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La nacionalización de las cajas de ahorro

3 juliol, 2010 - Estatal

Francisco Umpiérrez Sánchezaporrea.org
Entenderemos por izquierda transformadora a aquellas fuerzas sociales que quieren transformar el capitalismo en los más diversos aspectos. Dentro de esta izquierda transformadora distinguiremos dos fuerzas principales: la izquierda reformista y la izquierda revolucionaria. Entenderemos por izquierdas reformistas a aquellas fuerzas que quieren reformar el capitalismo para hacerlo más justo y más humano, y que son especialmente propensas a defender la propiedad pública frente a los ataques de la propiedad privada. Y entenderemos por izquierdas revolucionarias a aquellas fuerzas que quieren transformar el capitalismo en socialismo por la vía democrática. El hecho de que estas últimas fuerzas sean declaradas revolucionarias no implica que nieguen la necesidad y la conveniencia de las reformas.
Adherencia y apoyo
Recientemente Attac España ha reclamado al gobierno español y a los grupos parlamentarios la nacionalización de las cajas de ahorro. Attac España ha lanzado una campaña en esta dirección y está recabando apoyos. Pero los apoyos no llegan; y los que llegan, no son todo lo manifiestos que deberían ser. En España hay multitud de pequeños grupos pertenecientes a la izquierda transformadora. Pero su actividad es fundamentalmente endógena o exclusivamente teórica. Eso sucede, por ejemplo, con el Centro de Estudio Karl Marx, del que soy su director, pero sucede lo mismo con multitud de otros grupos y vanguardias no sólo de España sino del mundo. Es necesario que estos grupos salgan de su letargo y de su aislamiento, es necesario tomar posiciones y adherirse a las propuestas de aquellos grupos, como es el caso de Attac, que están concebidos para la acción política y de forma regular emiten comunicados y formulan propuestas sobre los problemas más candentes de la realidad. Es un error permanecer callado y hacer como si las propuestas del otro no existieran. Yo, por mi parte, subscribo la propuesta de Attac España.
Ideas, tendencias y fuerzas
Hay marxistas que quieren permanecer toda su vida atados al campo exclusivo de las ideas, independientemente de si sus ideas son tendencias presentes en la sociedad actual y de si existen fuerzas sociales que enarbolen dichas ideas. Todos los marxistas de la Unión Europea luchamos por transformar el capitalismo en socialismo. Pero esta lucha permanece atrapada exclusivamente en el campo de las ideas. ¿Por qué? Porque no existe dicha tendencia en las sociedades de la Unión Europea. ¿Debemos luchar los marxistas para convertir la necesidad del socialismo en una tendencia? Sin lugar a dudas que sí. Pero para que esto fuera posible la actividad de los marxistas debería ser más externa y más pública.
La crisis financiera desatada en 2008 creó en el seno del capitalismo dos tendencias importantes: por una parte, la necesidad de más Estado y menos mercado, la necesidad de más propiedad pública y menos propiedad privada, y por otra parte, la conciencia de que los grupos financieros, liderados por los bancos, se han convertido en el sector de la burguesía más peligroso y más nocivo para la estabilidad económica y para la felicidad de las grandes mayorías sociales. Creo que el comunicado de Attac es un reflejo de esas dos tendencias. Y creo que todos los grupos de la izquierda transformadora deberían fortalecer esa tendencia.
Nos queda hablar de las fuerzas sociales. Una tendencia no se transformará en fuerza social si no se convierte en un partido político. La propia iniciativa de Attac pone de manifiesto esta debilidad de la izquierda transformadora: reclama al gobierno y a los grupos parlamentarios la nacionalización de las cajas de ahorro porque ella misma no es una fuerza política con representación parlamentaria. Si en todos los parlamentos de la Unión Europea existiera una mínima representación parlamentaria de la izquierda transformadora, el mundo sería otro o tendría la posibilidad de ser otro.
Los socialistas absolutos y las nacionalizaciones
Muchos marxistas, con mayor o menor conciencia, son defensores del socialismo absoluto. Sólo conciben la relación entre capitalismo y socialismo en términos de oposición absoluta. No saben que de ese modo niegan la necesidad y la evidencia de que entre el capitalismo y el socialismo habrá un largo y tortuoso proceso de transición. Y si se reconociera que entre el capitalismo y el socialismo hay un largo proceso de transición, debe reconocerse entonces que en el capitalismo habrá elementos del socialismo y en el socialismo elementos del capitalismo. Los partidarios del socialismo absoluto se niegan a reconocer por principio que las nacionalizaciones o las empresas estatales en el capitalismo representen elementos socialistas. No estamos afirmando que sean elementos socialistas en su forma desarrollada, pero sí lo son en su forma germinal.
Los partidarios del socialismo absoluto defienden los siguientes argumentos frente a la defensa por parte de Attac de la nacionalización de las cajas: los bancos estatales proceden del mismo modo que la banca privada, están sometidos a la misma lógica del capital, y su existencia sólo fortalece al Estado capitalista. Dicho de otro: el capitalismo por todos sus costados es igual a sí mismo, de manera da lo mismo que una empresa sea de propiedad pública o de propiedad privada. Si esto fuera cierto y lo tomáramos como cierto, daría lo mismo que la enseñanza y la sanidad fueran públicas o privadas. Pero en realidad no es así: para los intereses de los trabajadores y del socialismo la propiedad pública es mucho más beneficiosa que la propiedad privada.
Los socialistas absolutos y la experiencia
Una peculiaridad de los marxistas defensores del socialismo absoluto es que hablan del socialismo como si no existieran experiencias prácticas al respecto, hablan como si no hubiera existido la experiencia del socialismo soviético y como si no existiera la experiencia del socialismo chino. ¿De qué modo descartan la experiencia del socialismo soviético y del socialismo chino de la experiencia del socialismo? Mediante un acto nominativo: declarando que la extinta URSS no era un país socialista y que la China actual tampoco lo es. Para ellos el socialismo es un concepto puro ante el cual la realidad tiene que rendir cuentas. Se declaran materialistas, pero proceden como los idealistas. Se declaran dialécticos, pero proceden como los metafísicos. No han digerido ni madurado estas sabias palabras que Marx expuso en la Ideología alemana: “Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que haya de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual”. Los socialistas absolutos deberían subrayar de este texto especialmente la expresión “movimiento real”, deberían percatarse que la iniciativa de Attac representa un movimiento real que busca en parte anular y superar el estado actual de dominio despótico del capital financiero sobre la vida de la inmensa mayoría de la población mundial; deberían preguntarse quiénes están más cerca del concepto de comunismo: si los de Attac que promueven un movimiento real para superar el estado de cosas actuales o los socialistas absolutos cuyo movimiento sólo ocurre en sus cabezas
La experiencia del socialismo real
En abril de 1850 fue publicado un artículo de Friedrich Engels titulado “La ley inglesa sobre la jornada de diez horas”. Escuchemos sus palabras finales: “Por donde llegamos a la conclusión de que la única solución viable para el problema de las diez horas y de todos los problemas emanados de la contradicción entre el capital y el trabajo asalariado es la revolución proletaria”. Así pensaba Engels, y lo mismo le ocurría a Marx: creía que la revolución socialista estaba a la vuelta de la esquina y que ella era la que iba a solucionar el problema de la jornada laboral de diez horas. Sin embargo, la jornada laboral de 8 horas se conquistó en 1886 en los marcos del propio sistema capitalista y no mediante la revolución proletaria. Lo que les sucede a los socialistas absolutos es que hablan como si todavía estuviéramos viviendo en la época de Marx y Engels y con las expectativas de aquel entonces, hablan como si no hubiera habido historia de por medio.
En 1917 y en 1949 llegaron las dos grandes revoluciones socialistas del siglo XX: la rusa y la china. En “Crítica del programa de Ghota” Marx afirmó que la sociedad comunista comprende dos etapas: la etapa socialista y la etapa comunista propiamente dicha. Se pensaba que en la etapa socialista predominaría de forma absoluta la propiedad pública de toda la sociedad sobre los medios de producción y no existiría la explotación del hombre por el hombre, aunque en el nivel de consumo todavía regiría el principio de a cada uno según su trabajo; mientras que en la etapa comunista regiría el principio de a cada uno según su necesidad y el Estado sólo existiría como administración económica y no como organización de la violencia. Pero la experiencia tanto de la URSS como de la República Popular China ha demostrado que de ningún modo se conquistó la primera etapa del comunismo, que la llamada etapa socialista engendró un socialismo pobre y los trabajadores eran más explotados que los trabajadores de las sociedades capitalistas avanzadas. Esta experiencia también demostró la superioridad del mercado frente al plan y, por tanto, la necesidad del socialismo de mercado. Todo esto ha llevado a algunos teóricos comunistas a distinguir en la etapa socialista dos fases: fase primera del socialismo, donde todavía coexisten formas capitalistas y formas socialistas de producir la riqueza, y fase avanzada del socialismo: cuando la propiedad pública predominará ampliamente sobre la propiedad privada.
La complejidad de la transición del capitalismo al socialismo ya había sido perciba por el genial Ilích Ulianov. En su obra “El infantilismo izquierdista y el espíritu pequeño burgués”, publicado en mayo de 1918, podemos leer lo siguiente: “No ha habido, a mi juicio, una sola persona que al ocuparse de la economía de Rusia haya negado el carácter de transición de esa economía. Ningún comunista ha negado tampoco, a mi parecer, que la expresión República Socialista Soviética significa la decisión del Poder soviético de llevar a cabo la transición al socialismo, mas en modo alguno el reconocimiento del nuevo régimen como socialista”. Creo que aquí Ilích Ulianov se adelanta a los tiempos y señala con claridad la esencia de la fase primera del socialismo, la fase en que el Poder del Estado en manos de los obreros tiene la decisión de llevar a cabo la transición al socialismo. Pero sigamos escuchando al líder de los bolcheviques: “Sin embargo, ¿qué significa la palabra transición? ¿No significará, aplicada a la economía, que en el régimen actual existen elementos, partículas, pedacitos tanto del capitalismo como del socialismo? Todos reconocen que sí”. Esta concepción es la que falla del modo más clamoroso en la conciencia de los socialistas absolutos: la necesidad de una larga y compleja etapa de transición entre el capitalismo y el socialismo.
Por un socialismo dialéctico
Algunos de los marxistas que están en contra de apoyar las nacionalizaciones de las cajas de ahorro, argumentan que esa medida no ayuda en nada a los intereses de la clase obrera. Aquí hay tres aspectos claves que precisar: uno, la clase obrera no es una clase monolítica ni es una clase donde todos sus miembros vivan del salario base. Dentro de la clase obrera hay muchos sectores y capas que tienen cuantiosos sueldos además de una amplia cultura y, en razón, no tienen una conciencia mezquina y limitada de sus intereses. Dos, si la clase obrera persigue convertirse en la clase dirigente de la sociedad del futuro, no puede pensar sólo en sus propios intereses, debe pensar en los intereses de otras clases y en el interés general de la nación. Y tres, la contradicción entre propiedad pública y propiedad privada es la contradicción principal en el ámbito de la economía capitalista.

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