluación de la llamada política de austeridad recesiva (austerity only policy) impuesta desde hace años por la correlación de fuerzas conservadoras dominantes en la UE.
Estoy hablando no sólo de la convicción cada día más generalizada de que el derrumbamiento de la inversión pública conduce a la UE al desastre, sino de la percepción -mucho más reciente en el tiempo- de que la disparatada austeridad recesiva muestra, además, efectos perversos y amenazadores para la propia posición de ventaja relativa que ha desempeñado Alemania.
Irónicamente, los primeros indicios del cambio de rumbo del viento vinieron del FMI: esto no está funcionando, el “austericidio” es nuestro pasaporte al desastre. Ahora son cada vez más frecuentes los analistas alemanes que advierten de la insostenibilidad de la austeridad capitaneada por Merkel. Plantean, por el contrario, de forma cada vez más abierta, su reconsideración: estímulo a la demanda interna, mejora del poder adquisitivo (incrementos salariales) de los trabajadores alemanes, y nuevos impulsos sociales (a través del diálogo social y grandes acuerdos transversales) al relanzamiento conjunto del ahora desfallecido proyecto europeo.
Así no podemos seguir. Lo ve y lo sabe todo el mundo: literalmente, EE UU, China, Brasil, México y el resto de los grandes actores globalmente relevantes. Lo saben a ciencia cierta las organizaciones que timonean mal que bien la globalización: el G20, el FMI, el Banco Mundial, la OCDE. La UE debe cambiar de ruta. Debe hacerlo además, en el escalón europeo. No en la descomposición factorial de su subconjunto (la zona euro, el Fiscal Compact). Y debe hacerlo cuanto antes, so pena de acentuar la deriva hacia la irrelevancia a riesgo de hacerla irreversible.
El rumbo tiene que cambiar. Y tiene que cambiar en la dirección que los socialistas y los socialdemócratas europeos hemos venido postulando a lo largo de todo el manejo de la crisis impuesto por esa mayoría subordinada a Merkel:

 

 
Además, es preciso cambiar los términos del gran debate presupuestario europeo y de adopción del hoy llamado “Marco Financiero Plurianual”. Debemos asegurar un presupuesto de inversión frente a la recesión, expansivo y anticíclico -no al revés, como pretende buena parte de la derecha europea-, y utilizar los remanentes europeos con flexibilidad para estimular el crecimiento, la generación de empleo (la llamada “garantía de empleo juvenil”) y la modernización del modelo productivo europeo en su conjunto. En esta dirección juega un papel decisivo el Mecanismo Conectar Europa que debería financiar sus redes transeuropeas. Y ello para alentar no un horizonte de crecimiento indefinidamente “incremental”, y por lo tanto destructivo e insostenible, sino un horizonte de dignidad y bienestar sostenible, inteligente y globalmente solidario.
Lo dicho, es parte del discurso y del relato que los socialistas europeos veníamos diciendo ayer, y anteayer, y el día de antes. Desde el inicio mismo del desastroso manejo de la crisis que nos está hundiendo en este abismo. El mismo que nos ha impuesto esta doble recesión, insoportablemente prolongada; el paro masivo, la destrucción de servicios públicos, y el pesimismo y la desesperanza en que la gestión impuesta por la derecha a esta maldita crisis han convertido esta agónica cuesta de enero que adentra a la Unión Europea en la globalización.
 

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