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Guerra de divisas. Lo peor, por llegar

18 octubre, 2010 - Internacional

Natalia BoreLa voz de Galicia
Los analistas advierten de que la devaluación competitiva de las monedas a nivel global amenaza la recuperación
Aún incipiente, según algunos analistas, o ya declarada, para otros, lo cierto es que el horizonte económico mundial está dominado a corto plazo por la guerra de divisas, es decir, por la carrera de devaluaciones competitivas en la que Gobiernos de los cinco continentes se han embarcado. El objetivo es claro: en época de crisis la única vía para reflotar las economías, dado el poco pulso de la demanda interna, es potenciar las exportaciones. De ahí la importancia de contar con una moneda débil, como el dólar estadounidense o el yuan. Los grandes perdedores son los países con divisas fuertemente apreciadas, como las de los emergentes que, como por ejemplo Brasil, han visto que su moneda se ha fortalecido ante la masiva inversión foránea, en busca de una rentabilidad que ya no obtiene en los países desarrollados, más golpeados por la crisis y con tipos cercanos al cero. La economía japonesa y la de la UE también se contabilizan en el bando de las perjudicadas, con un euro que -tras el desplome de primavera- vuelve a mostrar músculo.
El peligro
Las divisas como «arma»
El 27 de septiembre, el ministro de Finanzas brasileño, Guido Mantega, afirmaba que había comenzado una «guerra mundial de divisas». Pocos días después, el director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, advertía -a través de una entrevista en el Financial Times previa a la reunión de otoño del FMI y del Banco Mundial- de los peligros que para la recuperación económica global entrañaría que los Gobiernos comenzaran a usar su moneda como «arma de política económica».
«La guerra de divisas aún es incipiente, pero creo que cobrará protagonismo en los próximos meses, por lo que habrá que vigilarla», apunta Marian Fernández, responsable de Estrategia de Inversis Banco. La analista afirma que hasta ahora «se habían respetado las reglas del juego por parte de los Estados, en el sentido de no usar la divisa como un arma competitiva, pero eso está cambiando». Hay movimientos de distintos países -desde Japón a Brasil, Suiza, Corea, el Reino Unido o Tailandia, entre otros- en el mismo sentido: impedir la apreciación de su divisa o, directamente, depreciarla para lograr ventajas en el comercio exterior.
Según Fernández, «precisamente lo que diferenciaba a esta crisis de otras anteriores, como la Gran Depresión, era el no haber entrado en devaluaciones de tipo competitivo ni en bloqueos comerciales». Pero ahora cada país defiende sus propios intereses.
Japón
Medidas desesperadas para depreciar el yen
El Gobierno japonés intervino por primera vez en seis años el pasado septiembre para tratar de frenar la espiral cambiaria de su moneda. Y es que el yen se ha fortalecido frente al dólar hasta 81,8, situándose en máximos de los últimos 15 años. La actuación del Ejecutivo nipón -que ya ha anunciado su disposición a tomar nuevas medidas para enfriar su moneda- es un intento desesperado por huir de la deflación y activar sus sectores industrial y exterior, que deberían haber tirado de una recuperación que no se ha producido, precisamente porque el yen está excesivamente fuerte.
China
La amenaza de un yuan artificialmente barato
En el otro extremo del problema está el yuan chino, que se mantiene en niveles artificialmente bajos. Poseedor de divisas extranjeras por valor de 2,6 billones de dólares (más del 30% del total mundial), China se resiste a apreciar su moneda como le exigen Estados Unidos y el resto de los países desarrollados, que pretenden que el yuan se cambie un 20% más caro en dos años frente al billete verde, pues se estima que está un 40% por debajo de su valor real. En las últimas semanas, el yuan se ha apreciado ligeramente. Según señala José Luis Martínez, estratega de Citi en España, «en los dos últimos meses se ha apreciado más de un 2,5%», pero el Gobierno chino no cederá a las presiones para que se produzca un ajuste violento.
Estados Unidos
Un dólar bajo y más liquidez a la vista
Aunque exige a otros países que no intervengan para depreciar sus divisas, Estados Unidos parece no querer aplicarse la receta. Y es que la batalla monetaria promete tener aún más recorrido, especialmente en el rango de cambio euro-dólar, pues es más que probable que la Reserva Federal, en su reunión de noviembre, decida comprar activos al mercado e inyectar más dólares en el sistema, lo que provocaría una depreciación del dólar. Hay analistas que critican esta actuación «cortoplacista, escasamente constructiva y nada cooperativa», que no ayuda al necesario reequilibrio mundial que, sin embargo, le reclaman a China.
La UE
El euro, sin capacidad de maniobra
Que sea el otro el que pague la crisis. Esa es la idea que subyace tras las devaluaciones competitivas, y así está ocurriendo en la UE, con un euro disparado que está cargando sobre sus hombros el desproporcionado peso del ajuste de los tipos de cambio mundiales. Trichet lanzó una advertencia al afirmar que a «Estados Unidos le interesa un dólar fuerte», pero ha sido Alemania -el campeón de las exportaciones es quien más está sufriendo las tensiones-quien ha abierto fuego al afirmar que su cambio es ficticio. «Si vemos romper al euro con fuerza el cambio de 1,40 dólares, supongo que el BCE intensificará sus críticas, pero no lo veo interviniendo, porque tampoco tiene otra posibilidad de hacerlo salvo la que usa: la verbal», explica la responsable de Estrategia de Inversis. Mientras, la débil recuperación europea peligra.
Los emergentes

Intervenir a discreción
Brasil ya ha tomado medidas para frenar la apreciación del real y anuncia más, si fuera necesario. Tailandia, Corea, la India, Singapur y un rosario de países tampoco se han quedado atrás. Impera el sálvese quien pueda.
El  G-20
La oportunidad para fijar límites frente al riesgo
Los expertos sostienen que la guerra de divisas no ha hecho más que empezar y que la reunión del G-20, en noviembre, es la oportunidad para desactivar el riesgo de que acabe en batalla comercial. «Espero que se llegue a un acuerdo para evitar que se generen políticas proteccionistas, que es lo que no es deseable para nadie», apostilla Martínez. En la reunión de Washington tal pacto no fue posible.

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