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El comportamiento alemán complica la crisis económica en Europa

16 juny, 2010 - Unió Europea

Carlos Berzosa – Comité Científico de ATTAC España
Las medidas tan duras de ajuste decididas por el gobierno alemán han sorprendido a propios y extraños. La perplejidad que han provocado viene dada porque Alemania no tiene un déficit público excesivo, aunque sí lo es la deuda en relación con el Producto Interior Bruto (PIB), que supera a la de España. Así es que los ajustes no son tan apremiantes. Sorprende en los mismos tanto su dureza como el momento elegido para aplicarlos, tan rápidamente y sin previo aviso. Lo ha hecho además sin contar con sus socios europeos, sobre todo con Francia, lo que parece que ha enfadado a Sarkozy.
En todo caso, hay que poner de manifiesto que este ajuste no afectará a la educación y a la investigación, que son el futuro. El hecho de que en un contexto tan complicado se protejan la educación y la investigación es una muestra de la visión que tienen el gobierno y el pueblo alemán de lo que debe ser una apuesta para los próximos años. Un ejemplo que debería ser tenido en cuenta por nuestros gobernantes, sobre todo los de algunas comunidades autónomas, que en lugar de preocuparse por estos aspectos recortan los gastos en universidades, hipotecando su presente y su futuro y echando por tierra los logros conseguidos.
El hecho es que Alemania es uno de los grandes motores europeos y la política de ajuste tan brusca anunciada sólo puede traer un bajo ritmo de crecimiento económico, lo que tendrá efectos muy negativos para toda la economía europea. Una vez más se ha puesto de manifiesto la escasa coordinación de las diferentes economías que forman la Unión Europea (UE). Diferentes analistas han declarado que el gobierno alemán ha pensado solamente en su país y no en Europa. Pero esto no es nuevo, lo que sucede es que a veces ha dado la impresión de que Alemania ha tenido presente una gran vocación europeísta, como consecuencia de haber sido una gran donante de fondos estructurales y de haber sacrificado una moneda muy potente como era el marco por el euro.
No obstante, a pesar de esta imagen de generosidad alemana, que tampoco habría que desdeñar del todo, conviene subrayar que Alemania siempre ha sido la gran beneficiaria de la integración europea y del euro. En efecto, Alemania es un importante exportador mundial, y gran parte de sus mercancías tienen su destino en otros países europeos, de manera que la configuración de un gran mercado sin barreras a quien realmente beneficia es al país que tiene una productividad elevada, como es su caso. A su vez, los fondos estructurales han ayudado a los países menos desarrollados de Europa a ampliar su mercado y no quedar descolgados de los grandes que son más competitivos. Su crecimiento de ha servido para ampliar su capacidad de compra y el mercado interior, lo que también ha favorecido a las mercancías, capitales y empresas multinacionales alemanas.
Otro tanto se puede decir del euro, pues con una moneda única las exportaciones alemanas han ganado en esta zona al encontrarse favorecidas por la misma moneda frente a lo que suponía un marco siempre sobrevaluado con relación a las otras monedas europeas. Por lo que concierne al resto del mundo, hay que decir que el euro se ha mantenido, prácticamente desde su creación, con un tipo de cambio elevado con relación al dólar y otras monedas importantes, lo quedebería suponer una pérdida de competitividad de las exportaciones alemanas que se dirigen hacia zonas en las que no funciona el euro, pero eso no les ha supuesto una desventaja frente a lo que era el marco con relación a esas monedas, y en consecuencia a su gran capacidad exportadora.
Alemania actúa, por tanto, como lo ha hecho siempre en función de sus intereses, y por ello ha sido la gran defensora de la ampliación de la UE hacia los países del Este, una vez que se derrumbó el comunismo, y sin calcular las consecuencias de esas decisiones tan rápidas, que en los momentos de crisis como los que estamos viviendo están pasando factura. Pero las grandes empresas alemanas han penetrado en estas economías, y eso es lo que realmente interesaba. Si bien es cierto que Alemania nunca ha actuado en solitario, sino tratando de hacer frente común con Francia. Ahora, eso es lo que marca la diferencia con actitudes anteriores, y decisiones de este tipo pueden agravar aún más si cabe los problemas existentes.
La UE está siendo víctima de la actuación individual de los países que la conforman, de la ortodoxia económica que está predominando, de la falta de toma de medidas acerca del sistema financiero global y, por ello, puede que tengamos que atravesar una lánguida actividad económica, en la que el Estado del Bienestar será recortado al igual que los derechos de los trabajadores. Incluso, otra crisis financiera no es descartable. De momento, el crédito sigue sin funcionar. La falta de confianza entre los propios bancos persiste, y la incertidumbre crece. La sensación de inseguridad aumenta entre los ciudadanos y no se vislumbran posibles caminos de salida.

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