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El lado carnavalesco de la crisis

19 març, 2010 - Crisi sistémica

Antonio Doctor Rebelión
Todo comerciante sabe de las dificultades para vender una mercancía averiada, y de las filigranas que hay que hacer para darle salida. Desde remiendos y capas de pintura en un coche hasta dientes postizos si se trata de un burro. Y, como corresponde, las necesarias recreaciones verbales para convencer al incauto de lo buena y provechosa que va a ser para él la operación que va a efectuar.
El callejón en el que se ha metido el capitalismo cuando la avaricia que lo caracteriza ha desarrollado todas sus potencialidades y se encuentra asfixiado por la sobreproducción, dificulta cada día más la “venta” del producto, esto es, la tarea de convencer a los ciudadanos de que no hay ninguna otra alternativa al mismo. Con la crisis, cuando las llagas purulentas van estallando por todo su cuerpo, no hay ya pintura suficiente ni dientes postizos que pueda cubrirlas. ¿Qué queda? Queda el disfraz, la máscara. Por eso, necesita imperiosamente expandir al máximo y controlar los medios de comunicación para, a través de ellos, construir un mundo virtual, una especie de carnaval perpetuo, en el que la cámara de horrores que nos presenta a diario, sin parangón en la historia, encuentre su acomodo como fenómeno natural, humano.
Así, la mafia de los especuladores de altos vuelos se ha dado en llamar “mercados internacionales”, la natural resistencia por parte de los que no nos dejamos engañar se denomina “terrorismo”, los explotados son “desfavorecidos” o “perdedores”, a la resignación de estos ante las tremendas diferencias sociales se la adorna como “cohesión social” y su angustiosa necesidad de dar salida a los millones de productos absolutamente innecesarios que vomitan sus fábricas se disfraza como “crecimiento económico”. Podríamos seguir pero creo que basta con estos ejemplos.
Queda por examinar el otro frente. El que presentan los países que intenta encaminar su economía por derroteros distintos, como ha sucedido en los últimos decenios en Venezuela, Bolivia y Ecuador (de Cuba no hace falta hablar, es el viejo apestado, al que llevan la friolera de 51 años preparándole la tumba). En Venezuela, (con una economía de mercado) se erradicó el analfabetismo y hay en marcha todo un proceso centrado en la educación, la sanidad y la participación de los ciudadanos en el proceso político y económico. Todos los organismos internacionales lo avalan, empezando por la ONU. Solución: Ignorarlo en los medios (olvidando incluso que se trata, hoy por hoy de un país capitalista) y centrarse en el Chávez sátrapa, dictador, impresentable, mal educado, etc. etc. No importa que haya ganado hasta 8 veces en las urnas a los opositores ni que la mayor parte de los medios de comunicación venezolanos se dediquen a insultarlo un día si y otro también, sin que nadie les moleste. Porque lo que ha hecho frente a los medios lo están haciendo a diario en los países capitalistas, eso sí, a los medios que no se someten al guión de los conglomerados de tipo berlusconiano. Y es que hoy por hoy, Venezuela sigue en la órbita del capitalismo, pero esa andadura parece peligrosa para el futuro. De paso podemos comprobar cuanto le interesa a los países capitalistas la sanidad, la educación o la erradicación de la miseria. La obsesión de los medios, por no decir el cebo, no contempla para nada esos aspectos sociales, sino únicamente la nunca definida libertad y hay que retorcer los hechos para que esta parezca ser la victima. Incluso aunque se celebren elecciones periódicamente y hayan sido avaladas por los organismos que las vigilaron. El griterío por la libertad es hoy una de las máscaras más usadas en este carnaval.
Me surgen estas reflexiones a tenor de lo que está sucediendo en la OPEL de Zaragoza. Y me voy de lo grande a lo pequeño para ilustrar la dimensión que ha tomado el juego de máscaras, que se extiende a todos los rincones. En esta fábrica se está negociando entre la dirección y el Comité de Empresa un acuerdo para “salvar” la empresa, con el despido de 900 trabajadores y la pretensión de la empresa de congelar los salarios durante 4 años. Surge aquí otra máscara: El sofisma “socialmente responsable” aplicado a lo que debe de ser la naturaleza del acuerdo. Que lo use la empresa, que es la vendedora de la burra, no tiene nada de particular, pero lo grave es que lo acepte y le maneje el Comité de Empresa y el trágala vaya de un contendiente al otro como una pelota de ping-pong. Cada parte le da un sentido propio. Para la empresa significa que hay que hacer sacrificios para salvarla, para el Comité, que los trabajadores no deben sufrir muchos perjuicios.
Pero la falacia queda en la sombra: La dirección de la empresa es responsable ante sus accionistas, que quieren ganar dinero, mientras que la creación o mantenimiento del empleo (el argumento mas manoseado por ella) no es una responsabilidad sino una necesidad para poder mantener la producción. No hay más que ver que las medidas que propone no cambian un ápice la abismal diferencia entre los sueldos que los directivos se ponen a sí mismos y los que pagan a los trabajadores. En suma, negociar sobre la base de un acuerdo que debe ser “socialmente responsable” sin entrar a dirimir cual es el contenido de ese concepto y a quien beneficia, aceptándolo tal cual sin una exposición crítica del mismo, solo sirve para llevar el agua al molino de la dirección de la empresa, haciéndose cómplice de ella.
El sindicalismo no puede olvidar su función pedagógica y dedicarse solamente a arañar lo que se pueda para los trabajadores, sino también poner ante sus ojos los trucos y artimañas que utilizan los empresarios para hacernos creer que son, en cualquier medida, “socialmente responsables”.

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