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La globalización neoliberal y la guerra global

14 octubre, 2009 - Internacional, Portada

Carlos Martínez García – Presidente de ATTAC España
La globalización o mundialización actual no sólo tiene las consecuencias, económicas y sociales que constantemente se analizan, y cuyos desastres todas las personas informadas y con algo de espíritu crítico conocemos ya. La Globalización, en su fase actual, también tiene sus conflictos y guerras de conquista, expansión e imposición cultural.
Al igual que la Globalización del S. XVI se encargó de colonizar e invadir continentes enteros a los que, con más o menos éxito, no sólo explotó, sino también “cristianizó”, la Globalización Victoriana que ocupó África y Asia y sometió los océanos a su control, utilizó la violencia para defender y expandir sus intereses comerciales. La Globalización Neoliberal tiene, igualmente, su lógica de Guerra.
Actualmente vivimos una fase de guerra global, ni declarada, ni territorializada, contra algo tan difuso y teológico como es el Mal. Vivimos una guerra generalizada contra todo aquello que se opone a los intereses de los especuladores financieros, las empresas transnacionales de la energía, los alimentos, los productos químico-farmacéuticos, y los Estados que los protegen y a su vez dominan con una retórica tan falsa como endeble, intelectualmente hablando, en la que se hace ver a sus ciudadanías desinformadas, aculturizadas, e incluso idiotizadas, que se está defendiendo sus intereses, exportando a tiros valores superiores como la democracia liberal y occidental, el mercado libre, e incluso la liberación de sus seres más marginados y sin derechos.
Se justifican las guerras coloniales y, por tanto, las masacres colaterales, con mensajes de llevar la democracia o el agua potable a pueblos sin nuestra “sabiduría”, sin recursos y sin humanidad. Pero es que además todo y todos los que cuestionan esta parafernalia y el tinglado capitalista, son o somos considerados “antisistema”, y por tanto dignas y dignos de ser apaleados en las calles de las ciudades del primer mundo. A los pobres del tercer y cuarto mundo que se resisten, simplemente se les invade. Toda esta literatura justificativa de la nueva guerra global, recuerda la explicación mixtificada de la “evangelización” de América, la ocupación de la India, o la colonización sangrienta de África.
Toda esta estrategia militar-mercantil de la era Bush, y diseñada por los neoconservadores en esta fase, insisto, sigue vigente. La ocupación de Irak, la Guerra de Afganistán, la intervención en los mares de Somalia, el silencio ante el genocidio israelí sobre la población palestina…, serían algunas de las intervenciones más llamativas, herederas del 11-S y su respuesta, es decir a una guerra global y no estatal, teológica. Otra guerra de RELIGIÓN contra el eje del mal. La superioridad judeocristiana frente a los peligros del Islam. La guerra “democrática” frente a la barbarie terrorista. Pero por si fuera poco, a Bin Laden lo amamantaron los mismos que ahora lo combaten cuando la guerra era contra el comunismo.
Los mismos que se enfrentaron a Nasser, asesinaron a Lumumba, o al Comandante Ernesto Guevara, ahora combaten a un enemigo invisible, ultrareligioso, y que no distingue entre empleados y obreros madrugadores que viajan en metro o trabajan en un rascacielos con una fregona o en una centralita telefónica, y los dirigentes de la mundialización.
El enemigo laico y socialista fue eliminado, ahora queda el religioso. La verdad es que antes era la lucha contra la esperanza en un mundo distinto, más justo y sin colonias. Es decir, frente a la negativa a dejarse explotar, ahora es la guerra por el control de las energías, las rutas del petróleo, los tapones militares contra las potencias emergentes o el control geoestratégico del mundo por parte de los imperios coloniales heredados del S XIX, pero con un soporte ideológico que a veces recuerda a Las Cruzadas.
Se defiende la pesca en un país sin estado efectivo -y por tanto sin pago ni de aranceles, ni de derechos pesqueros, ni controles, ni nada-, mientras en las playas de enfrente la gente -negros eso sí- pero gente, se muere de hambre. Se bombardean bodas o aldeas, se envían a morir a chicos con pocos recursos o en paro de los pueblos de Occidente, y todo es por nuestro derecho superior a imponer una forma de vida, una cultura y una economía justa, buena y superior. ¿O es que en el Occidente cristiano no hay violencia de género, ni pobres, ni corrupción?
Mientras tanto, las potencias emergentes trazan una estrategia propia. Se reúnen, trazan proyectos económicos… pero se rearman, pues les hemos mostrado el camino, al tiempo que contemplan el estancamiento en Irak y la incapacidad en Afganistán. Los ejércitos más poderosos del mundo están empantanados frente a “estados fallidos”, o pagan carísimos alquileres a cipayos locales, que se cambiaran de bando cuando la situación varíe o las ciudadanías occidentales, bien alimentadas por ahora y no acostumbradas a ver muertos más que en las series televisivas, presionen porque sus impuestos se entierran en tierras extrañas y lejanas contra las que ellos no tienen nada.
La globalización actual que ha entrado en crisis, no solo es especulativa e injusta, también es violenta y provoca guerras. Esto lo advierto porque si la salida a la crisis del 29 fue la Segunda Guerra Mundial, alguien puede tener el mismo objetivo ahora.
Por eso la exigencia de PAZ debe ser una reivindicación, frente a la remilitarización y rearme universal que estamos viviendo, y en la búsqueda de otro modelo político y social. Pero también ante el rearme de los nuevos aspirantes a dueños del mundo. India y China en ello están, pero también Rusia, experta no solo en producción de armas, sino también en la elaboración de estrategias militares, de la que es maestra. También Brasil, al objeto de defender la Amazonía y sus plataformas petrolíferas marítimas. O Venezuela, ante la Colombia cipaya del Imperio.
Si estuviera en el lugar de los estrategas de la OTAN, a la que han convertido en alianza militar occidental de intervención mundial, estaría muy preocupado. “Nuestros” ejércitos y, sobre todo, el de los USA, ya no son capaces ni de vencer en guerras de ocupación de países más débiles, menos poblados, y sin tropas profesionales. La población de las metrópolis no está dispuesta a seguir cualquier aventura bélica, además de que gran parte del endeudamiento de los estados, y la crisis económica en el territorio OTAN, se debe a un endeudamiento por aventuras militares que ya no se pueden permitir.
Pero frente a la guerra global surgen nuevos enemigos de los poderosos a los que, si bien se comienza a criminalizar y denostar, no se les puede calificar de terroristas. Son las gentes que defienden sus derechos pacíficamente: el movimiento de los Foros Sociales Mundiales, los intentos de reagrupar seriamente las izquierdas sociales y crear alternativas, los gobiernos amigos, que comienzan a aplicar políticas no neoliberales y construir elementos de integración regional propios y distintos a las controladas y mal llamadas Instituciones Internacionales (FMI, OMC, BM, Consejo de Seguridad de la ONU, pero así mismo a la OCDE, UE etc.). Son, sencillamente, la ciudadanía capaz de exigir paz, justicia e igualdad y defender su planeta frente a tanta agresión ambiental.
En el fondo, no se ha cambiado mucho desde los antiguos imperios; y es que la dominación y la explotación de la tierra, el mar y los recursos minerales y agrícolas, también se sigue sustentando en las armas y las legiones. Por eso, otro mundo es imprescindible, y si no avanzamos hacia el socialismo, lo haremos hacia la barbarie.

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