Menu

El Partido Popular, al borde del abismo en economía

12 octubre, 2008 - Estatal

Juan Torres LópezEl Plural
Nadie puede poner en cuestión ya el alcance gravísimo de la crisis económica que sufrimos. Ni siquiera el propio Zapatero, que ha estado y quizá sigue estando muy mal informado en este aspecto por asesores económicos liberales muy ideologizados e irrealistas que le han hecho perder un tiempo precioso para actuar frente a ella. Y está claro igualmente que no se va a salir de esta situación sin un debate profundo y sin que todos, y especialmente los más responsables del problema, pongamos algo de nuestra parte.
Sin embargo, el Partido Popular español parece dispuesto a entonar una letanía distinta y, lo que me parece más relevante, profundamente desestabilizadora.
Es lógico que la oposición se niegue a dar cheques en blanco al Gobierno, ni en materia económica ni en ninguna otra. Como también es evidente que la obligación de un Gobierno no es la de lograr consensos a cualquier coste sino la de administrar los intereses generales respetando al mismo tiempo la voluntad de sus electores, dando cuenta de lo que hace y sometiéndose al control de las instituciones democráticas.
El PP más sibilino
Naturalmente, la oposición tiene el deber de criticar la actuación del Gobierno divulgando entre los ciudadanos sus alternativas y también el derecho a crear las condiciones más adecuadas para acceder al poder en cuando se dé la ocasión electoral prevista para ello. Todo ello es obvio. Pero me da la impresión de que lo que ahora está planteando sibilinamente el Partido Popular en materia económica no es simplemente una estrategia democrática de oposición, como no lo fue en la legislatura anterior su actuación en el orden general de la vida política.
Estrategia antidemocrática
Los principales líderes del Partido Popular se han revestido ahora de corderos, pero me parece que lo que están poniendo en marcha en realidad es una nueva estrategia desestabilizadora, quizá aún mucho más antidemocrática que la de la anterior etapa de gobierno del partido socialista.
Lo menos importante en este sentido es el empeño continuado en culpar a José Luis Rodríguez Zapatero de la crisis económica que sufrimos.
Causas claras de la crisis
En contra de lo que dice el Partido Popular, y se quiera reconocer o no, las causas de la crisis constituyen una evidencia clamorosa en todo el mundo. Se puede disimular pero lo cierto es que la regulación financiera tramposa de la administración de Bush, la codicia de los banqueros y la fragilidad de un sistema monetario internacional vinculado a la moneda de una economía tan endeudada como la estadounidense son los principales factores que han provocado una inestabilidad colosal que irremisiblemente anuncia el cambio de época en materia económica.
Incluso Sarkozy lo dice
Está claro, aunque solo lo reconozcan implícitamente, hasta para dirigentes conservadores como Sarkozy que incluso ha llegado a considerar necesario “refundar el capitalismo”.
Es cierto que la crisis afecta en desigual medida a las economía en función de su naturaleza singular y del específico modelo de crecimiento. Y, en consecuencia, es cierto que la economía española la afronta con una debilidad especial como resultado de nuestra falta de competitividad, de nuestra especialización reciente en la economía del ladrillo y de la mayor dependencia del exterior que ha supuesto la entrada en el euro y la venta de nuestros principales activos a empresas e intereses extranjeros.
¿Zapatero culpable?
Pero insistir, como hacen los dirigentes del Partido Popular, en que la causa última de la crisis es la política seguida por el gobierno de Zapatero es una infamia impropia de un partido político serio.
La herencia de Aznar
Más si ello es grave, por demagógico e incierto y porque oculta que el gobierno de Aznar debilitó mucho más nuestros resortes endógenos de defensa frente a este tipo de crisis liberalizando y privatizando hasta el extremo nuestra economía, no es, como he dicho, lo peor.
Sembrar desconfianza
Es mucho más grave que el Partido Popular y sus instrumentos mediáticos se estén dedicando a sembrar la desconfianza, a dejar caer peligros que si fueran ciertos deberían expresarse de manera explícita y a crear una atmósfera que socava las fortalezas básicas que cualquier sociedad debe poseer en momentos como este.
¿Qué pretende y qué resultado produce el Partido Popular cuando se quiere erigir en defensor de los ahorros de los ciudadanos? Y lo que es más importante, ¿qué efecto último es el que en realidad pretende crear propagando la desconfianza que hace nacer en los ciudadanos?
Aliado del miedo
Sin aportar ni una sola propuesta en firme ni concreta, sin proporcionar alternativas, el Partido Popular se ha vuelto a aliar con el miedo y ha hecho de nuevo que la amenaza abstracta sea el guión principal de su discurso.
Amenaza fatal
Antes afirmaba que España se rompía, una falacia pero que al menos proclamaba sin disimulos. Pero ahora soterradamente crea una situación que si llegara a extenderse podría constituir una amenaza fatal para la economía española y para la banca en particular.
Sabotaje económico
Los dirigentes populares sabrán en lo que están pensando y no soy yo quien haga juicios de intenciones. Pero eso es una cosa y otra no saber distinguir los efectos reales de la acciones de cada uno. Sea cual sea su intención, lo que me parece que empieza a ser bastante evidente es que lo que está comenzando a hacer el Partido Popular es justo lo que habría que poner en marcha si alguien quisiera que al Gobierno le estallara un problema bien grande y sin solución en sus manos. No quisiera hacer comparaciones extemporáneas, pero la historia reciente está poblada de acciones de la derecha que han logrado por la vía del sabotaje económico lo que no han logrado por la vía democrática de los votos.
Ojalá esté equivocado, que éste no sea el caso de la derecha española y que mis apreciaciones se vean desmentidas por los hechos y por las actuaciones concretas de los dirigentes populares.

ATTAC Mallorca no s'identifica necessàriament amb els continguts publicats, excepte quan estan signats per la pròpia organizació.