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Financieros inquietantes

2 novembre, 2009 - Entitats financeres

Soledad Gallego-DíazEl País
Hasta hace relativamente poco, los gobernadores del Banco de Inglaterra eran aristócratas, algo cursis y pedantes, a los que les parecía poco elegante hablar en público de dinero. Por supuesto, eso cambió. El que hay ahora, Mervyn King, es un antiguo profesor de Cambridge, Harvard y el MIT, al que no se puede acusar de no hablar. Más bien, King tiene desde hace meses una pronunciada tendencia a decir frases memorables. La última, por ejemplo, rememoraba al Winston Churchill de la II Guerra Mundial: “Nunca tantos le han debido tanto a tan pocos”, dijo el primer ministro sobre los heroicos pilotos de la RAF. “Nunca tan pocos le han debido tanto dinero a tantos”, ironizó King, bastante harto de que los bancos reciban enormes cantidades de dinero de los contribuyentes sin que se reforme el sistema y sin que, para colmo, esos pocos hayan aceptado reducir sus formidables ingresos.
Las arremetidas de Mervyn King coincidieron, además, con las declaraciones de lord Griffiths, una de las grandes figuras de la City, que en su tono habitualmente solemne y pausado se dirigió a una selecta audiencia en la catedral de Saint Paul, en Londres, para defender las enormes primas que reciben los financieros. Griffiths, que es lord, pero procede de abuelos mineros, aseguró que la opinión publica “debe aprender a tolerar la desigualdad creada por las grandes primas de los banqueros”. “Es el precio que se paga por una mayor prosperidad para todos”, mantuvo. Su conferencia se titulaba Moralidad en el mercado. “No tenemos por qué avergonzarnos de dar unas compensaciones que resulten competitivas en el mercado internacional y que aseguren que el negocio bancario se queda aquí”. Su firma, Goldman Sachs, se aplica a estos principios morales: va a distribuir el mayor bono de su historia.
Seguramente, los técnicos encontrarán muchos motivos para criticar al actual gobernador del Banco de Inglaterra, sobre todo la lentitud con que reaccionó ante la crisis del Northern Rock, pero la opinión pública británica empieza a mirar con afecto a este hombre de pelo canoso y gafitas redondas, que procede, por educación, de lo más selecto de la sociedad inglesa (aunque es hijo de un empleado de ferrocarril). King, que renunció sabiamente este año a una subida salarial de 125.000 libras, tiene una virtud mediática innegable: se le entiende cuando habla. Del famoso Alan Greenspan se decía que era tan hermético y ambiguo que ni su novia se enteró de que le estaba pidiendo que se casara con él. Mervyn King no es sí. Esta semana, por ejemplo, se plantó ante un círculo de empresarios de Edimburgo y, en lugar de adormecerlos con jerga monetaria, se dedicó a ponerles muy nerviosos: según él, las medidas adoptadas y anunciadas por Estados Unidos, Europa y el G-20 para sortear la crisis no van a servir realmente para nada en el enorme entuerto actual.
King piensa que cuando un banco es demasiado grande para poder dejarle caer, lo que hay que hacer es trocear el banco. No es una idea tan absurda. De hecho, en Estados Unidos, desde el crash del 29 y hasta la llegada de Bill Clinton, se impedía que los bancos se dedicaran al mismo tiempo a depósitos y a inversiones especulativas. Eso es lo que propone ahora el gobernador del Banco de Inglaterra. Mervyn King está seguro de que los platos rotos de esta crisis los va a pagar una generación entera y lamenta que ni aun así se tomen medidas para impedir una nueva catástrofe.
Para King, el apoyo que está dando el Gobierno a bancos que han desarrollado amplios sectores de servicios especulativos podría ser considerado como el mayor peligro moral de la historia. “Es ilusorio creer que sólo con nuevas regulaciones será suficiente para prevenir que los bancos generen nuevas crisis financieras en el futuro”. “Tenemos que hacer lo necesario para impedir que tantos hogares y empresas dependan de tan pocas instituciones que se dedican a actividades de tanto riesgo”. Los asistentes a la reunión salieron pálidos.

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