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Emetre

26 maig, 2011 - Moviment 15M

Matteo Guainazzi – ATTAC Madrid
Plaça Catalunya, Barcelona, 24 de mayo 2011
La asamblea de hoy amanece con una novedad: a través de una pantalla podemos ver a la persona que interviene. Podemos dar cara y cuerpo a “nuestras” voces. Parece un detalle, pero no lo es: es toda una revolución en la revolución. Las palabras ya no flotan desde una misteriosa Presidencia, sino son temblores del rostro, gestos, miedos, y rabia. Cuánto más emocionante hubiera sido leer los Diez Mandamientos en el acta de una asamblea del pueblo judío en el exilio …
Con la estudiada inseguridad de quien tiene todo perfectamente bajo control, veo así subir al escenario del turno de palabra a la abuela. Perdón. señora: ya sé que es muy molesto calificar a alguien que no se conoce con una etiqueta, y además una etiqueta que emana simplemente del aspecto físico. Pero, tengo que decírselo, señora: l@s que están sentad@s alrededor de mí en esta Plaça Catalunya, donde el calor del suelo todavía nos recuerda con alivio el furor del día, así la llaman, desde el primer momento: ¡”Mira la abuelita!“. Tengo que confesárselo, señora: no entendí nada de sus palabras – esto debe ser hablar catalán de verdad! Pero distingo entre pocas otras una palabra, con la que Usted acompaña ese movimiento como de abrazar a toda la plaza, o a todo el mundo, y llevárselo en su propia alma, y al revés (como “el latido de un corazón” había dicho un joven con cara de poeta absolutamente no maldito poco antes). Con un poco de vergüenza por tener que admitir mi condición de “infiltrado de Madrid y súbdito del Reino de Sicilia”, pido traducción a una de sus nietas: emetre. Tod@s tenemos que emitir. “Si todos emitimos a los demás, ¿en qué progresión crece el movimiento?”. Se había preparado la respuesta, evidentemente, pero le falta la palabra al ultimo momento. Tampoco los estudiantes alrededor de mí tienen mucha familiaridad con las progresiones “exponenciales”, y intentan adivinar: “¡mucha!”. Está bien así, abuela: aún así, con una “progresión mucha”, vale la pena emetre.
“Emitir” es de verdad el tema de la noche. La asamblea se desarrolla con una fluidez, una claridad y una sencillez impensables después de los percances y los asaltos a la presidencia del día anterior. La “Comisión de Convivencia” lo tiene todo bien trabajado: facilitador@s que recogen las palabras, que miden el tiempo, que regulan el flujo de las intervenciones, que actúan como primera valla de contención en contra de las rabietas incontrolables. Todo fluye bien, sin accidentes. Pero no es solo una cuestión de ingeniería asambleísta: hemos dormido y descansado sobre las preguntas del Was tun?, y ahora cada intervención es una respuesta concreta. Todas las respuestas van en el mismo espíritu: “emitir”, salir del circulo endogámico de la plaza fuera de aquí, hacia el gran mundo que podría ahora ignorarnos totalmente, ya que hemos desaparecido de los medios de comunicación. Al mismo tiempo no todas las respuestas van en la misma dirección, por supuesto y afortunadamente. Nadie nos ha seleccionado a través de un examen previo de fidelidad ideológica a una corriente de pensamiento revolucionario o reformista. Llamamos a la huelga general, nos abrazamos (perdón: os abrazaréis: yo ya no estaré por aquí por aquel entonces) alrededor del Parlament al día 15 de junio (día de aprobación de las retalladas), vamos (perdón: iréis) a las fabricas, hacemos (perdón: haréis) una lista de reivindicaciones mínimas, vamos a la manifestación del 27 (sanidad) para volver con mucha más gente y más confiad@s en nuestro deseo de luchar para un cambio global, manteniendo la ocupación de la plaza … se hará todo esto, y mucho más, por supuesto.
Hacer cosas da confianza en el proceso democrático. Hay menos y menos gente en las caceroladas, y más y más gente en las asambleas. La historia nos dirá si la niña de un año y medio de hoy aprenderá del 15-M como el inicio de una redistribución del poder al pueblo, o si también nosotr@s entraremos en el Averno de olvidos bajo el cual se matan las esperanzas de algun@s hacía una vida mejor para tod@s. Sí – y aquí ya no es la voz de la asamblea que habla, sino mis prejuicios históricos e ideológicos – este movimiento no es una lista de reivindicaciones o comisiones, sino un método de trabajo y de apropiación de la vida. No importan las formas que tomará, sino el mero hecho que existe: una alternativa en contra de la dictadura de los mercados financieros que vacía de contenido la idea democrática en todo el mundo.
Y es, también y sobre todo, una gran escuela. ¿Cuánto tiempo habrá pasado desde qué yo había tenido una emoción intelectual tan fuerte, como la que he vivido hoy al cerrarse la reunión de la (respiro hondo …) sub-Comisión Economía de la Comisión de Contenidos? Acabamos de poner verde a la banca, pública y privada, y faltaban quince minutos para la cacerolada. Demasiado poco tiempo para discutir a fondo otro tema, demasiado tiempo para desaprovecharlo. Pedimos a las más o menos cincuenta personas reunidas en círculo si alguien se  animaba a hacer una introducción sobre el próximo “bloque temático”: deuda pública. Desde la segunda fila, una señora, tímidamente, se propone. En diez minutos nos da una lección magistral: nos explica por qué un país que tiene una deuda pública igual del 60% del PIB (nosotr@s) está en quiebra técnica, mientras que países que tiene el 95% (EEUU) o el 115% (Japón) no; nos habla del origen de esta deuda privadas (170% del PIB) que grandes empresas y bancos han contraído en el mercado financiero internacional para forrarse con el ladrillo, y que ahora tenemos que devolver entre tod@s con los recortes en los sueldos, las pensiones y los servicios sociales. De como sí habría dinero para pagarla, pero a costa de que quienes de verdad tienen el dinero lo hagan bajo concepto de (¡herejía!) impuestos justos y progresivos, lo que por supuesto ni este gobierno ni su leal oposición quieren hacer. El silencio es total. Al final aplaudimos. Aplaudir no está en los procedimientos y en el politically correct de esta acampada, pero lo hacemos, por estúpido, infantil u espectacular que sea.
Al final supe que quien había hablado es una académica, muy conocida. Tengo que hacer una fe de erratas: sí que hay académic@s que no se sienten molest@s con sentarse en un círculo en el suelo y hablar con la gente – y sin lucir títulos y publicaciones. Gracias.
He llegado al final de mi participación en este resquicio de la historia. Ahora me toca volver a mi barrio, y seguir haciendo la historia desde allí. Es la mañana de otro maravilloso día de sol en Barcelona, el calor va a pegar fuerte sobre las miles de personas que acampan en Barcelona. No puedo no hacer algo tan sencillo y – quizá – cursi que agradecerles su enorme trabajo, entusiasmo y competencia: en ell@s está puesta mi esperanza para una mejora de la calidad democrática. Los caminos de la vida son largos e imprevisibles, quizá nos reencontraremos en una plaza donde la revolución ya no comienza, sino sigue adelante.

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