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El feroz intervencionismo neoliberal

28 agost, 2008 - Portada, Serveis Públics

Juan Torres López – Comité Científico de ATTAC España
Al poco de comenzar a gobernar en el Reino Unido, Margaret Thatcher se inventó la llamada “acción de oro” para evitar que fondos de inversión de Kuwait adquirieran, a través de transacciones del libre mercado que ella decía defender, paquetes de acciones estratégicos de grandes empresas británicas.
La que fue una de las grandes impulsoras de la “libertad de empresa” advertía así a quien quisiera entender de que la retórica del nuevo liberalismo era la que era y no otra: competencia, transparencia y libertad de mercado solo para quien interesa y cuando conviene. Y cuando no, intervenciones por doquier para proteger los intereses de los ya de por sí más poderosos.
Intervencionismo neoliberal
Más tarde, los gigantescos déficits fiscales de Reagan o Bush para financiar la industria militar y para apoyar a las rentas más altas o las políticas de privatización de casi todos los gobiernos han demostrado reiteradamente que el liberalismo de los neoliberales es puro intervencionismo, si bien desde una ética (la del lucro privado) muy distinta a la que había caracterizado al keynesianismo anterior, sobre todo, cuando había sido puesto en práctica por gobiernos sinceramente socialdemócratas.
En España, más de lo mismo
Eso mismo lo podemos comprobar fácilmente en España observando que los gobiernos que se reputan a sí mismos como más liberales, como el de Aznar y ahora el madrileño de Esperanza Aguirre o el de la Generalidad valenciana, son precisamente los que más intervienen en la economía, en los medios de comunicación y en toda la sociedad en su conjunto para apoyar y privilegiar a quienes consideran sus socios o aliados.
Liberalismo sucio
La crisis financiera de los últimos meses vuelve a mostrarnos la verdadera cara de este liberalismo sucio que es en realidad el neoliberalismo. Los bancos y grandes fondos de inversión han recurrido a la ingeniería financiera más opaca para realizar arriesgadísimas operaciones especulativas que les producen ingentes beneficios. Pero beneficios que son tan elevados precisamente por el riesgo que comportan, no solo a ellos mismos como inversores, sino a toda la economía, en la medida en que necesariamente involucran al conjunto de los flujos financieros, que no solo se necesitan para especular sino para hacer que funcione la actividad productiva.
Complicidad necesaria
Para ello han reclamado y conseguido la complicidad de los bancos centrales y de los gobiernos, que los han dejado hacer libremente al renunciar a establecer no ya controles sino incluso medidas de transparencia para saber en cada momento el riesgo global que llevan consigo sus actividades inversoras especulativas.
El estallido
Pero antes o después la situación estalla, como no puede ser de otro modo, porque esos beneficios provienen exclusivamente de operaciones ficticias y de esa ingeniería financiera que permite obtener ganancias solo cambiando papel por papel.
A la hora de la verdad…
Y cuando irrumpe la crisis y los grandes fondos de inversión quiebran o simplemente retiran sus fondos a la espera de mejores tiempos, lo que reclaman los que tanto hablan de libre mercado no es sino la intervención masiva de los bancos centrales para procurar que amaine el temporal sin poner en peligro sus beneficios. Y, por supuesto, que guarden silencio sobre la verdadera naturaleza y causas de la crisis que su codicia ha provocado para que los ciudadanos de a pie no seamos conscientes de la irracional e irresponsable utilización que, en una gran parte, realizan con nuestros fondos.
Ya es imposible disimular
Es imposible saber cuántos cientos de miles de millones de euros y dólares han puesto las autoridades monetarias al servicio de los grandes financieros del planeta en los últimos meses… para que sigan jugando a su ruleta particular de especulación e ingeniería financiera. Pero han sido muchos. Tantos, que ya es imposible que puedan disimular por más tiempo lo que de verdad significa su liberalismo: intervención para favorecer y proteger a los fuertes, y desregulación y mercado libre solo cuando sirve para que los débiles no puedan defenderse de su desmedido afán de lucro y dominio.

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