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En estado de rebelión legítimo

21 octubre, 2010 - Unió Europea

Patrick Apel-Mullerl’Humanité
Los profetas por encargo anuncian desde hace semanas el descenso y un movimiento social que tira la toalla. La jornada de ayer ha supuesto para ellos un nuevo desmentido, con refinerías bloqueadas, camioneros que desplegaron barreras filtrantes o bloqueos, empleados de PSA que cercaron la fábrica de Mulhouse, obreros de Alstom que se manifestaron en Valenciennes, 800 institutos en acción, más de la mitad de los cuales de de Seine-Saint-Denis y, hoy, enormes multitudes de nuevo en las calles.
El Presidente refugiado en su residencia oficial del Eliseo y el Primer Ministro atrincherado en la suya de Matignon, pueden seguir pavoneándose de su inflexibilidad, pero no han conseguido que el país se rinda, al contrario. Este rechazo de respetar la soberanía popular que no cesa de expresarse y la «monomanía imperialista», según las palabras de Jaurès, que consiste en tratar de imponerse en solitario contra todos, contribuyen a hacer trizas las últimas ilusiones sobre el «sarkozysmo». El último episodio, que consiste en querer suprimir pura y simplemente el impuesto sobre el patrimonio, cuando el poder pretende imponer a los trabajadores dos años de vida sacrificados, ha terminado de esbozar una situación en la que los banqueros y accionistas dictan su ley sobre las pensiones, reclaman aún más ventajas fiscales y exoneraciones, y un gobierno poroso a las infiltraciones financieras.
La tentación autoritaria transpira proclamaciones de un Fillon o un Hortefeux que, al margen de sus lapsus, son bastante reveladoras. Por una parte provocan a los trabajadores, por otra reprimen a los estudiantes de secundaria, y además echan leña al fuego con la esperanza de alimentar el miedo al desorden y la inseguridad. ¿Qué un coche arde? Ellos se frotan las manos. Probaron suerte tratando de convertir a los gitanos en nuevos chivos expiatorios, así como aprovechando los enfrentamientos en La Villeneuve para sostener argumentos autoritarios. El movimiento social ha sabido mantenerse integrador; apostemos por que las organizaciones sindicales se mantengan unidas.
En la derecha, donde la mentira se ha convertido en industria, se detecta vacilación en las filas. En el Senado, los miembros de la UMP desertan de las sesiones y se fuman las votaciones. En la UMP, donde ya no saben qué más inventar, los portavoces sostienen que no existen dificultades de suministros de las gasolineras, sino a lo sumo «problemas logísticos»… Los franceses de a pie deben sufrir alucinaciones. El cisma es cada vez mayor entre una casta que pretende imponer una regresión social y un pueblo que se rebela. Legítimamente.
Traducido por Ana Ibáñez

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