Menu

Espacios anti-crisis

1 novembre, 2008 - Justícia Fiscal y Financiera Global

Silvia PeraltaLa Opinión Rafaela
En los años 1970 más del 95% del dinero que circulaba por el mundo provenía de la llamada “economía real”. Ese circulante era producto del comercio de materias primas, commodities manufacturadas y servicios (por ejemplo de industrias tales como el turismo, el entretenimiento, etc.). Hoy aquel 95 % se redujo a sólo 2%. ¿Qué ha sucedido?
Sucedió que la revolución por las comunicaciones en red, permitió la circulación por el ciberespacio de un continuo de información bursátil a la que -computadora de por medio- quienquiera tiene acceso. Así se pueden adquirir valores (o invertir) en cualquier empresa de cualquier país. Todas esas computadoras en conexión generaron un “mercado global”. Pero -al no comprar ni vender commodities reales- no es un mercado de verdad. Es un dispositivo, una gran maquinaria que beneficia la especulación. De modo tal que los especuladores, en cuestión de horas o hasta minutos, desplazan sus “inversiones” de una industria a otra o de un país a otro. ¿Les importa comprar acciones de industrias ambientalmente destructivas o donde se violen los derechos de los obreros? Para nada. Es sólo una operación instantánea que les suele dejar márgenes de ganancia extremadamente superiores a los que se consiguen por producir y comercializar en la economía real. Su único valor es reproducir rápidamente dinero.
Es así que por su extraordinaria eficiencia y flexibilidad, una buena porción de las ganancias de la economía real pasan a ese otro circuito. Por eso, si la mega red de flujos financieros concentra más del 90% de todo el comercio mundial, ¿cómo no adquirir gran influencia política? ¿Cómo no nos van a invadir sus parámetros? Casi indefectiblemente, su valor por excelencia (el dinero) ha pasado a ser “nuestro” valor.
Pero volvamos a los 1970. Esos eran los años en que se daban las primeras transacciones electrónicas de dinero. Apenas ellas comenzaron, el economista James Tobin -catedrático de la Universidad de Yale y ex profesor de la Universidad de Harvard- pronosticó un gigantesco aumento en este tipo de operaciones. Tobin (quien diez años antes había asesorado a John F. Kennedy y colaborado en diseñar la política keynesiana implementada por dicha administración) propuso un impuesto a las transacciones con el fin de aminorar la velocidad del proceso de compra-venta financiera. Esto no era nuevo. Ya en los años 1930 John Maynard Keynes había propuesto en el capítulo XII de su “Teoría General del Empleo”, un impuesto con el fin de disuadir a los inversores a que se deshagan demasiado prontamente de las acciones adquiridas. Con respecto a la tasa propuesta por Tobin, el propio autor comentaba que la pensó muy modesta (sólo entre el 0.05% y 0.10%) pues no deseaba gravar a los inversionistas verdaderos (es decir, que hacían
operaciones a largo o mediano plazo) sino penalizar a los especuladores tan afectos a la compra-venta prácticamente inmediata.
La cuestión es que si bien nada pasó con su sugerencia para reducir la volatilidad de dichas transacciones, a Tobin se le otorgó el Premio Nobel de Economía en 1981. Siete años más tarde el catedrático se retiró formalmente de Yale. No obstante -como profesor emérito- continuó siendo requerido para intervenir en infinitos cursos y pronunciar innumerables discursos. De todos modos la gran mayoría de sus colegas economistas ignoraban su proyecto. Incluso un posterior Premio Nobel de Economía (Robert Mundell) la consideró como una “idea idiota”.
Pero en 1997 Ignacio Ramonet, editor de “Le Monde Diplomatique” reimpulsó el debate acerca de la “Tobin Tax” y creó una asociación para impulsarla: ATTAC (Asociación para la Tasación de Transacciones y para la Ayuda al Ciudadano). De ese modo el impuesto Tobin se convirtió en un asunto defendido por los grupos alter-mundistas y fue apoyado por personalidades como el ex presidente Jacques Chirac. También se lo discutió en distintos parlamentos. Por ejemplo, en marzo de 1999 el parlamento canadiense estudió extensamente el proyecto que pedía aplicar dicho impuesto. Aparte se lo presentó en la EUP o European Union Parliament (Parlamento de la Unión Europea) y fue derrocado por un estrecho margen. Con respecto a Estados Unidos, en abril de 2000 dos Demócratas, el congresista por Oregón Peter De Fazio y el senador por Minessotta Paul Wellstone, hicieron la presentación de un proyecto a favor de la Tobin Tax.
Cuando en el 2001 (un año antes de morir) se lo entrevistó al propio James Tobin con respecto a si pensaba que su tasa sería realidad algún día, se mostró muy escéptico. La obvia razón era que la gente que decide -la del mundo financiero- simplemente está en contra. Además -y hablando de poner límites- sostenía que organizaciones como la Organización Mundial del Comercio necesitaba más poder sobre Estados Unidos. La OMC debería poder prohibir que los países industrializados -poniéndole toda clase de trabas- bloquearan las importaciones de los países en vías de desarrollo. También se le preguntó acerca de ATTAC.
El economista dijo que en realidad desconocía su propuesta con exactitud. Sus posiciones podían ser bien intencionadas pero no tan bien pensadas. Lo que le molestaba especialmente era que se habían constituido en una voz en contra de la globalización y él, opuestamente y como buen economista, era partidario del libre comercio y sostenía que la globalización, sabiamente aprovechada e instrumentada, brinda más oportunidades para crecer. La pobreza podía tener muchas causas, y la mayoría eran debidas a los países mismos.
Pero aunque la “Tobin Tax” nunca se concrete y tenga a los poderosos del mundo en su contra, muchos norteamericanos comunes no quieren resignarse ni al vapuleo del mundo financiero ni a sus parámetros. Por eso en Estados Unidos hay un número creciente de los llamados Tobin Towns (ciudades Tobin) cuyos municipios están pasando resoluciones en su favor para presionar al Gobierno central. Paralelamente y concientes que las reglas de la realidad pre-global no funcionan más, se han iniciado movimientos, los cuales -buscando expandir la “economía real”- están desarrollando una nueva y fortalecedora mirada que sitúe a sus lugares de residencia como regiones productivas y verdaderas comunidades (es decir, lugares cuyos habitantes funcionan en común unidad, o sea como unidades que comparten significados comunes).
El objetivo de este innovador localismo es permitir que los residentes, desarrollando nuevas tramas socio-productivas, prosperen en conjunto. Para ello están abocados a “educar ciudadanos informados y activos con las habilidades y capacidad productiva para generar verdadera riqueza y la autoridad para gobernar sus propias vidas”.
Tal corriente de pensamiento considera que (respetando los nuevos parámetros globales) se da evidencia empírica que el localismo y la regionalización funcionan. Y lo hace en muchas áreas importantes como “la educación, la salud, la producción de manufacturas, la agricultura y la generación de poder, por ejemplo”.
Es así que para esta innovadora contra-cultura “el localismo es un concepto de desarrollo que contempla sobremanera el nivel humano, con la expansión de comunidades no sólo económicamente más robustas sino también más activas políticamente y más sanas ambientalmente.
Con respecto al ámbito financiero, el movimiento aspira a dejar en claro que el “separar el dinero del lugar y distraerlo de la inversión productiva, no es el resultado inevitable de los avances tecnológicos o de la evolución económica. El dinero es una invención humana y las reglas que controlan el funcionamiento de ese dinero también han sido invenciones. Por lo tanto ha habido quienes diseñaron reglas que favorecieron la actual movilidad sobre la comunidad, la actual volatilidad sobre la permanencia, la actual especulación sobre la inversión”.
Quizás nos haya llegado el momento de ver, de modo concreto, a qué reglas adherimos para que nos pase lo que nos pasa. Y hacer algo al respecto. Nuestra pobreza ya no nos deja espacio para el melodrama y la histeria. Sí tenemos el espacio justo para -con una sobriedad extrema y sin altisonancias- limpiar nuestras rodillas y comenzar dignamente a ponernos de pie como comunidad. Y luego simplemente caminar juntos, buscando aprovechar el lado bueno de la globalización y construir -como los demás- un espacio anticrisis en el mundo.

ATTAC Mallorca no s'identifica necessàriament amb els continguts publicats, excepte quan estan signats per la pròpia organizació.