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Época de bonanza, pese a todo

21 setembre, 2008 - Justícia Fiscal y Financiera Global

Periódico Diagonal
En los últimos meses de fusiones, quiebras y crisis, un importante número de altos ejecutivos ha encontrado la solución para no ver peligrar su puesto: subirse los sueldos. Colonial, con una deuda de 8.991 millones, retribuyó a su Consejo de Administración con unos seis millones durante el 2007, una subida de casi el 300% frente al ejercicio anterior. Otro ejemplo: mientras que en 2007 Imperial Tobacco planteaba la compra de Altadis, tabacalera hispano-francesa, los máximos dirigentes de la multinacional europea se duplicaron el sueldo. En total, una subida salarial de 5,79 millones. Otra táctica para “moverse al borde del abismo”, según Gerard Sanders y Donald Hambrick, es “el sistema de pago mediante bonus o con opciones sobre acciones, que puede inducir a tomar riesgos mucho mayores para obtener grandes beneficios que no se corresponden con las pérdidas que pueden generar”. Una situación que ha llevado al Foro de Estabilidad Financiera del G-7 a recomendar a los reguladores y supervisores que “deberían trabajar con los participantes del mercado para mitigar los crecientes riesgos de las políticas de remuneración”. Y países como Francia u Holanda debaten propuestas contra los pluses y primas de los supermillonarios, pero también para ampliar la jornada laboral a 65 horas.
Evasión fiscal versus Objetivos del Milenio
Con los 200 billones de dólares que la ONG Tax Justice Network ha denunciado que con los fondos que existen en los paraísos fiscales mundiales se podría cubrir el objetivo de la ONU de reducir la pobreza a la mitad para el año 2015, los Objetivos del Milenio. Pero aunque Suiza ha dado pequeños pasos contra la evasión de impuestos, como el bloqueo o la devolución de las cuentas de los dictadores que depositaban en sus depósitos las fortunas robadas, no parece que vaya a cambiar la situación mundial que protagonizan el resto de los 70 paraísos fiscales. Una situación que para el economista brasileño Emir Sader reside, principalmente, en el sistema económico que lo permite, y no en la existencia propiamente dicha de los paraísos fiscales. Unos países que suelen ser transitados por traficantes de armas, de personas o de drogas, así como políticos corruptos, grandes multinacionales o importantes deportistas. Según denuncia el Observatorio de la Responsabilidad Social Corporativa, el 51% de las compañías del Ibex 35 tienen por lo menos una filial en paraísos fiscales. Entras estas empresas se encuentran Endesa, Iberdrola, Repsol, Santander, PRISA o Inditex. Además, de sobra es conocida la tradición de los grandes deportistas españoles de cambiar su residencia habitual a paraísos fiscales. Fernando Alonso y Carlos Moyà pagan sus impuestos en Suiza; mientras que Daniel Pedrosa ha fijado su residencia en Londres y Jorge Lorenzo, en Andorra. Y la lista se alarga, ante lo que Iniciativa per Catalunya requirió este agosto al Gobierno que prohíba a todos los deportistas españoles con residencia fiscal fuera del país participar “bajo la bandera española” en competiciones deportivas.
Mansiones de lujo, un mercado en expansión
En 2007 “existían 9,5 millones de personas muy acaudaladas en el mundo” según Merrill Lynch-Capgemini World Wealth Report, una población a la que se están sumando un importante porcentaje de nuevos ricos de India, China y Brasil, que buscan sus nuevas residencias en Europa. “He vendido propiedades en las que el dueño no ha llegado a estar en el último año”, explica Theresa Bernabé, directora de la inmobiliaria marbellí que lleva su nombre. Las grandes mansiones, un sector que de momento no parece sufrir la flaqueza que vive el sector del ladrillo y que en la costa malagueña tiene una de sus mejores exposiciones. Otra inmobiliaria marbellí especializada en mansiones de lujo, Panorama, reconoce que entre 2005 y 2006 su cifra de ventas creció un 56,57% y que durante los primeros meses de este año ha vendido al menos una propiedad diaria con un valor de entre dos y cinco millones. Pero Marbella no puede ser un islote en un mundo globalizado. En lo que llevamos de año, las mansiones londinenses de más de 25 millones de euros han aumentado sus ventas un 200%. Un mercado que en la City incluso está llegando al colapso, según el agente inmobiliario Marcus Cooper, que hace unas semanas vendió la segunda casa más grande de Londres (después del Palacio de Buckingham) por 31 millones. “Les parece alucinante que no puedan encontrar nada”, denuncia.

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