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El Danubio rojo

18 octubre, 2010 - Opinió

Federico Mayor Zaragoza – Comité de Apoyo de Attac España.
Empresas que explotan los recursos naturales o fabrican productos de las más variada naturaleza sin regulación, sin garantías, guiados exclusivamente por su “codicia e irresponsabilidad”, en palabras del Presidente Obama.
Desastres de grandes proporciones con gravísimos “efectos humanos colaterales”…
Ante la avalancha de espectáculos deportivos y de toda índole que nos proporciona la boyante (por ahora) industria del entretenimiento, los ciudadanos nos olvidamos pronto de las muertes, del sufrimiento y de las heridas y zarpazos inacabables a la Madre Tierra. Y guardamos silencio. Y guardan silencio las instituciones académicas y científicas. No nos oponemos a la plutocracia. No procuramos la refundación de un sistema fuerte y eficaz de las Naciones Unidas. Somos espectadores, testigos impasibles.
Todo vale para que los consorcios internacionales saquen provecho. En poco tiempo, riada de fango rojo tóxico en Hungría; poco antes, mineros atrapados en Chile a cientos de metros de profundidad; antes, un inmenso vertido de petróleo, extraído a 1.500 m. de profundidad en el Golfo de México, sin disponer BP de las capacidades técnicas imprescindibles para actuar con rapidez en instalaciones tan hondas…
Manuel Saco ha escrito en “Público” un artículo titulado “Codicia tóxica” sobre el lodo que, de pronto, inundó, como un terrible tsunami, miles de hectáreas en una zona minera de Hungría. Pronto llegó al Danubio que, además de dejar de ser azul, que es lo suyo, afectará a la potabilidad de las aguas…
¿Se acuerdan de la balsa de Aznalcóllar?
Es imprescindible, pues, que la vigilancia se extreme, porque tenemos que cuidar de las personas y del planeta (todavía azul, como el Danubio) a las que estas empresas multinacionales (sobre todo), desde las altas torres del “gran dominio”, ignoran olímpicamente.
Los residuos deben tratarse, no almacenarse. Los fondos de los tanques de las petroleras deben lavarse en las instalaciones portuarias oportunas y no en el medio del mar, porque se contamina el agua y se asfixia, dada la baja densidad de estas sustancias, el fitoplacton, indispensable para la recaptura del CO2.
En España debe procederse sin demora a investigar el estado de varias “balsas” de almacenamiento de residuos… antes de que se produzca otra catástrofe.
Hay que terminar de una vez con estas prácticas que ponen de manifiesto la impunidad con la que actúan, a falta de un sistema multilateral que controle y castigue, en su caso, a los transgresores, unas industrias carentes de escrúpulos.
Y las comunidades académica y científica deben situarse en la vanguardia de las protesta y de la exigencia de comportamientos responsables hacia la Tierra y sus habitantes.
La Fuerza de la Palabra.

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