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Espiar al pueblo

16 juliol, 2010 - EE.UU.

Juan GelmanPágina 12
Vale la pena visitar el museo de la Stasi -o Ministerio de Seguridad del Estado o Servicio de Inteligencia Interior- instalado en su antigua sede, calle Normanenstrasse, Berlín Este. La Stasi nació en 1950 bajo el régimen “socialista real” de la República Democrática Alemana y expiró con la caída del Muro de Berlín, en 1989. Contiene, entre otras, una colección de equipos empleados para espiar a la población de Alemania Oriental, cámaras en miniatura que se podían esconder en los ojales del saco, en corbatas y hasta en falsos caramelos, artefactos de escucha a distancia que la tecnología alcanzada en el país perfeccionó.
Se consideró a la Stasi el mejor sistema de vigilancia del prójimo, y no era para menos: el número de sus agentes ascendía a 91.000 y además contaba con los soplos de 173.000 informantes civiles, en muchos casos obligados a prestar semejante servicio. Sorprende encontrar los nombres de algún escritor más o menos célebre en la lista del caso. Las administraciones autoritarias no se manejan de otro modo. Tal vez porque tienen conciencia del horror que imponen y temen las reacciones de la ciudadanía. Su estilo de orden y mando no admite réplica.
Las tentaciones de la imitación son grandes y la gran democracia del Norte está copiando ciertas técnicas. El gobierno de Obama ha consolidado y aun ampliado los programas de espionaje de los estadounidenses que W. Bush estableció. Hace un par de años, el Pentágono suspendió la Oficina de Actividades de Contrainteligencia en el terreno (CIFA, por sus siglas en inglés), que se dedicaba a vigilar a los grupos pacifistas y a infiltrar provocadores en los mitines de quienes se oponen al servicio militar obligatorio, como los cuáqueros. El argumento del terrorismo aquí no sirve: una cosa es poner bombas y muy otra manifestar una opinión que a la Casa Blanca no le gusta. Con Obama, la CIFA renació bajo las alas del Pentágono.
El mes pasado informó The Washington Post de que la DIA o Agencia de Inteligencia de Defensa “desea abrir una nueva base de información sobre individuos y grupos” (www.washingtonpost.com, 15-6-10). Su labor consistirá en reunir datos concernientes a “individuos involucrados o de interés para las operaciones del Pentágono relacionadas con inteligencia, contrainteligencia, antiterrorismo y antinarcotráfico”, así como “personas implicadas en actividades de inteligencia extranjera y/o de entrenamiento” (www.thefederalregister.com, 15-6-10). Dos funcionarios que prefirieron el anonimato apuntaron que “la CIFA fue disuelta en el papel, pero buena parte de su personal y algunas de sus funciones fueron transferidas” a un centro de la DIA (www.newsweek.com, 18-6-10), encargado de documentar operaciones que afectarían la seguridad nacional a fin de sancionarlas. Su definición es imprecisa y muy abarcadora.
El espionaje de ciudadanos estadounidenses por su gobierno comenzó en 1967 con el presidente Lindon B. Johnson y se incrementó después del 11-S. Mike van Winkle, vocero del Centro de información antiterrorista de California, explicó así la vigilancia de manifestantes pacíficos contra la guerra de Iraq: “Si hay un grupo que protesta contra una guerra cuya causa es la lucha contra el terrorismo internacional, podría haber terroristas en esa protesta. Casi se puede decir que la protesta es un acto terrorista” (www.progressive.org, 4-2-10). Estas declaraciones se formularon a más de un año del gobierno de Obama.

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