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Deportada en Viernes

8 agost, 2010 - Opinió

Helena MalenoPeriodismo Humano
Cuando el estado español deporta en viernes, las organizaciones sociales tienen menos tiempo de reaccionar y utilizar los resortes legales para evitar las violaciones de los derechos humanos.
Freedom con diecisiete años de edad (cumplía dieciocho el próximo mes de octubre), asmática crónica y presunta víctima de trata, fue deportada a Nigeria  el viernes 30 de julio.
Fue abandonada en una ciudad que no conoce a bastante distancia de su pueblo natal.
Freedom se encuentra actualmente hospitalizada con fuertes dolores en el pecho. En el Centro de Internamiento de Málaga no recibió el tratamiento médico para su enfermedad.
Es la segunda crisis que sufre este año, la primera fue en Marruecos, durante la primavera. Paradójicamente en el Reino de Marruecos y en Nigeria ha recibido una asistencia sanitaria  más adecuada  que en el estado español.
Llegó a nuestras costas en patera. Se declaró menor de edad pero las pruebas radiológicas forenses, tremendamente cuestionadas por su fiabilidad, determinaron que tenía cumplidos los dieciocho años. No pudo documentar que no era así.
De familia pobre, monoparental, apenas sabe leer y escribir.
Pidió asilo porque huía de su país de un matrimonio forzado. Su historia no convenció a nuestras autoridades.
El paso por Marruecos indica que estaba dentro de una red de trata con fines de explotación que le facilitó el trayecto a Europa. Antes ya había sido explotada sexualmente durante un año en Libia.
Freedom  tenía miedo, mucho miedo, pánico decía ella, pero le costaba decir la verdad de lo que le había sucedido durante su trayecto migratorio.
En el CIE  apenas hablaba con nadie, decía que la policía chapurreaba el inglés y que todas sus compañeras se expresaban en castellano.
La soledad, la incomprensión y el miedo que una presunta víctima de trata puede sentir en un centro de internamiento, más similar a una cárcel, no es el medio adecuado para protegerla.
Entiendo perfectamente que una persona en esas condiciones de privación de libertad no sea capaz de expresarse.
El día que visité a Freedom en el CIE me impresionaron las  puertas con barrotes de hierro. Nunca pensé que aquello fuese tan parecido a una cárcel y  a otros centros que se encuentran en países sin democracia.
Después vino el detector, el control. No me dejaron entrar el bolso, todas las pertenencias quedaban en manos de la policía.
Así desposeída de todo, incluso de mi documentación, me dejaron entrar en la  sala de visitas. Había más familiares.
Una mujer discutía con el policía que la acusaba de intentar introducir un mechero, mientras ella le decía que no lo había visto. En la promoción de tabaco que había en el estanco regalaban un encendedor y la señora no había pensado que pudiese ser un arma letal para las autoridades del CIE.
Parecía tan absurda la conversación, tan desmesurada la reacción del policía, todo ello ,además,  a través de otra puerta con barrotes. La misma que hacía un momento se había cerrado a mis espaldas.
Allí estábamos esperando a los “presos”.
Freedom entró y la puerta volvió a cerrarse. Pudimos estar juntas poco tiempo.
Ella siempre miraba la cámara mientras hablaba, un artefacto blanco que vigilaba nuestros movimientos. En treinta minutos la visita se había terminado, la de otros familiares también:  la mujer del chico marroquí y el hermano del senegalés.
A la vuelta los barrotes se cerraban a nuestro paso de nuevo.
Los CIEs son cárceles para inocentes, cárceles de presos que huyen de la violación de sus derechos fundamentales,  donde se mezclan víctimas de trata, refugiados, menores, personas en búsqueda de un futuro.
Adama, Salifo, Yakariya y Sumaoro esperan la asistencia de los abogados de CEAR en el Centro de Internamiento de Barcelona. Son costamarfileños, tres de ellos poseen el Estatuto de Refugiado desde Marruecos.
Más de dos semanas tardaron las autoridades del CIE en permitirles la tramitación del asilo e hicieron falta una  serie de presiones del exterior.
A día de hoy no han permitido el acceso de CEAR para su asistencia letrada. Según el CIE los interesados no lo han manifestado.
Adama, Salifo, Yakariya y Sumaoro llaman cada día por teléfono para explicar que nadie les escucha dentro de aquella prisión.
Tal vez la próxima vez que llamen se encuentren en otro país porque  hayan sido deportados en viernes como Freedom.

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