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La cuestión republicana en el centro del discurso destituyente ¿Proceso constituyente o reforma?

11 juliol, 2014 - Estatal, Opinió

Carlos Martínez – ATTAC Andalucía
No se puede comenzar a asumir ya sin más como inevitable el golpe de salón monárquico, producido con motivo de la abdicación del jefe del estado anterior. Tampoco olvidar situar en cabeza de la agenda política la reivindicación republicana, como algo prioritario. En el estado español democracia y república son lo mismo. La monarquía es la herencia del dictador y la cúspide del sistema oligárquico y rentista españolista que en franquismo consolidó y cuyo poder ilegitimo el régimen del 78 no ha sido capaz de desmontar, ni siquiera controlar.La abdicación ha pasado, y la proclamación del nuevo rey se ha consumado y mientras tanto, él y su esposa se pasean tranquilamente, reparten sonrisas y medallas mientras que el régimen les hace una campaña publicitaria sin precedentes dirigida a las clases más humildes y populares, al objeto de hacerles tragar un cuento de hadas de reyes y princesas. A más millones de personas paradas, pobres y desahuciadas, piensan los propagandistas monárquicos –todos los grandes medios de comunicación empresariales y públicos, sin excepción alguna- que unos reyes jóvenes y nuevos harán soñar con palacios a pobre gente que ve con envidia y simpatía a la lozana pareja que piensa en ellos y les brida su misericordia y tal vez su caridad. “Vivan las caenas”. Ese es el objetivo. No se olvide, desposesión popular y recortes han tenido y tienen en la monarquía una muleta capital. El rey ha bendecido todos los recortes y ha sido propagandista de las políticas Troika.
Históricamente y si la historia es la maestra de la vida, está más que demostrado que mientras la dinastía cleptómana de los Borbones reine sobre las “Españas” ni la libertad, ni el federalismo, mucho menos de carácter plurinacional, ni las aspiraciones de justicia y amplios resortes de solidaridad, igualación y reparto, serán posibles.
Los Borbones representan e impusieron a sangre y fuego el estado centralista. Son profundamente reaccionarios y confesionalmente católicos y tienen una larga tradición militarista y de convivencia con estados autoritarios, dictaduras, “dictablandas” y de colaboracionismo con el asesino general Franco.
Pero los Borbones  también forman parte de la alianza de sangre con una oligarquía rentista y bancaria que apoyó la restauración de Alfonso XII. Al inútil del Alfonso XIII le sirvieron dejando a su reino en la miseria y la incultura, para tras 1931 terminar maquinando contra la República y financiando el golpe de estado militar, ultramontano y falangista. Finalmente sosteniendo la monarquía nuevamente restaurada por Franco. Son por tanto, los Borbones, parte del problema. Representando la monarquía, no solo de una forma de estado, sino la imposibilidad de establecer una democracia real y un estado social.
La monarquía es la encarnación de la prohibición neoliberal de caminar hacia el socialismo en democracia y libertad, pues encarna la propiedad inamovible de los recursos públicos en manos privadas. La corrupción institucionalizada y el poder de las grandes empresas y poderosas familias.  La preeminencia de la Iglesia Católica y la quintaesencia de un capitalismo egoísta, especulador, usurero y rentista.
Las clases populares y la gente pobre, ha visto como han robado miembros de la familia real. Como viven a su costa estas personas y como se despilfarra en batallones de la guardia y “multioperaciones” de cirugía estética. Clínicas privadas, para cuidar su salud o parir. Coches y palacios públicos para vivir. Escandalosas vacaciones y una fortuna no justificada. Pero mientras tanto sufren las personas en sus carnes y contemplan como el estado oligárquico español, cada vez representa un papel más injusto para ellos y sus hijos, pero más cómodo para las oligarquías. Cada vez es el reino más miserable, al tiempo que carente de expectativas fiables para las clases populares. Mientras tanto los ricos son más ricos que nunca y pagan menos impuestos que las clases populares.
La monarquía y su Constitución, como mucho permitirán algunas mejores sociales, algunas subidas en pensiones, algunas becas más. Pero jamás consentirán el reparto de la riqueza. La nacionalización de sectores estratégicos,  además de proteger intereses privados basados en el dominio de elementos y medios que son de todos y todas, pero que solo algunos usurpan y disfrutan.
La monarquía es un obstáculo para la justicia social y la libertad, pues su origen no se encuentra en la ciudadanía, sino en los súbditos y el hurto, -aunque sea nominal- de la soberanía al pueblo. Finalmente, la monarquía y el rey son el último eslabón para “legitimar” un posible golpe de estado oligárquico frente a veleidades socializantes, democráticamente alcanzadas o para los derechos de los pueblos sin estado, que comparten por fuerza un monarca.
Por tanto, este asunto, no se puede tomar como cuestión menor. En el estado español, no se puede diferenciar democracia de República.
El estado social y redistribuidor al menos en principio con una educación pública, de calidad y generalizada, solo será posible si se consigue iniciar un proceso constituyente que cambie las reglas del juego y le quite el poder a los oligarcas, para actuar en beneficio del pueblo. Por tanto, sin República, tampoco habrá igualdad.
Plantear solo democracia, es quedarse en la reforma de lo que hay. Es coincidir con muchos grandes partidos del sistema y es no ver que las clases subalternas y dentro de ellas sus segmentos más pobres, no recibirán nada de un régimen medieval que en el caso español se asienta en un capitalismo torpe, cortoplacista y que vive de vampirizar fondos públicos, que ya en varias ocasiones a los largo de los siglos XX y XXI lo han salvado y rescatado de sus quiebras.
Pero es que además la monarquía es la satrapía de un imperio más poderoso con dos cabezas o una doble dependencia colonial: La económica de Alemania y la militar y también económica de los EE.UU. Es decir tampoco habrá independencia  con monarquía, fuertemente ligada a intereses empresariales alemanes, de los EE.UU y de las monarquías reaccionarias del Golfo Pérsico. El jefe del estado es un simple comercial, al servicio de grandes intereses económicos y financieros ¿Hemos pues de dejar en un segundo plano la cuestión monárquica? ¿Hablamos simplemente de una forma de gobierno diferente? No. Hablamos de justicia, de libertad y de lucha contundente contra la pobreza.
Las Marchas de la Dignidad han vuelto a poner el dedo en la llaga, convocando marchas y manifestaciones con motivo de la entrega de los premios Príncipe de Asturias en Oviedo, al objeto de señalar a los enemigos de los pobres, el próximo 24 de Octubre. Los partidos firmantes del Manifiesto del Ateneo preparan una hoja de ruta constituyente y republicana para este otoño próximo. Vamos allá.
 
Socialismo o Barbarie
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