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La burguesía o la crisis en marcha atrás

9 abril, 2009 - Crisi sistémica

Michel Husson – Comité Científico de ATTAC Francia
Frente a la crisis, a la burguesía le gustaría ir un poco más adelantada. Así el economista jefe de la OCDE, Klaus Schmidt-Hebbel, admite que “el peor de los escenarios se está materializando” (1), pero se mantiene firme en los principios: “La debacle en el sector financiero no pone en cuestión los efectos benéficos de las reformas recomendadas de los mercados de productos y del mercado del trabajo”. En una versión preliminar de su estudio consagrado a Francia, la OCDE toma sus deseos por realidades: “en cuanto la recuperación se consolide, será urgente poner en marcha un programa de reducción del déficit público, conforme a las obligaciones del pacto de estabilidad y de crecimiento”. Es el inconsciente burgués el que se expresa aquí: los negocios se van a reactivar en 2010 y será necesario inmediatamente enjugar los excesivos gastos de 2009 emprendiendo un amplio plan de austeridad.
Pero la decepción está a la vuelta de la esquina. Todas las previsiones para 2009 son de un negro muy profundo: retroceso del 2,7% del PIB europeo, déficit presupuestario del 5,6% del PIB en Francia, varios centenares de miles de empleos destruidos, etc. Si fuera sólo una fluctuación un poco fuerte, se podría, siguiendo a Trichet, imaginar una recuperación en 2010. Pero la economía mundial no despegará espontáneamente porque la crisis es estructural: los modelos de crecimiento de los Estados Unidos y de China -fundados respectivamente en el endeudamiento de las familias y en el todo a la exportación- están dañados para mucho tiempo. En los dos casos, hay que poner en pie nuevos enfoques. Y eso tomará su tiempo, máxime considerando la gran incertidumbre reinante sobre la compatibilidad de los ajustes a nivel mundial en materia de tasa de cambio del dólar, de déficit estadounidense y de reciclaje de los excedentes chinos.
A pesar de los grandes discursos, la Unión Europea está sufriendo una implosión como entidad económica. Varios países al borde de la bancarrota, ausencia de voluntad política y de instrumentos de coordinación, relanzamientos ficticios y el cada cual para sí: todo esto tampoco puede ser arreglado en algunos meses y necesitaría una refundación completa del modo de funcionamiento de la Unión.
Y sobre todo la crisis financiera está lejos de haber terminado. Hay que esperar un largo período de crisis y de rescates, como muestran los repetidos “rescates” de la AIG (American International Group): este grupo de seguros hundido hasta el cuello en la garantía de los créditos podridos ha sufrido una pérdida de 62 millardos de dólares en el último trimestre de 2008. De ahí un plus de 30 millardos de dólares que se añaden a los 150 ya recibidos en 2008. Nadie sabe si esto bastará y AIG arrastraría aún unos 300 millardos de dólares de credit default swaps dudosos (2). Incluso la crisis hipotecaria que desencadenó todo sigue sin reabsorberse. Al contrario, se extiende: tras las subprimes, les toca el turno de hundirse a los Alt-A (créditos menos dudosos) y, según un analista financiero citado por el The Economist, “una ola aún mayor se perfila en el horizonte y engloba a todos los tipos de préstamo”.
La burguesía navega a ojo, sin brújula, entre Guatemala y Guatepeor: bien correr el riesgo de hundir por diez años la economía mundial, bien nacionalizar los bancos para hacer la limpieza. Hacia ello va, marcha atrás, pero va a verse obligada a hacerlo, a su manera evidentemente: no demasiado y no demasiado tiempo. Sin embargo la solución racional consistiría en nacionalizar todas las instituciones financieras. No es el gusto por la “radicalidad” lo que conduce a esta conclusión sino la simple observación del flujo continuo de pérdidas, de quiebras y de rescates. Y también las debilidades de las demás soluciones: inyectar dinero no da nada, es un pozo sin fondo; conceder una garantía pública equivale a transferir sobre el presupuesto pérdidas potenciales enormes; con el bad bank (3), el Estado compra activos tóxicos de los bancos, salvo que esta toxicidad es evolutiva y que nadie sabe cual podría ser el “justo precio” de los activos podridos. Desde un punto de vista tanto económico como ético, la nacionalización integral es el único medio de poner las cosas en orden, hacer las cuentas y luego clasificar y no pudrir el próximo decenio en nombre de la protección de intereses sociales en quiebra.
Notas:
(1) Las referencias se pueden encontrar en : http://tinyurl.com/crise09
(2) Los Credit Default Swaps, intrumentos que aseguran una deuda en caso de impago por el emisor (ndt)
(3) “Banco malo” (o banco “agregador”) que compraría buena parte de las estructuras de activos de baja calidad (ndt).
Artículo publicado en CADTM.

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