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¡Israel fuera de la ley!

12 juny, 2010 - Opinió

Guillermo AlmeyraLa Jornada
El ataque pirata de la marina y la aviación israelíes en aguas internacionales contra una flotilla humanitaria que llevaba alimentos a la población de la franja de Gaza, sitiada por hambre, bombardeada y agredida continuamente por el gobierno colonialista y racista de Tel Aviv, exige de todos aquellos que dicen defender la democracia una respuesta enérgica e inmediata, que no quede limitada a la mera protesta diplomática verbal.
El asesinato a sangre fría de civiles desarmados de varias nacionalidades y el brutal asalto a la flotilla nos retrotraen a los años 30, poco antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando la Italia fascista ocupó Etiopía, con desprecio total por la comunidad internacional organizada, bombardeando con gases a guerreros que resistían con lanzas, en el momento en que la Alemania nazi ocupaba, también ilegalmente, Austria y Checoslovaquia o intervenía en la Guerra Civil española inaugurando el bombardeo de ciudades abiertas, como Guernika, y el imperio japonés cometía atrocidades en China.
El brutal desprecio de tipo nazifascista por la legalidad internacional pisoteada, la matanza de pacifistas desarmados porque éstos, al responder a puñetazos la agresión de los piratas, habrían puesto en peligro la vida de los israelíes, el secuestro violento de cientos de personas (mujeres, ancianos, religiosos, periodistas y novelistas, y hasta una diputada árabe al parlamento –la Knesset– de Israel y un ex embajador de Estados Unidos) y la violencia, los insultos y las agresiones con que en la propia Knesset se impidió a una diputada repudiar la detención ilegal, muestran claramente que la derecha que gobierna Israel se cree superior a los principios y las leyes reconocidos por la comunidad internacional y plasmados en las resoluciones de Naciones Unidas, que Israel viola reiteradamente.
En el pasado reciente, el régimen del apartheid sudafricano, racista y criminal, fue puesto fuera de la ley por el resto del mundo, que rompió relaciones con el gobierno fascista de Pretoria. Israel es igual de colonialista y racista que el gobierno del apartheid, ocupa con colonos judíos, pese a las resoluciones internacionales, territorios usurpados a los palestinos, les roba el agua, impide el acceso a Gaza, bombardea sus territorios cuando le place, detiene o asesina a quienes Tel Aviv considera peligrosos simplemente porque ellos defienden su país, destruye instalaciones de Naciones Unidas en Gaza o Cisjordania y todos los servicios indispensables para una vida moderna en las zonas palestinas donde decide actuar unilateralmente.
Como la Alemania nazi, la Italia fascista o el Japón del Mikado, Israel se ha armado hasta los dientes y posee decenas de bombas nucleares que incluso se jacta de tener desplegadas en submarinos frente a Irán, país que, como Siria o Líbano, Tel Aviv tiene en la mira. Por agresor, belicista, racista y partidario de un nuevo y peor apartheid, Israel debe ser expulsado de la ONU, y todos los gobiernos democráticos deben romper de inmediato relaciones con el gobierno de los piratas racistas encabezado por Netanyahu, además de suspender todos los tratados y acuerdos de cualquier tipo con un régimen que es una amenaza permanente para la paz en Medio Oriente y un peligroso delincuente internacional.
Israel no podría mantener su economía, su armamentismo y su política agresiva sin el apoyo del capital financiero internacional, que lo necesita para presionar a los países petroleros de la zona, como lo necesitó para robar el petróleo iraquí y destruir al Estado árabe más avanzado de la región con una guerra de ocupación y destrucción de la economía y la cultura que ha costado a Irak más de un millón de muertos y otro millón de desplazados.
La audacia del perro feroz Netanyahu le viene sólo del apoyo del amo estadounidense, que se limita a deplorar verbalmente todas las acciones y posturas delictivas del gobierno de Tel Aviv, que conoce y aprueba de antemano. La hipocresía de Washington y su complicidad con la derecha israelí y el colonialismo sionista no tienen límites.
El Departamento de Estado, en su intento por proteger al régimen infame de Benjamín Netanyahu, es apoyado sólo por corruptos y fascistas confesos, como el italiano Silvio Berlusconi, o por gente servil de la misma calaña. Nicaragua y Turquía ya han llamado a sus embajadores en Israel. Su ejemplo debe ser seguido por todos los gobiernos que quieran mantener una credibilidad democrática formal. Hay que romper el criminal bloqueo a Gaza, dar alimentos y agua a sus habitantes y exigir la libertad de los palestinos que llenan las prisiones de Israel. Para ello no bastan las declaraciones. Si la historia nos enseña algo, es que los fascistas –y el gobierno de Netanyahu, en el pasado y ahora mismo, ha demostrado que lo es– sólo ceden ante la fuerza.
La alternativa a una operación quirúrgica de la comunidad internacional sólo podría ser, tarde o temprano, una guerra en la región por todos los medios, incluso nucleares, provocada por Israel con el pretexto de rechazar una presunta amenaza de Irán, Siria, Hezbollah y Hamas. Barack Obama hasta ahora ha mantenido en la región la política de George W. Bush que como senador decía rechazar. La tergiversación y la hipocresía de su política exterior no pueden ser mantenidas cuando por una región tan crítica un gobierno racista, que se cree guiado por un dios propio y está armado hasta los dientes, se mueve como un perro rabioso, sin consideración por nada o por nadie. Israel debe ser radiado de la ONU y condenado como fueron condenados los mucho menos peligrosos delincuentes de Pretoria.

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