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Desobediencia: si nosotros no nos dejamos, ellos no gobiernan

26 octubre, 2010 - Opinió

José Antonio Pérez – ATTAC Madrid
“Ciudadanos, como premio a vuestro sacrificio laboral, os garantizamos, bajo contrato político, que, una vez superada la actual crisis, la riqueza se repartirá con equidad”. Esa sería una buena fórmula para implicar a una sociedad desmoralizada en la reconstrucción del país. Pero, a cambio de nuestro sacrificio, lo único que nos ofrecen los gobernantes es restablecer el equilibrio del sistema y dejarlo en la misma situación de injusticia y desigualdad en el que estaba antes de la crisis. En tales condiciones, a la ciudadanía quizá le convenga emprender el camino de la desobediencia.
En la voz, “desobediencia”, el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua dice que es: “Acción y efecto de desobedecer, es decir, no hacer uno lo que se le ordena desde una instancia superior”. En los últimos tiempos, los gobernantes nos están ordenando que obedezcamos a “los mercados”. Cuyos portavoces nos vienen a decir lindezas tales como: “trabajad más, con salarios más bajos, y hacedlo hasta bien entrada vuestra vejez”. Sólo una nación de locos podría obedecer tales consignas. Por lo tanto, la respuesta más sensata por parte de la ciudadanía debería ser, de entrada, desobedecer esas consignas. Es una cuestión de supervivencia.
La desobediencia civil es una forma de protesta que se sustancia en la negativa, por métodos pacíficos, a cumplir una disposición legal.
La doctrina jurídica más aceptada considera que alguien comete un acto de desobediencia civil: «si, y sólo si, actúa de manera ilegal, pública, sin violencia y conscientemente, con la intención de frustrar las leyes, políticas o decisiones de un gobierno». Esta definición se ajusta a la doctrina expuesta por el norteamericano John Rawls en su Theory of Justice. La desobediencia civil se diferencia de otras formas legítimas de resistencia en el carácter expresamente no violento de sus acciones.
La desobediencia civil se inspira en la acción del ciudadano estadounidense H. D. Thoreau, que en 1846 fue encarcelado en su ciudad natal de Concord (Massachusetts) por negarse a pagar impuestos. La razón que adujo para negar su colaboración financiera al Estado fue la de no estar dispuesto a sostener a un gobierno que mantenía la esclavitud y una guerra injusta, como la que en ese momento los Estados Unidos habían declarado a México. Thoreau resumió su doctrina en un manifiesto titulado Sobre el deber de la desobediencia civil.
En 1896, Mohandas K. Gandhi, preso en una cárcel de Sudáfrica, releyó el libro de Thoreau y decidió adoptar los principios de la desobediencia civil en sus campañas de lucha por los derechos civiles y, finalmente, en el movimiento de independencia de la India. Destacados activistas, como el filósofo Bertrand Russell o el líder de color Martin Luther King, han propugnado esta forma de protesta. En España, la desobediencia civil ha sido practicada con especial intensidad por el movimiento de insumisión al servicio militar obligatorio.
La desobediencia social es la propuesta de los partidarios de impugnar la norma primordial que, aun no escrita, está en la base de la legitimidad del Estado y del Orden Establecido: “es necesario obedecer las normas”. Propugnada desde el Movimiento de los Desobedientes italiano, se pretende superar la desobediencia civil entendida como una práctica «protegida», encerrada en el marco de la doctrina liberal.
Según este nuevo punto de vista, la desobediencia civil tradicional consistiría fundamentalmente en la confrontación con una ley o una autoridad pública que se considera en contradicción con una ley o norma de rango superior. Se trataría, por lo tanto, de un tipo de desobediencia limitada, condenada a ser recuperada por un orden normativo que quedaría siempre en alguna medida reforzado.
Frente a ello, la desobediencia social cobra el carácter de un tipo de subversión radical, no recuperable para el sistema normativo establecido, por cuanto lo desborda, poniendo en tela de juicio la propia legitimidad del dominio y del mando estatales.
En este sentido, es recomendable ver esta parodia del film Der Untergang mostrando el mundo después de la victoria del pueblo. El mensaje es sencillo: Si nosotros no nos dejamos gobernar, ellos no gobiernan nada. Apresúrense a verlo, antes de que la retiren, en el siguiente enlace
http://www.facebook.com/video/video.php?v=153941754645608
Carnet de Paro.

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