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Domínate a ti mismo: Las guerras de ocupación recicladas

7 novembre, 2009 - Opinió

Manuel FreytasIAR Noticias
Las invasiones militares USA-UE (léase EEUU-OTAN) para salvar a los países del “eje del mal” no llegan solas: Con los marines, los tanques Abrams y los misiles de última generación también llegan los banqueros (a invertir en la “reconstrucción), las petroleras, los ejércitos privados y todas las corporaciones capitalistas que reciclan el país ocupado en una nueva “unidad de negocios”.
También llegan la TV y la sociedad de consumo capitalista a imponer la ideología y los valores sociales del dominador. De la mano de la soldadesca (mercenarios del Imperio) también llegan las drogas, la prostitución, la contratación de jóvenes como mercenarios de la CIA, y la implantación del estilo “fashion” de las sociedades capitalistas decadentes que hacen creer a los invadidos que “llegó la democracia occidental”.
Con las llamadas “guerras preventivas” iniciadas por los halcones tras el 11-S, no solamente se conquista militarmente sino que también se abren nuevos ciclos de expansión y ganancia capitalista en los nuevos mercados sometidos con el argumento de la “guerra contraterrorista”.
Los US$ 1,460 billones de gastos militares en el planeta y la expansión geométrica de las ganancias de los consorcios de la guerra de Europa y EEUU, son la prueba más irrefutable de la relación simbiótica establecida entre el sistema capitalista con los conflictos armados y las ocupaciones militares.
Uno se retroalimenta de los otros, y ambos términos de la ecuación conforman la piedra angular de la existencia misma del sistema imperial  que hoy controla el mundo.
La sumatoria interactiva de la rentabilidad comercial con las ocupaciones y despliegues militares en alta escala, marca a su vez el escenario de la “guerra permanente” como una lógica de supervivencia irrenunciable del sistema capitalista.
A tono con la era de la Guerra de Cuarta Generación, las invasiones militares del Imperio no solo matan el cuerpo de los invadidos, sino que también matan su cerebro. Increíblemente, las nuevas invasiones militares del eje sionista USA-UE se realizan bajo el argumento  de la “paz y de la democracia”.
En medio del asesinato represivo sangriento, en medio del exterminio militar a los que resisten, el aparato invasor impone y nivela el individualismo, la indiferencia y la ideología consumista como agentes activos de la destrucción cultural y social de los países sometidos.
El mundo imperializado está en un nueva guerra de conquista, y el nuevo teatro de operaciones, la batalla final, se desarrolla en la cabeza del invadido.
El dólar, moneda de curso legal del Imperio invasor, sirve como medio psicológico y de pago para disciplinar y convertir al propio invadido en “soldado mercenario cooperante” de los planes de dominio y de control social en el país ocupado.
Como primera misión, la CIA divide por medio de una guerra civil paralela que rompe y atomiza la resistencia psicológica y militar de los invadidos. Como segunda misión,  los estrategas de guerra psicológica del Pentágono instalan el programa y la cultura del dominador en la cabeza del dominado.
En la lógica comunicacional del Imperio invadir significa el triunfo de la “civilización” sobre la “barbarie”.
Las bombas y los misiles inteligentes, los cuerpos desmembrados de niños, mujeres y hombres exterminados en masa en los “búnkeres terroristas”, se combinan (como en Irak y Afganistán) con elecciones “libres”  y con candidatos vendidos por medio de técnicas avanzadas de marketing y de campañas  electorales “occidentales”.
El absurdo, la farsa y el genocidio militar en masa adquieren “formas pacificas y democráticas”.
Que las propias fuerzas colaboracionistas o las tropas invasoras (que masacran a diario población civil, incluidos mujeres, niños y ancianos) transporten y custodien urnas para hacer “votar libremente” a invadidos que ni siquiera saben leer y escribir, demuestra que el “sistema democrático” imperial se ha salido de los marcos de una estrategia de “dominio sin las armas” para convertirse en una enfermedad mental trasmitida por el sometedor al sometido.
Para la ONU, legitimadora internacional de las invasiones armadas, el  “gran desafío” en los países ocupados es “hacer tomar conciencia a la numerosa población analfabeta de la importancia de las elecciones y explicar cómo funciona el proceso electoral”.
En medio de la masacre militar, en los centros residenciales acomodados de Bagdad, Kabul e Islamabab, florecen las catedrales del consumo: Boliches de “onda”, boutiques, restaurantes y hoteles cinco estrellas que acogen a las clases locales cipayas enriquecidas y a los empresarios de la ocupación en un solo ámbito de “diversión y esparcimiento”.
Los tugurios, los “mercados underground” del esparcimiento, con drogas baratas, prostitutas, travestis y sida incorporado, están reservadas (como cualquier país occidental) a las clases menos pudientes.
Bill Clinton las llamó “misiones humanitarias”,  Bush hijo las denominó “cruzadas contra las tiranías del eje del mal”, Obama las quiere encuadrar en una misión de “reconversión democrática de los bárbaros”, y las corporaciones y bancos capitalistas imperiales (menos soñadoras) las siguen llamando “oportunidades para hacer negocios”.
En la realidad, se trata de las viejas guerras de ocupación recicladas.
O, como diría Clinton en la intimidad, se trata de la economía por otras vías, estúpido.

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