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“La población sobrante”

3 novembre, 2012 - Crisi sistémica, Treball

Néstor Restivo – Página/12
La crisis internacional generó desde 2008 unos treinta millones de desocupados, y en 2013 agregará otros siete millones. En total, hay en el mundo unos doscientos millones de personas buscando empleo sin encontrarlo.
En el planeta de organismos multilaterales, esa gran familia, algunos se descarriaron para ser agentes de la crisis y parte del problema más que de la solución (FMI, Banco Mundial, OMC desde 1995) y otros, sin salirse de los límites sistémicos, ponderaron generalmente otras vías posibles (OIT, UNCTAD). El Informe 2012 de la Organización Internacional del Trabajo, presentado en Japón durante la asamblea anual del Fondo y el BM, fue un ejemplo. Un contrapunto con las recetas que, como una letanía, fuerzan esos dos organismos fogoneando más la crisis. Un título del documento habla de un análisis diferente. “¿Cómo salir de la trampa de la austeridad?”, ya plantea en la primera página. Y antes de avanzar en prescripciones, arroja datos alarmantes. La crisis ya generó desde 2008 unos treinta millones de desocupados y en 2013 agregará otros siete millones más. En total, hay en el mundo, ahora, unos doscientos millones de personas buscando empleo sin encontrarlo, dato estadístico que puede convertirse en esta imagen: todos los habitantes de Brasil, el quinto país más poblado del mundo, sin empleo. O cinco veces la población argentina.
Antes de seguir con las estadísticas, en las cuales las más inquietantes son las de desempleo juvenil y futuro inmediato, conviene recordar el origen de la OIT. Nació en 1919 tras la cumbre de Versalles, al final de la Primera Guerra Mundial. Y en rigor fue el fantasma de la Revolución Rusa, dos años antes, lo que aceleró la necesidad de regular de algún modo “humano” la explotación laboral del sistema. Su bucólica sede en Ginebra, al lado del lago Leman, supo tener cuadros alusivos al trabajo: músculos, sudor, esfuerzo productivo, herramientas. Bien, todo eso se cubrió con elegantes tapices y revestimientos cuando a ese palacete se mudó la OMC en 1995 – en el furor del neoliberalismo que el nuevo organismo encarnó cabalmente – y la OIT se cambió a otro edificio.
El reporte 2012, presentado en Tokio mientras los fondomonetaristas insistían con sus patéticas prédicas, cuya aplicación está destruyendo a Europa con el apoyo entusiasta de los líderes de la Unión, traza un panorama desolador. En el rango superior al 25 por ciento de desocupados figuran España y Grecia. En el 15 por ciento, Irlanda y Portugal. En el 12 por ciento, Francia e Italia. Y se va bajando hasta el rango de 7 por ciento, donde figura Argentina.
Un dato impactante es que dos tercios de los desempleados son jóvenes y así el desempleo juvenil llega en muchos países a tasas superiores al 50 por ciento. Peor es la perspectiva de que en el próximo bienio ingresarán al mundo laboral, más bien lo intentarán con suerte incierta, 80 millones de personas. Y la OIT plantea que la crisis del trabajo entró en una “nueva fase de carácter más estructural” y por lo tanto difícil de erradicar. Es decir, el concepto de población sobrante, que la economía dominante no usa, pero aplica en las últimas décadas, luce en todo esplendor. Población sobrante que, como puede, se “escapa” por el trabajo en negro e informal, con una tasa superior al 40 por ciento en más de dos tercios de los países “en desarrollo” (Argentina, de nuevo, algo mejor, pero sin nada para festejar: más del 30 por ciento).
¿Soluciones? Difícil sin un cambio de paradigma porque lo que se deriva de la idea de excedente poblacional es exclusión y represión. Y es difícil que el paradigma hoy esté cambiando, a juzgar por este párrafo del informe: “La cantidad de dinero sin invertir en las cuentas de grandes empresas alcanzó niveles sin precedentes”.
Es interesante observar en esta cita el paralelo con gobiernos – notoriamente varios de los sudamericanos – que hacen esfuerzos por disciplinar a las élites para que éstas comprendan que no reinvertir ganancias, esconderlas a los fines evasivos, fugarlas, acumular capital financiero y capital virtual en stocks inmovilizados, son tiros en sus propios pies que se manifestarán más cuando los que sobran se vuelvan más violentos. La OIT incluso plantea gravar más impositivamente a las empresas que no reinviertan ganancias. En lenguaje moderado la bronca se traduce “ansiedad”, y a tal fin la OIT elaboró para este reporte un Índice de Descontento Social: “La sociedad – dice – se está volviendo cada vez más ansiosa ante la falta de trabajos decentes”. En 57 de 106 países relevados, ese índice subió en 2011 frente a 2010. Europa, Medio Oriente, África del Norte y Centro anotaron los índices más altos de riesgo de descontento social. América latina, China y Sudáfrica, en cambio, mejoraron.
Finalmente, el informe rechaza las políticas de austeridad, liberalidad y flexibilidad, que “fracasarán en el objetivo de impulsar el crecimiento y el empleo a corto plazo, el horizonte temporal clave en una situación de crisis”. Y como medidas puntuales propone subir y nivelar de manera urgente los salarios mínimos y que los salarios “crezcan al ritmo de la productividad”, fomentar el crédito y en particular a las PYMES, y plantear el debate de que son perfectamente compatibles los objetivos fiscales con las políticas públicas activas que generen demanda y empleo. “El Informe demuestra que un cambio neutral desde el punto de vista fiscal en la composición de los gastos y los ingresos crearía entre 1,8 y 2,1 millones de empleos en un plazo de 1 a 2 años.” También en estas ideas Argentina y países del área están mucho más alineados con el pensamiento de este organismo que con los de sus primos de Washington.
 

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