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El hambre gana la batalla

25 setembre, 2009 - Crisi sistémica

Rubén AcostaLa Provincia
Angustiados como estamos por la situación económica y el paro no nos damos cuenta de que una parte importante del planeta siempre ha estado y está en crisis. Hace unos días la ONU ofreció un dato que, no por esperado, resulta escalofriante y es que el hambre afecta a una de cada seis personas en el mundo. Por primera vez se supera la barrera de los 1.000 millones de seres humanos que están malnutridos y que apenas tienen para echarse un bocado y poder sobrevivir.
Está claro que cuando llegan épocas de crisis los más débiles son los más perjudicados pero cuando se da a conocer una realidad como esta, la impotencia te hace pensar hasta dónde vamos a llegar y cuál es la capacidad de resistencia del ser humano para aguantar un sistema político, económico y social que no da respuesta a sus necesidades.
Si permitimos que el hambre y la pobreza ganen la batalla, entonces habremos perdido la guerra contra las desigualdades y la exclusión social, no sólo en los países del Tercer Mundo sino aquí mismo, al lado nuestro. Todos los días se publican noticias sobre la precaria situación en la que se encuentran miles de familias en Canarias y las Administraciones públicas lo único que nos ofrecen son recortes y tijeretazos porque cuando pudieron no supieron administrar bien los recursos de los que disponen. En época de bonanza todo era felicidad y bienestar pero no todos podían disponer de las mismas oportunidades. Ahora que estamos en etapa de vacas flacas llegan los sustos y la perplejidad ante una situación que no era tan difícil de prever.
Desde que estalló la burbuja en la que estábamos montados, miles de millones de euros públicos se han destinado a salvar del desastre al sistema financiero. Hasta los más conspicuos gerifaltes del sistema neocapitalista y defensores acérrimos del libre mercado han tenido que apechugar con las intervenciones de los Estados en las entidades financieras para evitar la debacle. La directora del Programa Mundial de Alimentos dice que con menos del 1% de los dineros que se han ofrecido para salvar el sistema financiero global se podría haber evitado que ahora el hambre alcance a más de 1.000 millones de personas.
No corren buenos tiempos para la solidaridad internacional porque primero se trata de salvarnos a nosotros mismos y luego vendrán los demás, aunque lo estén pasando mucho peor que nosotros. Así nos va.

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