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El tenderete del PP

10 gener, 2014 - Estatal, Opinió

Antonio Aramayona – ATTAC España
El tenderete del PP cada vez es menos temporal, pues su clientela parece eterna. Llueva, hiele o bajo un sol de castigo, votan sus fieles como si se tratase de un sagrado exvoto a los dioses. En el tenderete del PP solo hay vendedores al por menor y sus mercancías duran más o menos, según convenga al mercadillo central de la madrileña calle Génova, por lo que en el prospecto de los productos se dice que cuando no responden al programa general, ello es debido a que el PP solo piensa en el bien general de España, incluidas las amnistías fiscales y los indultos indiscriminados.
El tenderete del PP se monta y desmonta en un plisplás, a tenor de lo que convenga en la calle Génova. En la operación se destruyen discos duros y pruebas en general, se niega lo evidente, se recurre sistemáticamente al “y tú más” y los productos corrompidos se tapan con la opaca lona de la invocación a la transparencia y las indemnizaciones en diferido al ladrón que ha convivido en la misma cueva. Lo más importante es que al vendedor de turno, si miente, no se le mueva un solo músculo de la cara, y si es preciso, que explique las bondades de una mercancía a través de una pantalla de plasma.
Solo están permitidas unas cuantas melodías en el tenderete del PP: por ejemplo, “sí a la vida” y “lo privado funciona mejor que lo público”, que, repetidas machaconamente, quedan troqueladas en el cerebro de los clientes, que rara vez se percatan de que se trata de falacias. Vida no es solo poder respirar, comer y defecar, sino no vivir y morir en pleno invierno en una tubería (como Luis, de 67 años, en Zaragoza), poder comer, cenar y desayunar cada día, poder comprar a los hijos unas zapatillas, un jersey o los libros de texto, tener un trabajo decente o poder cuidar a un ser humano altamente discapacitado. La megafonía del PP tampoco ha explicado ni demostrado jamás que sus privatizaciones generen otra cosa que más desempleados, aumento del trabajo precario y disminución de la calidad del servicio. En el tenderete del PP no hacen falta explicaciones y demostraciones, pues cuentan con sesudos especialistas y asesores en falacias, que hacen danzar al mundo entero al son del frufrú de las sotanas y del incesante recuento de los billetes de 500.
En el tenderete del PP hay también curiosos que merodean los puestos de venta sin un duro en el bolsillo. Son parados de larga duración, titulados universitarios en vano o personas dispuestas a vender su alma por un puesto de trabajo. En el tenderete del PP se les inculca la fofa esperanza de que ya se está creando puestos de trabajo y que el 2014 será el año del crecimiento y la creación de empleo. Ingenuos, no pocos se lo creen, por lo que se convierten en víctimas del timo de la estampita: diariamente desaparecen puestos de trabajo fijos, indefinidos y sujetos a convenio, y a cambio ofrecen trabajos mal pagados, carne de precariedad y explotación, a los que llaman cínicamente “empleo”. En poco más de dos años, las gaviotas se han convertido en buitres carroñeros, las palabras más valiosas (trabajo, educación, sanidad, jubilación, atención al dependiente-) han perdido su significado originario (ahora parecen globos deshinchados) y el país entero se ha convertido en un enorme tenderete de ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres.
EL PAÍS DONDE está montado el tenderete del PP está habitado por gente olvidadiza, todo un dechado de muelle resignación. España es históricamente el país donde menos se reclama por un problema comercial o de consumo y ahora es también el país que más aguanta carros y carretas del mundo. Los señores del tenderete nos están esquilmando los derechos más elementales, han demolido los cimientos mismos del antiguo estado de bienestar, pero aquí no se mueve ni Dios, por miedo, comodidad, desconfianza o pasotismo.
Últimamente, los accesos al mercadillo del PP están francos y carecen de obstáculos porque el otro partido mayoritario, el PSOE, se encarga de ello. Ambos partidos participan de similares condonaciones de sus deudas por parte de la banca (¿a cambio de qué?). El PP difícilmente ha podido tener más embrollos desde que está en el poder, pero sigue a la cabeza en las encuestas de intención de voto, pues el PSOE parece carecer de ideas, ideales, líderes y propuestas de izquierdas. Los sindicatos igualmente mayoritarios sacan los cuernos al sol para hacer alguna declaración crítica en los medios y después vuelven a recogerse en su concha, sin molestar ni hacer ruido en el tenderete.
Lo que mejor funciona en el tenderete del PP es el orden de la cachiporra. O te quedas en casa o compras sin rechistar lo que hay en su tenderete. De lo contrario, corres el riesgo de que te caiga una multa o un cachiporrazo. Doy fe de ello.
Profesor de Filosofía
Artículo publicado en El Periódico de Aragón
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