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Esparcir la riqueza hacia la sanidad privada

24 juny, 2009 - EE.UU., Sanitat

Dean BakerTruthout
“Ahora es el momento en que el ventilador empieza a esparcir excrementos, mientras los hombres de los lobbies echan humo rondando a los miembros del Congreso como los cowboys del Viejo Oeste reuniendo el ganado.
Los grupos industriales también tienen sus amigos en los medios de comunicación y hacen horas extraordinarias para salvar todos los obstáculos que les pueda representar la reforma de la atención sanitaria. Por ejemplo, llenan los espacios publicitarios con anuncios alarmantes, intentando meter miedo con mentiras como que las personas ya no podrán acudir al médico si se aprueba la reforma.
Puesto que hay millones de millones de dólares en juego, el esfuerzo es comprensible. La historia es simple. Las compañías de seguros, de productos farmacéuticos y de suministros médicos, junto con los hospitales y la American Medical Association han conseguido manipular el sistema de manera que se enriquecen a espuertas. Han estructurado nuestro sistema de atención de salud de manera que pagamos más del doble de lo que paga la gente en otros países ricos, a pesar de recibir unos servicios bastante peores.
Actualmente se prevé que el sector de la salud crecerá rápidamente en la próxima década, y representará una cuota cada vez mayor de la economía. Desde los Centros Medicare y Medicaid (CMS) informan que sólo el aumento de la cuota de gasto en atención de la salud durante la próxima década nos costará $ 4,3 billones de dólares, lo que significa unos 57.000 dólares en impuestos para una familia promedio de cuatro personas.
¿Quién se beneficia de la generosidad de los contribuyentes? El CMS estima que 1,4 millones de dólares, o sea, unos 18.500 dólares por familia, se destinarán a los hospitales. Los médicos y las compañías farmacéuticas se llevarán la recaudación récord de alrededor de 550 millones respectivamente, con un costo de 7.300 dólares por familia. Y se prevé que la cuota del sector de los seguros en el PNB se incremente en 360 mil millones de dólares, o sea, unos 4.800 dólares por una familia.
Estas transferencias masivas no son el resultado de las maravillas del libre mercado. Estas personas se están llevando el dinero de nuestros bolsillos porque sus amigos en el Congreso han manipulado la cubierta del barco de tal manera que el dinero fluye de nosotros a ellos. Por ejemplo, el gobierno asegura a la industria farmacéutica los monopolios de las patentes que impiden la competencia normal en el mercado de medicamentos.
A diferencia de cualquier otro país en el mundo, los Estados Unidos permiten a las empresas farmacéuticas que sus monopolios protegidos por el gobierno puedan cobrar lo que quieran. El resultado es que pagamos casi el doble en medicamentos recetados que en países como Canadá y Alemania.
Del mismo modo, los médicos pueden controlar rígidamente la oferta de nuevos profesionales, ya sean estadounidenses o extranjeros. (…) Nosotros pagamos a nuestros médicos casi el doble de lo que les pagan en otros países ricos. La brecha es especialmente amplia en el caso de especialistas muy cotizados, como son los neurocirujanos y los cardiólogos.
Por supuesto, el sector de los seguros es un desastre total. Se embolsan más de 15 centavos por cada dólar que pagan a los proveedores. En comparación, los gastos administrativos de Medicare son menos del 2 por ciento de sus ingresos. Si las compañías de seguros tuvieran que competir con un plan de seguros público en igualdad de condiciones, simplemente serían expulsadas del mercado.
Y sabemos que los aseguradores privados no pueden competir, porque ya tienen esta experiencia con el programa de Medicare. Cuando las compañías de seguros privadas tienen que competir en igualdad de condiciones con el tradicional plan de gestión del gobierno, simplemente no pueden. Esa es la razón por la que consiguieron que sus amigos del Congreso aprobaran el Medicare Advantage. Con este programa se reparte riqueza dando a los aseguradores privados un subsidio de más del 11 por ciento por paciente. A medida que el Congreso vaya debatiendo la reforma sanitaria, iremos viendo con más claridad lo que está sucediendo, porque sería fácil diseñar reformas que reduzcan los costes sin comprometer la calidad de la atención sanitaria.
Pero no se trata de eso. De lo que se trata es de si el Congreso se atreverá a tocar las estructuras que succionan una cantidad cada vez mayor del dinero de los contribuyentes hacia la industria de los seguros, los hospitales, las compañías farmacéuticas y los médicos.
El indicador clave para saber si el Congreso sigue en sus trece de redistribuir los ingresos hacia las compañías de seguros, farmacéuticas, etc. o no, es la elaboración de un sólido plan público que puedan aceptar tanto las personas individuales como las empresas. Un sólido plan tipo Medicare no sólo reduciría lo que se lleva en impuestos la industria sanitaria privada, sino que también permitiría negociar precios más bajos de las compañías farmacéuticas, de las empresas de suministros médicos y de otros proveedores de atención médica. Por esta razón, la mayoría de la industria está unida en contra de cualquier tipo de plan público. Su último compromiso es un sistema de pequeñas cooperativas de seguros que no tendrá ningún poder de negociación. Esa es un buen chiste, pero no tiene nada que ver con la reforma de la atención sanitaria.
Por lo tanto, no baje la guardia. A menos que el Congreso cree un serio plan público de salud, usted puede esperar que le atropelle el mayor aumento de los impuestos de la historia de la humanidad: y todo ello para ir a los bolsillos de la industria privada de la salud.”
Traducido para Punts de Vista por Angels Martínez Castells
http://angelsmcastells.nireblog.com/

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