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Estados Unidos propondrá al G-20 generalizar el impuesto a los bancos

20 gener, 2010 - Entitats financeres

Sandro PozziEl País
Barack Obama quiere que su cruzada contra los “beneficios masivos” y las “remuneraciones obscenas” de la banca traspase fronteras. Por eso, el presidente de Estados Unidos quiere utilizar el G-20 y el Consejo de Estabilidad Financiera para conseguir que se extienda a otros países una tasa similar a la que él acaba de proponer para los bancos que operan en EE UU, según señala la Casa Blanca en los documentos que acompañan la propuesta. Los países europeos estudiarán hoy la idea en la reunión del Eurogrupo, señaló el viernes el presidente del mismo, Jean-Claude Juncker, que aplaude la idea estadounidense pero se muestra algo escéptico sobre su posible generalización.
Un día antes de que los titanes de Wall Street empezaran a presentar resultados, Obama saltó a escena para desvelar su fórmula: un impuesto selectivo de “responsabilidad financiera”, del 0,15% sobre el pasivo no asegurado de las entidades con más de 50.000 millones de dólares en activos.
La tasa, que debe ser aprobada por el Congreso, pretende recuperar hasta “el último centavo” del dinero movilizado en el rescate financiero, pero también se diseñó como una herramienta para desincentivar el riesgo excesivo: recaerá sobre todo en los bancos que tengan un mayor endeudamiento. No están sujetos al impuesto ni los recursos propios de calidad (capital Tier 1) ni otros pasivos como los depósitos.
Esa fórmula, por tanto, beneficia a entidades como las españolas, dedicadas a la banca comercial o minorista, que no están muy apalancadas y que financian buena parte de su pasivo con depósitos de clientes. Penaliza más a la banca de inversión y a entidades que recurren en mayor grado a financiación mayorista. La tasa castiga más el riesgo que el tamaño, en línea con lo que defienden para la futura regulación banqueros españoles como Emilio Botín, presidente del Santander.
Tal vez por ello -o tal vez no- el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no tardó en declararse abierto a estudiar la idea. Sin embargo, otros países como Francia, Reino Unido y Alemania, aunque aplauden la medida de EE UU, no han tardado en marcar distancias. Como recordó el propio Juncker, cuando se trata de cuestiones de impuestos cada país decide lo suyo, en función de la situación doméstica, y avanzar en la misma dirección se hace más complicado.
Las tres potencias europeas creen que la ecuación va bien para EE UU, porque su sector financiero es mucho más grande y el esfuerzo movilizado desde octubre de 2008 para el rescate fue mucho mayor. Europa es más partidaria de gravar las transacciones financieras con un instrumento similar a la tasa Tobin e imponer un impuesto del 50% a los sobresueldos elevados como han decidido París y Londres, opciones a las que Washington se opuso en el G-20. Además, algunos expertos europeos creen que el impuesto tiene fallos en su diseño que llevarían a una doble imposición en caso de generalizarse y recuerdan que buena parte de las operaciones con hipotecas subprime estaban fuera de balance, es decir, habrían quedado exentas del impuesto pese a su elevado riesgo.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) se comprometió en otoño a presentar algunas ideas para conducir el debate sobre cómo la industria financiera debe contribuir a recuperar los costes de la crisis. El Fondo cree que la maniobra de Obama demuestra que se puede encontrar la manera de hacer a la poderosa banca responsable de sus acciones. Y por eso pide que no se desaproveche la oportunidad.
Las intenciones de Obama son justas y sensibles a la frustración popular, que ve como la banca se aleja del precipicio mientras los trabajadores pierden casas y empleos. O al menos a primera vista, porque no son pocos los que temen que la tasa no tenga la intensidad necesaria para cambiar las cosas en Wall Street y todo sea al final una maniobra política para salvar los muebles de cara a las legislativas de otoño.

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