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El ascenso de Wall Street como la clase dominante a través del socialismo para los ricos

27 desembre, 2010 - EE.UU.

Thomas Volscho La Tribuna Hispana USA
¿Quién gobierna América? Los sociólogos y los científicos políticos han discutido esta pregunta desde que C. Wright Mills publicó su libro La Elite del Poder, en 1956. Escrito en los años 50, Mills argumentó que los Estados Unidos era gobernado por un triángulo de poder entre el gobierno federal, las grandes corporaciones, y el complejo industrial militar (con mucha gente moviéndose entre estos sectores). Robert McNamara fue de ser el CEO de la Ford Motor Company a la Secretaria de Defensa bajo las administraciones de Kennedy y Johnson (los ejemplos modernos incluyen a Dick Cheney, Henry Paulson, Robert Rubin, Larry Summers, etc.). Desde finales de los 1960′s, el sociólogo G. William Domhoff ha revisado, actualizado, y aumentado la sofisticación de la teoría de la élite del poder. Si miramos la composición a nivel del gabinete y otras nominaciones de la Casa Blanca desde la administración de Reagan, está claro que hay un movimiento significativo entre Wall Street y el Banco de la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro. ¿Pero por qué? Las respuestas se encuentran en las crisis sociales y económicas de los años 60′s y 70′s.
El índice de ganancias en el sector no financiero bajó después de haber llegado a su pico en 1966 y continuó su caída hasta mediados de los años setenta. Al mismo tiempo, los movimientos de Derechos Civiles, anti guerra, feminista, el poder marrón, el poder negro, el movimiento indio americano, las rebeliones de los estudiantes, las revueltas en las prisiones, y otras rebeliones contra el poder establecido tuvieron lugar. Las victorias regulatorias de Ralph Nader y otros desafíos al poder del establishment capitalista fueron consideradas, cada vez más, como una amenaza en los años 70. Lewis F. Powell (abogado corporativo, miembro de consejos, y futuro juez del Tribunal Supremo) escribió un memorándum a la Cámara de Comercio en 1971 e inició el documento indicando, “Ninguna persona pensante puede cuestionar que el sistema económico norteamericano está bajo un amplio ataque”. Pero lo más alarmante era que “aunque los portavoces de la Nueva Izquierda estaban teniendo éxito en radicalizar a millares de jóvenes, la gran inquietud que preocupaba era la hostilidad de liberales respetables y de reformadores sociales”. El gran miedo era que los liberales centristas se estaban haciendo más radicales. Otro miedo era que las clases que se graduaban de (la elitista Universidad de) Yale (integradas por hijos de familias de antiguas y nuevas fortunas que debían ser parte de las elites) a finales de los años 1960′s y años 1970′s incluían a los que eran versados en la “política de la desesperanza”.
En respuesta, los capitalistas se movilizaron política e ideológicamente. Antes de 1976, la Cámara de Comercio de los EE.UU. comenzó a aumentar su membrecía rápidamente y lo dobló en 1980. En 1975, había poco menos de 200 Comités de Acción Política corporativos (PACs) pero alrededor de 1400 antes de 1981. Las facciones ideológicas de la derecha en los últimos años 70 incluyeron a los defensores de la teoría de la economía de oferta, los monetaristas, y neoconservadores. Cada una de estas facciones estaba en el poder en el Departamento del Tesoro, la Casa Blanca, y el Banco de Reserva Federal a principios de 1979. Mientras que no necesariamente siempre avanzaban, ellos pusieron en marcha políticas que llevaron al ascenso de la Clase Dominante de Wall Street.
Los defensores de la teoría de la economía de oferta argumentaban que las reducciones radicales de impuestos incrementarían el desarrollo económico, a tal punto que aumentaría realmente los ingresos fiscales del gobierno. Esta teoría (conocida como la “Curva de Laffer”) fue dibujada en una servilleta en una barra y después presentada en editoriales en el Wall Street Journal. Uno de los “chicos maravilla” de Reagan, David Stockman de la Oficina del Presupuesto, le confesó a un reportero del Washington Post (William Greider) que la reducción de impuestos de Reagan era realmente un “Caballo de Troya” para el recorte de impuestos para los ricos.
Al mismo tiempo, los monetaristas creyeron que la única causa de la inflación era la oferta de dinero. Comenzando en octubre de 1979, una de las primeras aplicaciones de la “Doctrina del Shock” vino bajo la forma de altas tasas de interés. Las vagas proclamaciones del banquero de la Reserva Federal, Paul Volcker, eran que la Fed solo se estaba enfocando en el M1 (una medida de la oferta de dinero) y que las manos de la Fed estaban atadas, de tal manera que era “el mercado” el que determinaba los tipos de interés vendidos al público. Pero realmente esto era una “medicina amarga” y Volcker fue citado por The New York Times como diciendo que los norteamericanos debían adecuarse a estándares de vida en declive. Esencialmente, el Banco de la Reserva Federal estaba implementando la fase de “conmoción y pavor” del primer golpe en la guerra de la clase de treinta años.
Público desorientado y confundido
En 1981 Reagan firmó la ley de reducción de impuestos “Kemp-Roth” casi una semana después de que él tomara la medida radical de despedir a 11.000 controladores de tráfico aéreo federal, quienes estaban en huelga. Esto fue logrado dentro del contexto de tasas de interés más altas y de subsecuentes índices de desempleo (en 1981-1982) similares a la era de la posguerra. Esta estrategia, según lo explicado por Naomi Klein en su libro “La Doctrina del Shock”, requiere que los cambios radicales de la política deben ocurrir cuando el público está desorientado y confundido. Las altas tasas de interés, las quiebras de negocios, las ejecuciones hipotecarias, los cierres de fábricas, las reducciones, y el desempleo creciente pueden tener este efecto. El shock de las tasas de interés permite a las elites implementar políticas radicales anti sindicales y reducir radicalmente los impuestos sobre los ricos. Al mismo tiempo, los neoconservadores argumentaron que la “brecha de misiles” y los “submarinos acústicos” (incapaces de ser detectados) desarrollados por la Unión Soviética, planteaban una amenaza importante para los Estados Unidos. Esto justificó aumentos sin precedentes en los gastos para la defensa. Uno de los momentos fallidos de la revolución de Reagan, por supuesto, fue la decisión de no perseguir una “Reforma de la Seguridad Social”, mientras que solo tuvo un éxito limitando en cortar otros programas sociales. Esto dejó un problema. Las reducciones de impuestos para los ricos redujeron los ingresos fiscales del gobierno federal, mientras que una juerga en los gasto de defensa amenazó crear el déficit federal más grande de la historia.
Un libro publicado en el año 2000 y extensamente ignorado, El Capitalismo de Wall Street: Una Teoría de la Clase de los Tenedores de Bonos, del economista E. Ray Canterbery, explica lo qué sucedió. Las reducciones de impuestos aumentaron drásticamente las rentas de los ricos, quienes utilizaron su dinero de las reducciones de impuestos para comprar acciones y bonos que el Departamento del Tesoro tuvo que emitir para financiar el déficit de Reagan. La combinación del monetarismo (altas tasas de interés), de reducciones de impuestos, y de la amenaza soviética fantasma, creó la clase de los tenedores de bonos. En esencia, la asistencia social a Wall Street, a través del recorte de impuesto a los ricos, se convirtió en un mercado de tenedores de bonos, los cuales vinieron a dominar la política en los Estados Unidos. En vez de usar los impuestos para financiar al gobierno federal (e incrementarlos cada vez más en los gobiernos estatales y municipales), los impuestos sobre los ricos fueron cortados y fueron manejados como una “oportunidad de inversión”, de modo que los contribuyentes de la clase media y la clase trabajadora pagan ahora (a través del pagó de la deuda del gobierno) un “impuesto a los tenedores de bonos” a firmas como Goldman Sachs y JP Morgan Chase (así como a Japón y China).
La dominación fue absolutamente evidente a principios de 1993 cuando el presidente electo Bill Clinton comentó “¿Usted me está diciendo que el éxito del programa económico y de mi reelección depende de la Reserva Federal y de un manojo de negociantes de bonos?”. Clinton abandonó sus promesas de la campaña de 1992 a los caprichos de la clase dominante de Wall Street y del Banco de Reserva Federal.
Los bonos del tesoro son redituables en 1 mes, 3 meses, 3 años, 7 años, 10 años, y 30 años. Pero la clase de tenedores de bonos raramente esperan esos tiempos. En su lugar, ellos lo circulan a través de enormes mercados secundarios. En octubre del 2010, por ejemplo, el promedio diario de transacciones de bonos del Tesoro estaban en $558 mil millones. Los bonos del Tesoro, estatales y municipales están altamente concentrados entre los ricos. En la Encuesta de las Finanzas del Consumidor del 2007, el 5 por ciento superior (rankeados por valor neto) tenían alrededor del 93.6 por ciento de todos los bonos (éste no incluye los bonos de ahorros que son familiares para las clases media y trabajadora). Asimismo, el 5 por ciento superior poseía el 82.4 por ciento de todas las acciones. La clase de los tenedores de bonos oscila entre bonos y acciones de acuerdo a lo dictado por las condiciones del mercado. La clase dominante de Wall Street manipula la oferta de bonos, acciones, cuentas y pagarés de diferentes periodos de plazos a través de su “Comité Consultivo de Préstamos del Tesoro”, para maximizar las ganancias económicas de la clase tenedora de bonos. El actual presidente y el vice presidente de dicho comité son de JP Morgan y Goldman Sachs, respectivamente.
Manipulando el desempleo y las crisis
Por implementar lo que Canterbery llama una “estrategia de la clase de los tenedores de bonos”, la Reserva Federal manipula las tasas de interés para optimizar las ganancias para el mercado de bonos y acciones. Los estudios indican que los precios del mercado de bonos y acciones generalmente reaccionan negativamente cuando hay buenas noticias para la mayoría de los norteamericanos: el fuerte crecimiento del empleo, una caída de los seguros de desempleo, un aumento en los salarios, o un pequeño incremento de la inflación, resulta en una caída de los precios de los bonos y las acciones.
Cuando las noticias reportan el inicio de una baja en el mercado de las viviendas, un crecimiento del empleo más lento de lo previsto, un aumento del desempleo o en la solicitud de seguro de desempleo, los bonos y acciones vuelven a subir. Esto es una diferencia importante en los intereses de clase entre la extensa mayoría de los norteamericanos cuyos ingresos primarios son salarios y sueldos y la minoría de ricos tenedores de acciones. Cuando la economía crece demasiado rápido, la ideología de la clase de tenedores dicta que la Reserva Federal debe subir las tasas de interés (lo que aumenta el índice de desempleo y reduce los salarios). Se mantiene controlados los salarios y la inflación por todos los medios necesarios, mientras se permite la inflación para la bolsa y las hipotecas de viviendas.
Los últimos treinta años de guerra de clases emprendida por la clase dominante de Wall Street y la Reserva Federal, han estado reduciendo los salarios e inflando los precios de las mercancías mientras que sostienen una activa inflación financiera para aumentar el enriquecimiento de los tenedores de acciones. Los pagos de interés neto a los bonos del Tesoro, es decir el pago de los intereses de la deuda, son pagos de asistencia social a la clase dominante de Wall Street. Una de las funciones de la propaganda de los medios de comunicación altamente concentrados (por propiedad), es mantener a las masas confundidas sobre dónde está la fuente del poder (que decide la vida económica).
Desde la perspectiva de la élite, es mejor inflamar y animar el odio contra los inmigrantes mexicanos, los recipientes de la asistencia social de las clases pobres, y los musulmanes. Pero los inmigrantes mexicanos y los musulmanes, hablando generalmente no gobiernan el país. En lugar, la respuesta simple (para saber la verdad) es: siga el dinero. Siguiendo el dinero usted llegará a una calle con un río en un extremo (el Hudson) y un cementerio en el otro (sobre la Broadway, donde comienza Wall Street). De hecho, las firmas situadas en esta calle son las que recibieron el cheque de asistencia social más grande escrito en la historia. En momentos en que el coro de los partidarios de Ron Paul, los activistas del Partido del Té y los supremacistas blancos continúan levantándose y la violencia se extiende, la pregunta es: ¿Hay socialismo en los Estados Unidos? ¡La respuesta es un resonante sí! Socialismo para los ricos.

Texto original: http://www.counterpunch.org/volscho12102010.html
Traducción: A. Mondragón / LTH

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