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La crisis también es política. La crisis también afecta a las izquierdas

14 agost, 2012 - Opinió

Carlos Martínez – Presidente de ATTAC Andalucía
La crisis política española es fruto del agotamiento de los partidos del sistema o del segundo turno del Pardo, con una Transición inconclusa que no acabó con numerosos quistes franquistas en los aparatos del estado. Es igualmente fruto de una Constitución ya superada por los acontecimientos y encima violentada por una reforma express que sacraliza en su texto al neoliberalismo. De esos polvos constitucionales, estos lodos de los recortes, el déficit y el Pacto Fiscal.
La crisis de las instituciones políticas y judiciales es más que palpable. Comenzando por la hasta ahora intocable monarquía. La familia real se ha visto envuelta en escándalos, situaciones comprometedoras, despilfarros y “amistades peligrosas”, además de constantes intromisiones políticas e injerencias inconstitucionales, intolerables, siempre tendentes a favorecer a las grandes patronales, la banca y los EE.UU. en política exterior, así como a las reaccionarias y teocráticas monarquías árabes.
El poder judicial, no depurado jamás y heredado directamente del franquismo, hace ya muchos años que está muy mal valorado por la población. Los casos Garzón y la guinda del caso Dívar han sido detonantes de este merecidísimo desprestigio social. Además de ser lento, pesado, caro y funcionar mal, y siempre con criterios de clase y conservadores.
La llamada “clase política”, pues el concepto de ciudadano político o en política ha perdido terreno a favor de una clase profesionalizada y sin contacto en casi ningún caso con la vida cotidiana de la gente. Muchos de sus miembros, sin haber trabajado jamás en otras actividades, han fortalecido una oligarquía política poderosa y en la que no se asciende por merito, capacidad, liderazgo y apoyo democrático, sino por cooptación pura y dura, basada en la fidelidad a quienes ostentan en ese preciso momento el poder político partidario. Se dice que no todos son iguales y es cierto, pero la ley de hierro de las oligarquías políticas, es muy raro donde no funciona.
El desprestigio de los partidos es común a todos. Es cierto que IU, en la izquierda, y UPyD en la derecha, conservan prestigio. Especialmente IU entre las victimas humildes de la crisis. Sin embargo, también con respecto a la coalición de izquierdas se perciben, de forma generalizada por la ciudadanía, otros problemas que pueden ser analizados sociológicamente de forma más seria, pero que -ley electoral aparte y haciendo abstracción del ataque y/o en ocasiones ignorancia mediática- el electorado no la percibe como una fuerza con posibilidades reales de poder cambiar sus vidas. No creo que sea mi tarea decirle a la dirección de IU lo que debe hacer. Pero sí el sugerir que, a la izquierda antineoliberal, transformadora y revolucionaria o por un cambio real, la necesidad de una amplia convergencia que ya no refunde, sino que funde o ayude a fundar un frente amplio constituyente y anti neoliberal con voluntad manifiesta de gobernar, le es y nos es imprescindible.
Pero la pregunta es, como siempre, ¿Qué hacer? Ante una crisis de valores, pero también ante una falta de credibilidad y apatía o fastidio hacia los partidos, sindicatos e ideologías. El 15M ha servido para movilizar y situar en la lucha social a un sector: el precariado de clase media, fundamentalmente. Los nuevos segmentos precarizados de una clase media empobrecida y sin recursos propios y que se rebela o se aproxima a las consignas de la extrema derecha.
Lo de ni izquierdas, ni derechas, estuvo bien mientras duró, pero es una posición peligrosa, pues es una consigna falangista importada de los fascistas italianos. Prueba de ello ha sido la aparición de personas vinculadas a la Falange actualizada y Mario Conde en DRY.
En cambio, resulta que las derechas si lo son, es decir tienen muy claro que son conservadores y ultra liberales. Actúan con valores propios del conservadurismo ultra-católico y españolista, mientras que es la izquierda sociológica la que se desangra con debates estériles dentro de sus filas. El 15M ha puesto en cuestión la política institucional en gran parte corrupta y vendida a los poderes financieros que sufrimos, pero no al capitalismo. La respuesta es, sin embargo, la reapropiación de la política por parte de la ciudadanía, no su abandono.
La Izquierda real y transformadora debe decidir si desea ser un elemento de conciencia o se propone alcanzar el poder. Para ello, será necesario articular una amplia alianza popular y antineoliberal, o sencillamente será imposible defender la soberanía popular y estatal, así como lo público y los derechos sociales, incluso humanos. Inicializando un proceso constituyente o simplemente -nada más y nada menos- que exigiendo una auditoria de la deuda del Estado, como parte imprescindible en un programa mínimo anitineoliberal.
No hay posibilidad de implementar un programa antineoliberal -y esto lo debe saber la dirección de IU- ni desde una oposición condicionante, y la prueba más palpable es Extremadura, ni desde una coalición minoritaria, como es el caso de Andalucía. El poder se detenta o no. Para alcanzarlo, y en estas condiciones de subordinación a la Unión Europea, hace falta igualmente una estrategia de alianza con las fuerzas de izquierda europeas. Pero también una acumulación de fuerzas muy superior a la actual, que incluye a aquellas personas que se consideran herederas de la tradición socialista. También a las nuevas izquierdas ecologistas, alternativas y altermundistas, en pie de igualdad.
La construcción de una SYRIZA española, con las fuerzas socialistas y nacionalistas de izquierdas que apuesten por ello, puede ser un escenario que permita aglutinar un Frente de Izquierdas. Otra posibilidad es apoyar un Frente Cívico, un movimiento democrático muy inclusivo y plural, más todavía que la Cumbre Social por hacernos una idea. Si bien entiendo que cualquier opción que no pase, incluso al mismo tiempo, por fundar la izquierda, nos debilita.
 

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